Capítulo 34
A la mañana siguiente cuando el tren está entrando en la estación se pone un poco nerviosa, pensando en la conversación que tenía pendiente con su familia. Le había pedido a su madre que invitara a comer a su suegro y a su pareja, y así tenerlos a todos juntos para hablar con ellos a la vez.
Cuando se han sentado todos alrededor de la mesa, Sara ha decidido que es el momento perfecto para contarles la feliz noticia. A pesar de estar temblándole todo el cuerpo, no quiere esperar ni un minuto más.
—Ahora que estamos todos juntos… Bueno, solo falta Nico, pero ya hablaré con él por teléfono más tarde. —Suelta un suspiro—. Quiero daros una noticia.
—Ay, hija mía, no nos asustes, por favor. ¿Qué ha pasado?
—Mamá, no es nada malo. —Pone una mano sobre su hombro—. Quería deciros que he empezado a salir con alguien.
El grito de júbilo de toda la familia ha sido unánime.
—Sara, qué sorpresa tan grande nos acabas de dar —le dice su suegro con lágrimas en los ojos.
—Ya sabía yo que esta visita tenía algo escondido —admite su madre muy emocionada—, pero no esperábamos que fuera algo tan maravilloso.
—Vaya, ¿y puede saberse quién va a comerse nuestros mejores quesos? —pregunta su hermano riendo.
—Calla bruto, que solo piensas en el negocio —le recrimina su padre dándole un manotazo mientras se levanta para abrazar a su hija muy contento.
—Hay que pensar en todo, papá. Pero, oye, quiero que sepas que te deseo toda la felicidad del mundo. ¿Cómo lo conociste?, ¿trabaja en el hotel? ¿Cuánto tiempo lleváis saliendo?
—¡Para, hijo!, no la agobies con tanta pregunta —le riñe su padre—. Poco a poco nos lo va a contar, ¿verdad?
—No lo conocéis, pero habéis oído hablar de él. —Todos la miran esperando que siga hablando.
—No te entiendo, hija —añade la mujer desconcertada—. ¿Quién es?
—Es el padre de Blanca.
De pronto, se han mirado unos a otros sin saber qué decir, hasta que al final su suegro ha sido el primero en hablar.
—Quiero hacerte la misma pregunta que me hiciste tú a mí una vez… ¿Eres feliz?
—Sí, muy feliz —le responde conteniendo las lágrimas.
—Pues solamente me queda darte la enhorabuena —afirma mirándola con cariño.
—Hija mía, me has dejado sin palabras —asegura su madre levantándose emocionada para abrazarla—, aunque no me esperaba que fuese ese hombre.
—Te entiendo, mamá —murmura limpiándose una lágrima—. Nuestra relación no fue precisamente buena al principio, pero poco a poco nos fuimos conociendo mejor, y ahora es diferente.
—Espero que se porte bien contigo —señala a su hija muy serio—, si no se las tendrá que ver conmigo.
—Gracias, papá —solloza dándole otro emocionado abrazo.
—Eh, ¡y conmigo también, que soy tu hermano mayor! —clama haciendo reír a todos por el comentario.
Cuando llega a su casa por la noche, lo primero que hace es llamar a Jaime.
Estaba deseando decirle que ya había regresado, y de paso, contarle lo satisfecha que se siente porque el día con su familia ha resultado perfecto.
Mientras habla con él se mete en la ducha, necesita quitarse el cansancio del día tan largo que ha tenido.
También le ha confesado, que su suegro no ha dejado de repetirle, lo feliz que se siente al ver que ha encontrado un nuevo compañero de viaje.
Jaime, por su parte, también le ha contado que ha ido a hablar con su padre para que no se enterara por terceras personas, y que después de felicitarlo por la buena noticia, le ha confesado que tiene muchas ganas de conocerla.
Antes de cortar la llamada, han quedado en verse en la casa de la playa el próximo fin de semana para cenar con Carmen, Eduardo, Yuri y Román. Aunque se sienten un poco abrumados han decidido dejarse llevar, ahora que todo el mundo se va a enterar de su relación.
A primera hora de la mañana, Sara ha decidido llamar a Antonio con la excusa de preguntar por su madre, y de paso, quedar con él. Sabe que va a ser un jarro de agua fría, pero ella jamás le ha dado esperanzas, por lo que espera de todo corazón que lo comprenda.
A las seis en punto han quedado en verse cerca de la playa y se siente más nerviosa de lo que pensaba. Aun así, mirándolo de una forma objetiva, con haberlo aceptado toda su familia, el resto era secundario.
—Hola, gracias por venir. Seguramente tienes cosas que hacer y me sabe mal molestarte —le dice a modo de saludo.
—No tienes que darme las gracias —agrega en tono sincero—, tú nunca podrías molestarme.
—Antonio, quiero darte una noticia y espero que te alegres mucho por mí.
—A ver, cuéntame —la escucha cruzándose de brazos muy sonriente—, me tienes intrigado.
—He empezado a salir con alguien. —Se aclara la garganta—. Vamos poco a poco, y de momento estamos muy bien los dos.
Antonio se ha quedado de piedra sin saber qué decir. Lo último que esperaba es que le soltara esa bomba, pues todas sus esperanzas acababan de esfumarse de un plumazo.
