Capítulo 33
Por la mañana están desayunando a la vez que planifican una visita a la catedral de Ávila. Ninguno de los dos, son conscientes de la tormenta que está a punto de desencadenarse.
—Disculpa un momento —se saca el teléfono del bolsillo—, voy a contestar esta llamada, o me temo que no me va a dejar en paz hasta que no hable con ella.
Sara se levanta para darle un poco de privacidad y aprovecha para ir a por otro café. Cuando vuelve, no le gusta nada la cara tan seria que tiene Jaime.
—¿Quién te llama un sábado a estas horas? —escruta su mirada—. ¿Qué ocurre?
—No sé cómo decirte esto —trata de buscar las palabras adecuadas—, estaba claro que tarde o temprano tenía que pasar, lo que me ha sorprendido es que haya ocurrido tan pronto.
—Me estás asustando. ¿Le ha ocurrido algo a nuestros hijos?
—No, por esa parte podemos estar tranquilos. —Pone una mano sobre la suya para calmarla—. Es que han llamado a Silvia para decirle que anoche me vieron muy bien acompañado y, además, en actitud muy cariñosa.
No se atrevía a decirle, que Silvia siguió indagando hasta dar con el nombre de ella.
—He de suponer que para ti no tiene ninguna importancia, te habrá ocurrido otras veces.
—No es eso. —Se pasa la mano por el pelo—. Me temo que esta vez es diferente y más complicado.
—Ay, Dios mío... sabe que esa mujer soy yo, ¿verdad? —le pregunta reteniendo el aire.
—Sí —admite, pues no pensaba mentirle.
—Qué locura. Es increíble, con la gente que hay en el mundo y ha tenido que ser precisamente ella —añade en tono preocupado —. Tenemos que pensar algo, es evidente que no podemos seguir así.
—Así, ¿cómo? ¿Qué insinúas?
—Es fácil de entender —asevera de forma airada—, nos hemos equivocado al empezar esta relación.
—Sara, reconozco que nos han descubierto antes de lo que teníamos previsto, pero tampoco estamos haciendo nada malo para pensar que ha sido un error. No vamos a tomar decisiones precipitadas. Es mejor seguir adelante, y que pase lo que tenga que pasar.
—Estoy empezando a ponerme muy nerviosa.
—¿Por qué?
—No me fío de esa mujer, sin duda, le habrá cabreado muchísimo la noticia, y es capaz de hacer cualquier cosa contra mí. Creo que lo más sensato sería dejar de vernos un tiempo.
—Sara. ¿Estás tratando de decirme que quieres dejar esta relación porque Silvia se ha enterado? —Jaime la mira fijamente, más enfadado de lo normal.
—¡No!
—Entonces no dejes que ella dirija nuestras vidas.
El martes a primera hora llega al gimnasio decidida a hablar con sus amigas; ya no tenía sentido seguir ocultando algo que había dejado de ser un secreto.
Lleva tres días tratando de asimilar la noticia, y todavía siente como si le hubiesen puesto una zancadilla y aún no hubiera recuperado el equilibrio.
Era demasiado difícil digerir, que la relación con Jaime era una bomba de relojería que ya había estallado, y precisamente de la peor manera.
A pesar de la insistencia de Jaime en que Silvia no iba a contar nada de momento, ella dudaba muchísimo de que mantuviera la boca cerrada, por lo que tenían que estar preparados para lo que se les venía encima.
—Hola, chicas, buenos días. —Las observa muy seria—. Me gustaría hablar con vosotras.
—¿Se trata de algo grave? —pregunta Rocío muy preocupada al verla nerviosa.
—Sí. Bueno, no. En fin, creo que es mejor que lo hablemos cuando no estemos rodeadas de tanta gente —dice algo nerviosa.
—Vamos a dejar el ejercicio para mañana —tercia muy resuelta Sindy—. Nos duchamos y desayunamos en mi casa.
Sara se ha pasado la noche pensando en la forma de abordar el tema con cada una de las personas que le importan. Aunque Jaime le había intentado tranquilizar en varias ocasiones diciéndole que todo se arreglaría y que no se preocupara, era demasiado complicado como para no sentirse mal.
De momento iba a contárselo a sus amigas, ya que le parecía más sencillo empezar a darles la noticia a ellas. Después pensaba ir a casa de sus padres, y más adelante vería la forma de hablar con su hijo.
Ya habían hablado Jaime y ella de esa cuestión, y habían decidido abordarlo el próximo fin de semana cuando estuvieran juntos.
—Bueno, ahora que estamos solas, quiero que os pongáis cómodas mientras preparo el desayuno —ordena mirando a sus amigas—, y no se os ocurra hablar ni una palabra en mi ausencia.
—Sindy, es mejor que te ayudemos y así será más rápido.
—Buena idea. Ve poniendo el mantel y las servilletas que hay en ese cajón, Sara y yo vamos sacando el resto de las cosas.
—¿Qué es eso tan importante que nos tienes que contar? —le dice Rocío preocupada.
—Veréis —toma aire y empieza a hablar con sus amigas—, Jaime y yo estamos saliendo juntos. Ale, ya está dicho.
Sus amigas se quedan calladas para que continúe hablando.
—Todo empezó sin planearlo ninguno de los dos —se mira las manos—, aun así, surgió sin más. No me atrevía a deciros nada porque no sabía si la relación iba a ir hacia adelante, sin embargo, ha ocurrido algo que ha hecho que os lo tenga que contar ahora.
