La esencia del bambú Capítulo 25 #3
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Capítulo 25 #3

—Claro, hoy es tu cumpleaños y tus deseos son órdenes para mí —añade levantándose aliviada por alejarse un rato de allí.

—Dime si lo estás pasando bien —le pide mientras van al cuarto de baño.

—No quiero que te preocupes, estoy muy a gusto en tu casa.

—No me has contestado. Dime la verdad, me siento fatal porque veo que Jaime te está ignorando toda la noche.

—¿Y por qué te sientes mal? —cuestiona parándose en seco—. No te voy a negar que el señor Fritz, no es precisamente la alegría de la huerta —insinúa sonriendo—, ahora bien, con el resto de los invitados no he dejado de hablar.

—Me irrita la actitud de Jaime —comenta enojada frunciendo los labios— Sabe perfectamente que solamente nos conoces a nosotros, por lo que no entiendo a qué está jugando. También ha sido una lástima que Carmen y Eduardo no hayan podido venir.

—No te preocupes, de verdad. Estoy bien.

—¿Ha pasado algo entre Jaime y tú?, creía que os llevabais bien.

—Quiero que te quedes tranquila, Jaime y yo nos llevamos bien —asegura tratando de terminar cuanto antes esa conversación—, tenemos ese firme propósito por el bien de nuestros hijos. Si hoy no hemos hablado, no pasa nada, no le des ninguna importancia.

La música y el alcohol está haciendo que varias personas no dejen de bailar, entre ellas Jaime y su acompañante. Ya son más de las dos de la madrugada y parece que nadie tiene prisa por abandonar la fiesta.

Sara lleva un buen rato hablando con un grupo de personas, que están muy interesadas en celebrar un congreso en el hotel que ella dirige. Aunque no le apetece hablar de trabajo, debe reconocer que le está viniendo “de perlas” para distraerse.

—Os voy a quitar durante un rato a mi amiga —dice Román poniendo una mano en su cintura—, hoy no es el día indicado para hablar de trabajo.

—No seas borde y déjanos hablar con ella para ultimar los detalles, por favor —le pide un amigo.

—He dicho que no —insiste andando con ella hacia la barra improvisada del jardín—. Si queréis, pedís cita en horas de trabajo, pero ahora no voy a dejar que le deis la lata.

—Gracias, pero no era necesario —contesta ella sonriendo.

—Estamos en una fiesta, y no se habla de trabajo. ¿Qué te apetece tomar?

—¿Agua?

—¡Ni pensarlo! —exclama mostrándose horrorizado—. Pide algo más fuerte.

—Ron con piña, por favor. Pero será lo último que beba esta noche, no quiero ir haciendo eses por todo el jardín.

—Eso está mejor. —Le tiende la copa—. ¿Damos un paseo? No hace mucho frío y me gustaría estirar un poco las piernas, llevo mucho rato sin moverme del sitio y se me están durmiendo.

Sara sabe que es una excusa, en cambio ha preferido esperar para hacérselo saber cuando se hayan alejado lo suficiente.

—Te voy a acompañar, pero si me vas a hablar de Jaime, doy media vuelta por donde he venido —le dice después de estar un rato andando en silencio.

—Vaya, no creía que me ibas a descubrir —ríe con ganas—, pues en realidad, esa era mi intención.

—Será mejor que pienses en otra cosa porque no me apetece hablar de él.

—Entonces hablaré yo. —Ella iba a protestar, pero no la deja—. Solamente quería preguntarte por qué estáis actuando como dos desconocidos. Le he preguntado a él y no he conseguido que me cuente nada.

—¿Y qué te hace pensar que yo sí?

—No sé, quizá te considero a ti menos cabezota que él.

—Sé que sois muy buenos amigos, y si él no te ha querido contar nada,  sus razones tendrá. Pero dado el aprecio que te tengo, debo confesarte, que así estamos mejor, créeme —reitera mirándolo suplicante—. No te lo tomes a mal, pero es lo único que te voy a decir.

—De acuerdo.

Él ha preferido guardarse la única frase que había conseguido por parte de su amigo, cuando le había dicho: “No me toques los cojones, que bastante tengo con verla esta noche con ese vestido negro que parece que lo lleve tatuado al cuerpo”.

Y eso hace que todavía sienta más curiosidad, por saber el motivo por el cual, ambos trataban de evitarse, y al mismo tiempo se lanzaran miradas furtivas cuando creían que nadie se daba cuenta.

—Me encanta vuestro jardín, las luces hacen que sea igual de bonito que a la luz del día.

—Sabía que iba a gustarte. Vamos a seguir paseando un rato mientras nos terminamos la copa.

Jaime no la ha perdido de vista en ningún momento, pero está decidido a ignorarla junto a su amiga Lola, la fiscal que lleva detrás de él desde hace mucho tiempo.

Al final de la noche la ha visto alejarse junto a su amigo y eso le ha intrigado bastante, porque conociéndolo, sabe que ese paseo guarda alguna intención.

—Creo que por hoy ya es suficiente, ha sido un día muy largo y estoy cansada. Gracias de nuevo por haberme invitado —les dice a Yuri y a Román cuando vuelven con los demás.

—Me habría gustado mucho que algunas cosas hubieran sucedido de otro modo —confiesa la anfitriona mirándola con aprecio.

—No le des mayor importancia, porque ha sido una bonita fiesta y no me arrepiento de haber venido. Ahora me voy a dormir —se despide dándoles dos besos—. Mañana me iré muy temprano y no creo que nos volvamos a ver.