Capítulo 30 #3
—Déjame ayudarte —suplica mirando cómo corta queso sobre una tabla de madera—, no estoy acostumbrada a estar quieta mientras los demás trabajan.
—Si quieres, puedes ir preparando la mesa en el comedor.
—No hace falta —bebe un sorbo de vino—, aquí estaremos muy bien.
—Vale —señala unos cajones grandes—, ahí tienes cubiertos y servilletas. Ya solo me queda preparar la ensalada mientras se termina de calentar la carne en el horno.
—Has hecho trampas —proclama riendo—, la cena ya estaba hecha.
—No es verdad —replica introduciéndole un trozo de queso en la boca— es muy importante saber el tiempo exacto que tienes que calentar la carne para que no quede seca. Y eres testigo de que la ensalada la estoy preparando yo.
—Pero sigues siendo un tramposo.
—La próxima vez te demostraré lo bien que sé cocinar —señala dándole un beso—. Ahora vamos a cenar, y de paso planificamos lo que vamos a hacer este fin de semana.
—Mañana quiero que asistas a esa cena. —Ella alza la mano para que la deje terminar su argumento—. Vamos a pasar el resto del tiempo juntos y no quiero que cambies tus planes, porque si lo haces, me voy a sentir muy mal.
—Si te vas a quedar más tranquila, iré a esa cena —imita el gesto de ella— pero con otra condición.
—Me das un poco de miedo —expresa inquieta bebiendo para ganar tiempo—. Dime de qué se trata.
—Quiero que me esperes en la piscina desnuda. —Sonríe de una forma lobuna—. Si no, no hay trato.
—No pensarás que voy a estar dentro del agua hasta que tú decidas volver —protesta muy sorprendida—. Es mejor que te espere en el salón tranquilamente.
—Puedes leer en el sofá sin ningún problema hasta que yo te llame para decirte la hora exacta de mi llegada. Las dos cosas son compatibles —sostiene divirtiéndose al verla tan apurada.
—Me lo pensaré —resuelve tratando de buscar alguna excusa—. A lo mejor me quedo dormida y no escucho el teléfono si tardas mucho.
—Ah, si es por eso, no debes preocuparte, ya que cuando vuelva aquí, si te encuentro dormida, yo mismo me encargaré de quitarte la ropa y de meterte… a la piscina. —Ríe a carcajadas al ver la cara de espanto que ha puesto ella.
La cena está resultando muy entretenida, porque al final no ha sido difícil llegar a un acuerdo. Al terminar, Sara se ha ofrecido a poner el lavavajillas mientras Jaime se ha ido al salón para encender la chimenea.
—¿Te apetece una copa? —le dice cuando la ve entrar.
—No, con el vino ya he tenido suficiente por hoy —argumenta calentándose las manos en el fuego.
—Voy a traer una manta para ponerla en el suelo y así estaremos mejor. Si no te importa, ¿me puedes poner un poco de whisky? —Le señala el carro de bebidas—. No le pongas hielo por favor.
Cuando se ha quedado sola no ha podido resistir la tentación y ha bebido un sorbo para infundirse valor, puesto que, por muy bien que se lo esté pasando, no deja de ser una situación violenta para ella.
Cuando ha vuelto Jaime, se han sentado delante de la chimenea con las piernas estiradas, y se han quedado un buen rato sumidos en un cómodo silencio mientras observan las llamas y escuchan el crepitar del fuego.
—¿Qué crees que dirán nuestros hijos si se enteran de lo nuestro? —decide preguntarle para romper ese silencio.
—No quiero preocuparme por eso ahora —responde mirándola—, y tú tampoco deberías. Cuando llegue el momento, ya pensaremos algo.
—A veces me da un poco de miedo por lo que pueda pasar —declara flexionando las piernas para abrazarlas contra su pecho—. Estoy muy a gusto contigo, pero no podría soportar que ellos sufrieran por nuestra culpa.
—Ellos escogieron ser pareja sin contar con nosotros —expone acercándose a ella.
—Pero la situación no es la misma.
—Si hubiera sido al revés, ¿tú qué harías si te enteraras de que ellos han empezado una relación?
—La verdad es que no sé qué decirte.
—Si vieras que son muy felices siendo pareja, dudo mucho que te pusieras en contra de esa relación —justifica girando su cara para verla de cerca— y yo tampoco lo vería mal. Vamos a vivir el presente y que pase lo que tenga que pasar.
—Visto de esa manera, tengo menos miedo —reconoce sonriendo.
—Por cierto, te huele el aliento a whisky.
—He bebido un poquito para infundirme valor. —La mira sin comprender— todavía me cuesta aceptar esto que estamos viviendo.
—Lo has expresado correctamente —murmura dándole un beso tierno—. Vamos a disfrutar de esto que estamos viviendo , porque es muy agradable. Voy a poner un poco de música y a apagar las luces —le guiña un ojo—, con la luz del fuego, será más que suficiente.
Cuando empieza a sonar Enya, Sara se ha sorprendido porque no sabía que a él también le gustaba esa música. Lo que ella ignora, es que él había visto un CD en su casa el día de Reyes, y había comprado otro igual.
Hicieron el amor lentamente. Cada uno besaba y acariciaba cada milímetro del cuerpo del otro sin ningún pudor, hasta que ambos alcanzaron la cima del placer exhaustos, y a la vez felices.
Era ya de madrugada cuando decidieron irse a la cama con la promesa de madrugar para salir a correr por el campo.