Capítulo 25 #2
La semana pasa lentamente, dado que poner en marcha las nuevas tarifas, planificar y supervisar todo, requiere de mucho esfuerzo, y más tratándose de un hotel tan grande.
También renovar algunos salones en tiempo récord conlleva pelearse con el decorador y el diseñador, los cuales se han propuesto cabrearla cada vez que se acerca a ver si terminan en el plazo estipulado.
—Hola, Sara, perdona que te llame a estas horas —le dice algo apurado.
—Hola, Román, tú nunca molestas —contesta sonriendo por primera vez desde las ocho de la mañana—. Dime, ¿qué puedo hacer por ti?
—Me alegra que me digas esas cosas —confiesa riendo—.
Verás, estoy preparando una fiesta para celebrar el cumpleaños de Yuri.
Quiero que sea algo especial, ya sabes que ha pasado unas semanas muy malas por la operación de su padre.
Así que he pensado en darle una bonita sorpresa y quiero que estén presentes las personas que ella aprecia.
Bueno, yo también te aprecio —añade rápidamente.
—Te he entendido. —Ríe por el último comentario—. Dime la fecha para ver mi agenda.
—Es el próximo sábado.
—Oh, cuánto lo siento, este sábado viene mi hermano Nico con unos compañeros a pasar el fin de semana, y ya me he comprometido con él.
—Perdón, no me refiero a este. Me he explicado mal, es el sábado de la semana que viene.
—Si es para el siguiente —dice mirando su agenda—, cuenta conmigo porque lo tengo libre, y me hace mucha ilusión asistir a esa fiesta. Ahora mismo voy a reservar el hotel para tenerlo todo arreglado.
—Por favor, no es necesario que reserves nada. Aquí en casa hay habitaciones de sobra y la fiesta puede durar toda la noche, pero tú tienes la última palabra. Aunque conociendo a Yuri, no va a dejar que te vayas a ningún lado, el otro día me dijo que tenía muchas ganas de verte.
—De acuerdo – le dice en tono amable–, me quedaré en vuestra casa.
—Bien, asunto arreglado. Ahora ya puedo seguir llamando a todos los que me faltan. Adiós, Sara, te esperamos en casa el sábado. Qué sorpresa tan bonita se va a llevar mi mujer.
—Hasta pronto, será un honor asistir a esa fiesta. —Comienza a sentirse algo nerviosa, porque sabe que se va a encontrar con Jaime en unos días.
El fin de semana junto a su hermano Nico, le ha venido muy bien, ya que le ha servido para distraerse.
Es lunes por la mañana y entra en el gimnasio dispuesta hacer algo de ejercicio mientras habla con sus amigas. Hace días que no se ven, y por esa razón está deseando pasar un rato con ellas.
—Hola, chicas, cuánto tiempo.
—Sí, una eternidad —la saluda Sindy, pedaleando con vigor—. A ver si quedamos para cenar esta noche, aunque sea lunes, porque día que pasa, día que perdemos.
—Por mí no hay inconveniente, esta semana tengo turno de tarde en el hospital, así que yo también me apunto.
—De acuerdo —dice Sara subiendo a la elíptica—. El plan me parece perfecto, ¿a qué hora nos vemos?
—Vaya, creía que iba a tener que convenceros.
—Para una vez que te hacemos caso —suelta riendo.
—Sara, me ha extrañado que te apuntes a la primera, porque siempre pones excusas.
—He tenido un fin de semana muy tranquilo y vengo con las pilas cargadas.
—Yo también he pasado un fin de semana memorable —declara cerrando los ojos.
—Eso suena muy bien —comenta Rocío mientras se baja de la bicicleta— No quiero que cuentes nada sin estar yo delante. Esta noche nos pones al día sobre tus viajes misteriosos.
—Rocío, no hay nada que contar porque sabéis perfectamente con quién los paso.
—Sí, eso lo tenemos claro, pero queremos que nos expliques algo más.
