Capítulo 33 #2
—Ya, porque estoy asustada de verdad. —En ese momento ha sido consciente de cuánto necesita un abrazo suyo, y eso la ha hundido todavía más.
—Me gustaría estar ahí contigo. —Respira hondo, pues acababa de leer sus pensamientos—. No te preocupes, Sara, ya iremos solucionando los problemas según vayan surgiendo. Por favor, no te tortures pensando en algo que no ha sucedido siquiera.
—De acuerdo. Voy a seguir corriendo un rato y después me iré a casa.
—Procura que no se te haga muy tarde.
—¿Te he dicho alguna vez que eres un mandón?
—Ah, cuánto me gustaría estar a tu lado para demostrarte lo que esa frase me excita.
Ha llegado al hotel a primera hora de la mañana.
No tiene un minuto de descanso, por las reuniones y la visita inesperada de su jefe.
Cuando por fin se queda sola en su despacho, deja su teléfono en el cajón y así evita las llamadas que le van a hacer sus amigas, sabe de sobra que se le van a reprochar no haber ido al gimnasio.
Por último, pide que no la molesten para concentrarse mejor en su agenda y revisar todas sus citas antes de irse a casa.
—Sara, han dejado este sobre para que se lo entregue personalmente —le dice una de las empleadas—. No ha querido dejarme su nombre, pero me ha asegurado que usted ya sabe de quién se trata.
—Gracias. —Se lo mete en el bolso sin molestarse en mirar siquiera el remitente—. Hasta mañana.
Aún no ha llegado al parking cuando su teléfono comienza a sonar. En un principio tiene la tentación de dejarlo sonar hasta que se funda el timbre, pero al ver quién la llama contesta rápidamente.
—Hola, “pequeño héroe”, ¿cómo estás? —pregunta en tono jovial.
—¿¡Realmente quieres saber la respuesta!? —Al escucharlo en ese tono tan hiriente, se ha parado en seco—. ¡Llevo más de cuatro horas intentando hablar contigo!
—Oh, cariño, no puedes hacerte una idea del trabajo que he tenido hoy —se defiende tratando de calmarlo.
—Sí que debes de estar muy ocupada sí, dado que ni siquiera te has tomado dos minutos para contarme que estás teniendo un lío con, nada más y nada menos, que el padre de mi novia.
A Sara en ese momento se le ha parado el corazón y cualquier palabra que pudiera salir de su boca se le ha quedado atascada en la garganta.
—Mamá, ¿cómo has podido hacerme esto? —le pregunta muy dolido.
—Lo siento —entra en su coche para hablar con más privacidad—, no sé qué más decirte.
—¿Lo sientes?, no me digas que no había más hombres en el mundo. Mamá, te dije que trataras de llevarte bien con él, pero de ahí a lo que has hecho hay una gran diferencia. ¿No crees que te has pasado de la raya?
—Dime quién te lo ha dicho —interroga tratando de ganar tiempo.
—¿Eso es lo único que te preocupa?
—¡Por supuesto que no! —exclama sintiéndose terriblemente culpable— No quiero que te enfades conmigo, por favor. Ahora mismo llamo a Jaime y corto definitivamente con él, y después llamaré a Blanca para pedirle perdón.
—¿Pedirle perdón, dices? —resopla—, pero si está dando saltos de alegría desde que se ha enterado.
—¿Cómo? —Abre mucho los ojos—. No entiendo lo que quieres decir.
—Blanca está encantada con la noticia, y por eso nos hemos peleado, porque yo no pienso igual que ella.
—Eso es terrible. —Se pone una mano en la frente—. No quiero que os peleéis por mi culpa. Ahora me siento todavía peor. ¿Dónde está?
—Ha bajado a comprar champán para celebrarlo, ¿¡te lo puedes creer!?
—Siento que te he traicionado, y eso es lo último que yo quería. —Destrozada, empieza a llorar.