—¿No me dices nada? —pregunta conteniendo el aliento.
—Eh…, dame un momento para procesar la noticia. —Sus ojos han adquirido una sombra de rabia que apenas ha durado un segundo—. No sabía que estabas abierta al amor, siempre me has dicho que no querías salir con nadie.
—Pues ya ves. —Trata de sonar tranquila—. Lo cierto es que no ha sido nada premeditado, ha surgido sin haberlo previsto ninguno de los dos.
—¿Lo conozco?
—Sí, te lo presenté el día que viniste a casa a traerme el regalo de Reyes que me compró tu madre.
—Ahora lo recuerdo, ¿cómo no me había dado cuenta antes?, ¿ahí ya estabais saliendo?
—La verdad es que no, eso ocurrió mucho después.
—Siempre me decías que era insoportable —había un tono de crítica en su voz—, pero va a ser verdad eso que dicen, que del odio al amor solo hay un paso. Ojalá me hubieras odiado a mí en vez de la indiferencia que siempre me has mostrado.
—No me digas esas cosas, por favor.
—Sé que estoy siendo desagradable —suaviza el tono de voz—, pero deseo que seas muy feliz. Simplemente me ha jodido no ser yo esa persona.
—“El corazón tiene razones que la razón no entiende” . Nunca pensé que esa frase tuviera tanto sentido —admite en tono reflexivo.
—Me has dejado bastante tocado, pero uno tiene que aceptar cuando ha perdido. Sara, como ya te he dicho antes, ojalá ese hombre te dé toda la felicidad que te mereces.
—Gracias. —De pronto, necesita alejarse de ahí porque se siente incómoda—. Es hora de irme; he quedado en llamar por teléfono a Alberto y no quiero llegar tarde a casa. Adiós, Antonio, espero que encuentres una mujer que te haga muy feliz.
—Lo veo muy difícil —añade tratando de sonreír—, pero voy a poner todo mi empeño.
No ha querido discutir con ella en ese momento. Aunque acaba de darle una puñalada en el corazón, tiene que ser consecuente y aceptar la derrota. Ya procesará más adelante la terrible noticia.
Sara llega a su casa más tranquila; ahora que se lo ha dicho a Antonio ya no tiene que preocuparse de contárselo a nadie más.
Antes de prepararse la cena, decide llamar a su hijo para hablar con él un rato, y de paso comprobar que no sigue enfadado con ella.
Dos horas más tarde se tumba en el sofá para descansar, mientras le cuenta a Jaime, que su hijo está dispuesto a aceptar esa relación, ya que por nada del mundo quiere interferir en su felicidad.
—Debo decirte que mi hija me matará, si no me porto bien contigo —le confiesa riendo.
—Alberto me ha dicho lo mismo —contesta en tono jovial—, tienes a todo el mundo dispuesto a defenderme. Ahora debes tener mucho cuidado con hacerme rabiar porque tu vida peligra.
—Esta relación va a perder la chispa si ya no puedo meterme contigo.
De pronto Sara ha perdido la sonrisa, pues ese comentario, lejos de hacerle gracia le ha hecho pensar.
—Jaime, bromas aparte —le pide muy seria—, quiero que me prometas que vas a ser el mismo de siempre.
—No te comprendo.
—Lo que intento decirte, es que no quiero que te condicionen los comentarios que han hecho nuestros hijos. Yo sé defenderme y no me gustaría que me trataras de otra manera, a como lo has hecho hasta ahora.
—¿Acaso piensas que voy a cambiar? —Ríe a carcajadas—.
Eso significa que aún no me conoces lo suficiente.
Voy a hacerte cabrear como siempre, puedes estar muy tranquila.
Además, hace tiempo descubrí que eres una mujer que no necesita que la defienda nadie.
Has tenido motivos más que sobrados y nunca les has contado nada a nuestros hijos, lo que demuestra que sabes defenderte, como bien has dicho. No quiero que te preocupes por eso.
—Bien, me dejas más tranquila.
—Ahora que ya está todo aclarado, vete a la cama y sueña conmigo.
—¿Te he dicho alguna vez que…? Bueno, mejor me callo.
—Qué pena que no hayas terminado la frase. Aunque he de decirte que me he excitado igualmente.
Van pasando los días y la novedad de la nueva relación va perdiendo protagonismo.
El sábado por la noche están cenando en casa de Sara: Carmen, Eduardo, Yuri, Román y Jaime, el cual no deja pasar la ocasión para hacerla sonrojarse.
—Vamos a brindar por la feliz pareja. —Carmen alza su copa—. Espero que mi hermano te trate bien, si no se las verá con todos nosotros.
—¿Y quién me va a defender a mí? —se queja con una sonrisa en los labios—. Esto es un complot que habéis orquestado entre todos. No es justo.
—No te preocupes, siempre vas a tener a alguien dispuesta a defenderte. Espero que hoy no se presente en mi casa. —Tuerce la boca—. Aunque de ella puedo esperar lo peor.
—Mejor no nombrarla para no aguar la fiesta —añade Román con su copa en alto.
Hoy ha decidido no salir de su despacho hasta mediodía, a no ser que haya un incendio. Tiene demasiados papeles sobre la mesa, y se ha propuesto revisarlos todos, pero una llamada de teléfono trunca sus planes.