—Eso solamente lo haría en presencia de mi abogado —bromea girándose de pronto—. Hablando de abogados… Sara, ¿no tienes nada interesante que contarnos del tuyo?
—No, porque es una historia cerrada y acabada —decreta muy convencida— ya os lo dije.
—Oh, qué pena. Entonces, mirándolo desde mi punto de vista ¿no hay ningún inconveniente en que yo intente llevármelo al huerto?
—Rocío, puedes quedártelo “enterito” para ti.
El trayecto en taxi desde la estación está siendo demasiado corto para su gusto. Lleva toda la semana mentalizándose de que tarde o temprano iba a tener que verlo, aun así, no ha podido evitar sentirse tremendamente nerviosa.
Cuando llega a la puerta se arma de valor, aunque analizándolo fríamente, lo que había ocurrido varios días atrás no tenía por qué hacerle sentir mal. «Pero del dicho al hecho, hay un gran trecho», piensa nerviosa.
Sin poder remediarlo, en el instante en que lo ve en la otra punta del salón, su corazón empieza a latir de forma desbocada, y trata de mirarlo con indiferencia para disimular, en la medida de lo posible, su agitación.
—Hola, Sara. ¡Qué bonita sorpresa! —la saluda Yuri dándole un abrazo afectuoso—. Me hace muy feliz que hayas venido.
—Yo también estoy encantada de estar aquí. —Sonríe tendiéndole un regalo—. Feliz cumpleaños.
—Hola, me alegro mucho de que hayas podido venir —dice el marido dándole dos besos—. Espero que te guste la habitación con vistas al jardín que te han preparado. Vamos, te acompaño y así dejas tu equipaje.
—Gracias, Román —expresa en tono cordial.
Cuando regresa al comedor, después de dejar sus cosas y retocarse un poco el maquillaje, se siente cohibida porque no conoce prácticamente a nadie, y por un momento se siente fuera de lugar. Pero Román, como buen anfitrión, se acerca a ella rápidamente.
—Ven —la invita tomándola del brazo—, quiero presentarte a unos amigos que están muy interesados en conocerte. Me he tomado la libertad de decirles que diriges uno de los mejores hoteles de la costa del sol, y ya están pensando en organizar allí un congreso de ingenieros.
Lleva dos horas hablando con unos y con otros sin parar y Jaime no se ha acercado a ella en ningún momento. Sabe que debería sentirse bien por ese hecho, en cambio, muy en el fondo, está decepcionada pues ni siquiera se ha molestado en saludarla.
—La cena ya está lista —dice en voz alta Román a los treinta invitados— Después continuaremos la fiesta en la parte cubierta del jardín.
—Sara —le dice Yuri algo apurada—. Espero que no te moleste sentarte junto a ese hombre a la mesa.
—No pasa nada. —Adopta una actitud muy tranquila—. ¿Por qué me iba a molestar sentarme al lado de Jaime?, nos llevamos muy bien.
—No estás al lado de Jaime —admite algo nerviosa—. Siento tener que decirte esto.
Yuri se ha dado cuenta de que Jaime no se ha acercado a ella ni para saludarla. Por eso no va a confesarle, que ha sido precisamente él quien le ha pedido expresamente a Román, sentarse junto a la mujer con la que ha venido, y, además, lo más lejos posible de Sara.
Durante la cena, las conversaciones se van solapando unas con otras creando un ambiente bastante distendido.
El menú compuesto de platos muy variados y regado con buenos vinos ha estado muy acertado, y eso ha hecho que los anfitriones se sientan muy satisfechos por la cantidad de elogios que están recibiendo.
Sara ha intentado en varias ocasiones prestar atención a las aburridas historias, que le cuenta el director de una sucursal bancaria alemana que tiene a su derecha.
En cambio, sus oídos la están traicionando continuamente, ya que estos prefieren atender a otro lado de la mesa, donde Jaime y la morena vestida con un mono en color burdeos, no paran de reír.
—Sara, ¿te importaría acompañarme un momento, por favor? —le pide Yuri.