La esencia del bambú Capítulo 31 #3
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Capítulo 31 #3

Cuando llega a su casa, lo primero que hace es llamar a Jaime para decirle que ya ha llegado mientras empieza a deshacer el equipaje.

Después de hablar un rato con él, se prepara algo ligero para cenar.

No puede evitar pensar en lo que han hablado del problema, con el que tarde o temprano se enfrentarán, ya que viven muy lejos el uno del otro y no va a ser fácil verse tan a menudo como cabría esperar.

Aunque de momento se conforman con lo que tienen.

El lunes a primera hora llega al gimnasio, con el peso de la mala conciencia por estar engañando a sus amigas.

—¿Qué tal vuestro fin de semana? —les pregunta Sindy mientras levanta unas pesas—. Pero antes de que me contestéis, he de deciros que el mío ha sido fabuloso. Siento mucho daros envidia, pero así es la vida.

—El mío se podría calificar de intenso —especifica Rocío mientras pedalea con vigor—, porque mis “mellis” me han puesto de los nervios con sus continuas peleas. No puedo con ellos, son iguales y a la vez enemigos. ¿Alguien me lo puede explicar?

—Con el tiempo se curarán de eso —contesta Sara sonriendo—. Estoy segura, porque Alberto también pasó esa etapa y, aunque no tenía hermano mellizo, me tenía a mí para discutir. Ahora todo se ha arreglado y a ti te pasará igual, solamente debes tener un poco de paciencia.

—Espero que tengas razón —dice en tono resignado.

—No nos has contado tu fin de semana de trabajo. Tienes que decirle a tu jefe que te deje en paz de viernes a domingo, que no sea tan egoísta.

—Sindy tiene razón, debería olvidarse de ti el fin de semana.

—Bueno —explica tratando de sonar despreocupada—, pronto se terminará el hotel, y supongo, que ya nos dejará en paz.

—El próximo viernes voy a celebrar una fiesta en mi nueva casa. —Mira a sus amigas muy sonriente—. He invitado a un grupo muy selecto de amistades, y vosotras formáis parte de él.

—Oh, ¡qué honor tan grande nos haces! —ironiza Rocío haciendo una reverencia—. ¿Hay que ir vestidas de etiqueta?

—Bueno, si se la quitas de un tirón antes de salir de tu casa, evitarás hacer el ridículo.

—Qué graciosa eres, no entiendo cómo no te ganas la vida contando chistes —finge estar ofendida—. Te lo decía porque no me gustaría desentonar con el resto de invitados.

—Se trata de mi casa, y ahí puedes ir como te dé la gana. Sin embargo, para que te quedes tranquila, puedes ir arreglada, pero sin pasarte.

—De acuerdo, ¿ves cómo no era tan difícil?

—Sara —se gira hacia su amiga—, ¿tienes el teléfono de Jaime? Quiero invitarlo.

—No es necesario, seguramente tendrá otros compromisos —contesta muy convencida.

—Eso lo tendrá que decidir él —manifiesta alzando una ceja—. Le dije que algún día quedaría con él y pienso que esta es una buena ocasión.

—Pero hacerlo venir desde tan lejos, es ponerlo en un compromiso.

—¿Tienes algún problema en darme su teléfono? porque si es mucha molestia para ti, puedo llamar a su bufete y hablar con él. A no ser que pienses, que no soy lo suficientemente buena para ser su amiga.

—¡Qué manipuladora eres! —exclama mirándola cabreada, mientras le pasa el número para terminar la discusión cuanto antes—, sabes muy bien que eso no es verdad.

—Entonces —sonríe por haber conseguido lo que quería—, no tienes de qué preocuparte, ahora que tengo su número, le llamaré hoy sin falta.

Sara decide llamarlo en cuanto llegue a su despacho para rogarle encarecidamente, que le ponga una excusa a su amiga de modo que no asista a la fiesta.

Sin duda alguna, le resultaría muy complicado tenerlo cerca y fingir que entre ellos no hay nada.

Pero dos horas más tarde, está sentada delante de su ordenador con el teléfono en la mano discutiendo con él, porque Sindy se ha adelantado y Jaime ha aceptado encantado.

—No pienso llamarla para poner una excusa, le he dicho que iré y no voy a cambiar de opinión.

—Jaime, por favor, no me lo pongas más difícil —pide algo nerviosa.

—¿Acaso tienes alguna razón oculta? —indaga muy molesto—. Creía que te iba a hacer ilusión que nos viéramos este fin de semana.

—Y me hace más de lo que te imaginas —agrega muy sincera—, simplemente me aterra que nos veamos delante de mis amigas, y no sea capaz de disimular.

—Ah, de eso se trata… —responde más calmado, y sonríe por primera vez desde que han empezado a hablar—. No te preocupes, yo me encargaré de ignorarte para ponértelo más fácil, sabes que disimulo muy bien.

—Sigo pensando que no va a ser fácil, pero si tú lo dices, rezaré para que todo salga bien.

—Va a salir muy bien, ya lo verás. Después, podemos pasar el resto del tiempo juntos en la casa de la playa. ¿Qué te parece?

—Eso suena fantástico.

—Ahora que está todo resuelto, siento decirte que te tengo que colgar porque llego tarde a una reunión con mi equipo. Esta noche hablamos.

—Vale, esta noche nos contamos cómo nos ha ido el día. —Dice sonriendo—. Adiós.

Sale del trabajo, y la extraña sensación de que alguien la está observando vuelve a ponerla nerviosa.

Acelera el paso hasta subir a su coche, convencida de que no son imaginaciones suyas.

Cuando llega a su casa, llama a sus padres para hablar con ellos mientras se va cambiando de ropa para andar un rato por la playa.