Se está agobiando por momentos. Hacía muchísimo tiempo que no se peleaban y tiene miedo de volver a aquellos años en los que discutían sin parar.
—Hijo, dime lo que quieres que haga para que te sientas mejor, y te juro que lo haré inmediatamente sin dudarlo ni un segundo.
—Mamá —empieza a hablar más calmado al notar la angustia de su madre— no estoy en contra de que tengas algún escarceo.
Eres una mujer libre de hacer lo que te dé la gana, y si te apetece salir con alguien, nadie tiene derecho a impedírtelo; ni siquiera yo.
Ahora bien, lo último que yo me esperaba es que ese “alguien” —enfatiza la última palabra—, fuera el hombre que hasta hace dos días era tu enemigo número uno y, además, el padre de mi novia.
Has pasado del odio al… Bueno, no sé cómo llamarlo. Dime si no es una paradoja.
—Créeme si te digo, que si me hubieran dicho que iba a tener una relación con Jaime habría huido despavorida.
Pero la vida a veces da unos giros totalmente impredecibles.
Me habría gustado hablar contigo cara a cara para confesarte, que he descubierto junto a Jaime, que puedo volver a ser feliz saliendo con alguien.
De ningún modo se trata de un escarceo, sino de una bonita relación en la que vamos poco a poco, pero totalmente en serio.
»Es un hombre increíble y me siento muy a gusto con él.
Nunca pensé que volvería a sentirme así, esa es la única verdad.
Lo que pasa es que alguien se ha adelantado y te lo ha contado de forma malintencionada.
Y eso es lo que más me duele. Aunque, cariño, hay algo que nunca va a cambiar, y es que tu padre siempre tendrá su lugar en mi corazón. amor de mi vida.
—Dame un poco de tiempo para asimilar la noticia y hablaremos con más calma, ¿de acuerdo? —le pide en tono reflexivo.
—Lo siento tanto, lo último que yo querría es que sufrieras por mi culpa.
—Mamá, ahora que te he escuchado necesito procesar la noticia, pero quiero que sepas que, si eres feliz con él, no voy a oponerme a esa relación.
Pero si ese hombre te hace daño, vamos a tener un serio problema.
—Da un hondo suspiro—. Solamente espero que te vaya bien y no tengas nunca que arrepentirte.
—No ha sido una decisión tomada a la ligera, ambos sabemos que nos jugamos mucho porque vosotros sois muy importantes para nosotros, pero siempre te he dicho, que el que no arriesga no gana. ¿Recuerdas cuando te lo dije la última vez?
—Sí. Me lo dijiste cuando yo no me quería ir a estudiar a Madrid porque me daba miedo. Gracias por insistir.
—Pues ahora me toca a mí poner en práctica esa frase, y como me dice Jaime, que pase lo que tenga que pasar.
—Bueno, ahora ya estoy un poco más tranquilo. ¿Quieres hablar con Blanca?, acaba de entrar.
—Sí, si no te importa voy a hablar un momento con ella.
—Adiós, “reina mora” — se despide en tono más sosegado.
—Hasta pronto, “pequeño héroe” —dice con una tímida sonrisa.
Sara, después de todo, ha sentido que un gran peso se le ha quitado de encima al hablar con su hijo y su nuera.
Jaime se encuentra en su despacho hablando con un cliente para ultimar los detalles del juicio que tienen al día siguiente a primera hora. Ambos necesitan tener todo bien estudiado para no dejar ningún cabo suelto, ya que el caso que les ocupa es bastante complicado.
Cuando ha terminado la reunión, se ha ido a la sala de descanso para tomarse un café antes de recibir al siguiente cliente.
—Hola, me ha dicho Ana que estabas aquí —le dice su socio entrando con las manos en los bolsillos.
—¿Te apetece un café?
—No. Me apetece más que me cuentes el bombazo que tenías muy bien escondido. ¡Qué cabrón eres!