La esencia del bambú Capítulo 29 #3
68%

Capítulo 29 #3

Cuando entra en el parking a por su coche, ha sentido la rara sensación de que alguien la está siguiendo, se ha puesto a mirar hacia todos los lados, y al final ha llegado a la conclusión de que ha sido una idea absurda fruto del cansancio.

Por la noche sale a correr por la playa siendo consciente del cambio que se está produciendo en ella.

La coraza de acero con la que se había protegido el corazón durante los últimos años se está empezando a deshacer, del mismo modo que las olas se deshacen en las rocas de los acantilados que tiene frente a ella.

Es innegable que ese hombre se encuentra en la misma situación que ella. Ambos arriesgan lo mismo; él podría perder la buena relación que tiene con su hija y ella exactamente igual con Alberto, por lo tanto, piensa dejarse llevar como le había prometido a Jaime.

Su teléfono empieza a sonar y aunque le cueste reconocerlo, desea que sea él quien la llame.

—Hola, ¿te llamo en mal momento? Si quieres hablamos más tarde, no quiero molestarte.

—Hola, Jaime, ahora ya estoy tranquila, aunque el día ha sido agotador. Y encima, el resto de la semana la tengo llena de reuniones y presupuestos que revisar.

—Estaría muy bien desconectar el próximo fin de semana, pero te dije que no te iba a presionar y no lo voy a hacer.

—No hace falta que insistas, porque he decidido acompañarte —le dice sin pensar—. Nunca he ido a Portugal y creo que ya va siendo hora.

—Me das una alegría enorme. Estoy convencido de que vamos a disfrutar mucho de esa escapada. Ahora vete a casa porque intuyo que estás corriendo por la playa, y es muy tarde.

—¿Te he dicho alguna vez que eres un mandón? —lo increpa con su frase favorita fingiendo cabreo.

—Cuando nos volvamos a ver te voy a demostrar —explica riendo—, cuánto me gusta que me lo digas.

—Creo que ya no te lo voy a decir más —indica medio en broma cortando la llamada rápidamente.

El jueves por la tarde queda con sus amigas para ver la nueva casa que se ha comprado Sindy. Cuando les dio la noticia, se notaba que estaba muy ilusionada; hacía muchísimo tiempo que estaba esperando encontrar su “casa ideal”, como ella la denominaba, y por fin la había encontrado.

Es un dúplex con vistas al parque de Málaga, tiene cinco habitaciones, tres cuartos de baño, una cocina grande y un salón en forma de “L” que da a una amplia terraza.

En el piso de arriba hay otro salón con chimenea y barra americana que da a una pequeña cocina.

Aparte, hay un balcón cubierto con techo de madera.

Cuando llegan las dos amigas, se quedan prendadas de lo bonito que es y la iluminación que tiene, ya que todas las habitaciones dan al exterior y las vistas son magníficas.

—Tienes que hacer una fiesta para inaugurar este palacio que te has comprado —le dice Rocío mientras pasea la vista por toda la estancia—. Ahora que veo donde vas a vivir, me he dado cuenta de que mi casa ya no me parece tan ideal.

—Eso no lo dices en serio —contesta restándole importancia con la mano— tienes una casa que está muy bien. Tu ex tuvo buen gusto cuando te la compró.

—No te equivoques, se la compró a sus “mellis” —subraya alzando las cejas—. En cuanto cumplan dieciocho años ellos serán los dueños, y seguramente me echarán por haberles castigado todos estos años por ser tan desordenados.

—No creo que hagan eso —interviene Sara mientras observa un cuadro que hay presidiendo el salón—. Sindy, este cuadro es igualito a uno que vi en la última exposición de Álvaro.

—No es igualito —dice imitando a Sara—, porque es el “mismito” — ,­ riendo al ver la cara que han puesto sus amigas.—Me lo regaló el día de Reyes —cuenta mirándolo con cariño—. Sabía que me gustaba y me dio una bonita sorpresa.

—Si te ha hecho este regalo —le dice Rocío señalándolo—, significa que la cosa va en serio.

—Bueno, no os voy a mentir —confirma sin dejar de mirar el cuadro—, vamos poco a poco, no queremos precipitarnos.

Sara tiene una oportunidad de oro para hablarles sobre ella y Jaime, en cambio, no tiene el valor suficiente para contarles nada. De momento va a dejar que su amiga, acapare todo el protagonismo.

—Me alegro por los dos, os aprecio muchísimo y me gustaría que esa relación durara para siempre.

—Gracias, Sara, pero vamos muy despacio, puesto que no me siento muy segura, y lo último que quiero es estropearlo.

—Que lo estés intentando ya es un logro. —La abraza, mientras se aplica ese consejo a sí misma—. Ya verás como todo va a salir bien.

—Claro que va a salir todo bien —asegura dándole otro abrazo Rocío.

—En fin —se aclara la garganta—, ahora queda terminar de amueblarlo y después organizaré una fiesta. Ya os diré la fecha —luego, mirando a su amiga, comenta—: voy a invitar a Jaime, me pareció un hombre muy interesante y no está demás tener a un buen abogado como amigo.

—A mí también me causó muy buena impresión —se sincera mirando a sus amigas—, fijaros qué sin conocerme de nada, me dio un par de consejos gratis sobre el acuerdo de mi separación, y me han venido muy bien.

—Sois las dos unas aprovechadas —protesta haciendo reír a sus amigas.