La esencia del bambú Capítulo 33 #3
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Capítulo 33 #3

—Las noticias corren como la pólvora. —«Silvia no podía estarse callada ni un minuto», piensa con hastío—. Aunque tampoco hay mucho que contar. Sara y yo estamos saliendo, fin de la película.

—¿Me vas a dejar solamente con el titular?

—cuestiona acercándose a él—, eso ni lo sueñes.

Hombre, no te voy a pedir que me describas cómo os lo montáis en la cama, aunque no me importaría en absoluto, claro está, pero al menos explícame, como de la noche a la mañana te has liado con la mujer que te ponía de los nervios.

—Ni yo mismo lo entiendo, si quieres que te sea sincero. —Mira su café mientras le da vueltas con la cucharilla—. Esa mujer me ha removido las entrañas y aún estoy buscando respuestas.

—Bueno, es una forma un poco ambigua de explicarlo. —Le da una palmada en el hombro.

—De momento es lo único que te voy a decir, pero prometo contarte más cosas otro día.

—Somos amigos desde hace muchos años, y creo que merezco un resumen rápido.

—No me toques los cojones, por favor, que bastante lío llevo por culpa de Silvia.

—¿Silvia?, no sé qué tiene que ver en todo esto —interroga mirándolo con interés—. ¿Hay algo que yo no sepa?

—Le pedí que me guardara el secreto hasta que la relación se afianzara, y solamente le ha faltado poner un titular en todos los periódicos.

Que te lo haya dicho a ti es lógico, pero está con la agenda en la mano llamando a todo el mundo —ruge bastante molesto—.

Por lo menos ha tenido el detalle de poner tierra de por medio, y se ha ido dos días a Marbella con su amiga Elizabeth.

Espero que en ese tiempo el cabreo se me pase.

—Se lo contaste a ella primero, vaya, eso no me lo esperaba.

—No fui yo; realmente no sé quién se lo dijo.

—Vale, me hago una idea —comenta riendo—, cuando quiere suele ser bastante pérfida.

—Ya se me ha acabado el tiempo del café. —Mira el reloj—. Cuando termine con este cliente me voy al juzgado hasta las tres y no creo que vuelva aquí antes de las seis.

—Yo también tengo la mañana completa, ya hablaremos con más tranquilidad en otro momento.

Jaime se ha despedido de su amigo. Tras ello vuelve a recordar la agradable sorpresa que se había llevado al comprobar lo bien que se había tomado su hija la noticia.

Eso lo ha dejado bastante satisfecho, porque esa era con diferencia la mayor de sus preocupaciones, y el resultado había sido muchísimo mejor de lo que podía esperar.

Después llamaría a Sara para ver cómo le había ido con Alberto, pues sabía que su reacción no había sido la misma que la de su hija, y quería ver si podía ayudarla en algo.

—Hola mamá, te llamo para decirte que mañana voy a pasar el día con vosotros. —Había decidido viajar a Gijón lo antes posible.

—Qué alegría, pero me parece poco solo un día. ¿Ocurre algo?

—¿Tiene que haber algún motivo oculto para que me apetezca estar con mi familia, aunque sean solo unas horas? —disimula sonriente, pues quería darles la noticia estando con ellos—. Prepárame una buena comida, anda.

—Pues no se hable más, dime a qué hora vamos a recogerte a la estación.

—A las diez y media llega el tren.

—Allí estaremos, tesoro —contesta muy alegre—. Hasta mañana.

La conversación con sus amigas será menos dulce.

Ha tenido que quedar con ellas para cenar, puesto que no quería que se cabrearan por no presentarse en el gimnasio últimamente.

Estaba al límite de su resistencia, ya que tenía varios frentes abiertos y, aunque los iba resolviendo uno tras otro como podía, el cansancio estaba empezando a ser cada vez mayor.

La llamada de Jaime la recibió cuando ya había llegado a su casa, y lo agradeció, necesitaba tumbarse en el sofá para hablar con total tranquilidad.

—Hola, por fin he podido llamarte, necesitaba hacerlo cuando nadie nos molestara.

—Sí, ha sido buena idea. A mí me pasa igual, yo también quería estar sola y así poder hablar sin interrupciones.

—¿Cómo te ha ido con Alberto? Dime si quieres que hable con él para dejarle muy claro que vamos en serio tú y yo.

—No es necesario, pero gracias de todos modos. Al principio de la conversación estaba muy enfadado, pero hemos hablado un rato, y poco a poco se ha ido tranquilizando.

—Me alegro de que, después de todo, las cosas no estén saliendo tan mal. Ya hablaré más adelante con él sobre el tema.

—Sí, deja pasar unos días para que se vaya haciendo a la idea. De momento, tu socia no ha conseguido hacer todo el daño que pretendía. No entiendo que siendo amiga tuya no quiera que rehagas tu vida, me parece muy egoísta.

—No vamos a hacerle caso, ya se le pasará.

—Espero que tengas razón, ahora que vamos a ser la novedad del momento, que vamos a estar en boca de todos, me gustaría que fueras sincero y me dijeras si quieres seguir adelante.

—Claro que quiero —responde riendo—. Mucho más de lo que te imaginas.

—Pues ya somos dos.

Después de hablar más de una hora con él, ha decidido llamar a Carmen para disculparse por no haber contestado a sus llamadas, y tras prometerle que cenarían juntas el próximo fin de semana para charlar tranquilamente, ha colgado el teléfono muy satisfecha.