—¿Qué ha pasado para que sientas esa urgencia? —le pregunta Rocío.
—Este fin de semana nos fuimos a Ávila, alguien nos vio y se lo dijo a la socia de Jaime, y no hace falta deciros que a ella le faltó tiempo para llamarlo por teléfono.
—¿Cuándo nos lo pensabas contar? —pregunta Sindy en tono aparentemente tranquilo—, ¿el día del juicio final? Llevas semanas con el cuento de las reuniones con tu jefe. Ha sido muy feo por tu parte mentirnos continuamente.
—No os he mentido del todo —se pone de pie y anda de un sitio a otro— sí que había reuniones la mayoría de las veces.
Pero tenéis que entenderme, no ha sido nada fácil empezar a salir con alguien por primera vez desde la muerte de Yago.
Necesitaba espacio hasta tener muy claro si la relación podía funcionar.
Sin embargo, después de darle muchas vueltas, he llegado a la conclusión de que lo más sensato, es que dejemos esta relación inmediatamente.
—Siéntate, me estás poniendo nerviosa si no paras de moverte —ordena en tono seco.
—Sindy, no te pases, déjala que se tranquilice —le pide Rocío en tono incisivo.
—Es que no me da la gana que se tranquilice. —Agarra su mano y hace que se siente de un tirón—. Ahora mismo nos vas a explicar por qué quieres dejar a Jaime. Tú siempre estás diciéndome que debo empezar una relación seria con Álvaro, ¿y ahora tú qué haces?
—¿No lo comprendéis? ¡Va a ser un escándalo cuando se enteren nuestras familias!
—Ay, por Dios, qué complicada eres. ¿Acaso es motivo de escándalo que dos personas, intenten buscar el amor de nuevo?
—Ella va a protestar, pero Sindy la detiene—.
Sara, déjate de tonterías. Con lo bien que te vemos últimamente, sería un error dejar pasar la ocasión de volver a ser feliz junto a un hombre.
—Pero…
—Ni peros ni peras. Ahora tienes un brillo en la mirada que lo dice absolutamente todo, y estoy convencida de que vuestras familias se van a alegrar muchísimo cuando se enteren de esta segunda oportunidad que os está dando el amor.
¡Huy, mira! —se pellizca el antebrazo—, se me ha puesto el vello de punta por las cosas tan bonitas que te he dicho.
—¿Es una percepción mía o me estoy volviendo un poco loca? —Sara observa a sus amigas entornando los ojos—. Acabo de darme cuenta de que no estáis sorprendidas por la noticia.
—Hace tiempo que sumamos dos más dos —le confiesa Rocío haciendo morritos—. Había que estar muy ciegas para no ver la cara de felicidad que traías los lunes.
—Bueno, eso y los chupetones que llevas en el cuello últimamente.
—¡Sindy! —la riñe su amiga—, acordamos que no le diríamos nada de eso.
—Ya lo sé, pero no me he podido resistir. Ha sido un castigo por no habernos contado nada mucho antes.
—¡Cuánto habéis tenido que disfrutar las dos a mi costa, últimamente! —admite más dolida que ofendida.
—No más que tú —ironiza Sindy riendo—. Ahora, hablando en serio, ya era hora de que te decidieras a comenzar una nueva relación.
—Que haya empezado una relación, no significa que me olvide de la injusticia que se cometió con Yago.
El resto del día lo dedica a trabajar sin descanso para tratar de tener la mente ocupada.
A las cuatro de la tarde ha recibido una llamada de Jaime para ver qué tal estaba, y de paso le ha contado que su hermana Carmen lo había llamado a primera hora para reñirle, por haberse tenido que enterar por Silvia de la buena noticia.
Sara tenía varias llamadas de Carmen, pero no contestó a ninguna porque se imaginaba el motivo, y no le apetecía hablar con ella. Estaba cantado que Silvia no había guardado el secreto. La pregunta era: ¿quién más estaba al tanto? Antes de terminar la semana lo descubriría.
Después de pasar por el supermercado se va a su casa con la sensación de que alguien la está observando; no quiere volverse paranoica, pero ya le ha pasado en más de una ocasión, y está empezando a creer que no son imaginaciones suyas.
Se está planteando contárselo a Jaime. Aunque, por otro lado, cabía la posibilidad de que se preocupara innecesariamente, ya que no había visto a nadie.
Al caer la tarde se va a andar por la playa un rato porque siente que lo necesita. Su teléfono ha empezado a vibrar y ha ralentizado el paso antes de atender la llamada.
—Hola.
—¿Qué tal estas? — la saluda en tono dulce— espero que tu cabecita no le esté dando demasiadas vueltas a todo.
—Sabes que tenemos un quebradero de cabeza bien grande.
—El tiempo es el mejor juez y ya verás como todo lo irá poniendo en el lugar que le corresponde. No vamos a adelantarnos a las cosas, ¿vale?
—Qué fácil es para ti decir eso. Jaime esto es muy serio, y no sé si estoy preparada para enfrentarme a todo lo que se nos va a venir encima.
—Yo no he dicho en ningún momento que vaya a ser fácil. Pero nadie tiene derecho a decidir por nosotros.
—Piensa en nuestros hijos.
—Todavía no sabemos cómo van a reaccionar, para eso aún falta tiempo. Son personas adultas y no deberían escandalizarse. Además, estás poniéndote en lo peor.