Capítulo 21 #2
Tantas y tantas mañanas despertó pensando que había sido una pesadilla, para acto seguido encontrarse con la cruel realidad, sola en aquella cama que le parecía inmensa sin él.
Hizo falta mucho coraje para cambiar de arriba a abajo toda la casa y transformarla en otra totalmente distinta.
Fue muy duro recoger y llevar toda la ropa a un centro para personas necesitadas.
También tuvo que quitar todas las fotografías porque dolía demasiado ver esas muestras de felicidad, ya que eran un recordatorio constante de lo que jamás iba a volver a suceder.
Y por último quitarse aquella alianza, que al principio pensó en dejársela para siempre, pero después de meditarlo, decidió ir a una joyería para que la fundieran junto a la de Yago y la transformaran en una “estrella de David “.
De ese modo, Alberto siempre llevaría una parte de su padre y de ella cerca de su corazón.
Tras unos minutos rememorando parte del pasado, da un hondo suspiro, y se pone ropa cómoda para salir a correr por la playa, a ver si de ese modo, consigue liberarse de toda la tensión acumulada.
Aunque se propone dejar la mente en blanco para no pensar en nada ni en nadie, no lo consigue, ya que el azul del mar que tiene frente a ella le recuerda al color de unos ojos que intenta olvidar.
—Hola Jaime, buenos días y Feliz Año —lo saluda Alfredo dándole unas palmadas en la espalda—. ¿Qué tal has pasado las fiestas?
—Hola, Feliz Año a ti también —contesta mirándolo a la cara, divertido— Veo que al final Silvia y tú habéis estado en la nieve.
—Sí, se empeñó en esquiar y no me puse bastante protector.
Aunque, después de todo, no estuvo nada mal desconectar unos días, a pesar de que me habría gustado pasarlos en otro sitio, pero es lo que tiene estar casado.
No sabes la suerte que tienes de hacer lo que te da la gana sin tener que dar explicaciones a nadie.
Jaime ha optado por no decirle que había disfrutado muchísimo haciendo algo que le apetecía desde hacía un tiempo, pero ha preferido guardar silencio. No quiere que nadie sepa que ahora se siente mucho peor.
—Esta mañana tengo una reunión con los clientes nuevos de los que hablamos —le explica Alfredo, antes de marcharse.
—¿No iba a encargarse Silvia? —le pregunta extrañado.
—Sí, pero ha preferido que sea yo el que hable con ellos, ella tiene algo de trabajo atrasado y quiere ponerse al día. Espero que a ti no te importe.
—Sabes que no hay ningún problema. Yo voy a ponerme a revisar los casos que tenemos más urgentes para ver a quien se los designo.
—Si quieres, quedamos después para comer.
—Hoy no puedo, tengo un compromiso, pero mañana podemos quedar.
—De acuerdo —acepta saliendo hacia su despacho.
A media mañana aparece Silvia por la puerta sin llamar.
—Hola, feliz año nuevo. ¿Estás muy ocupado para tomar un café?
—No, me va a venir bien parar un rato —comenta levantándose para darle dos besos—. Ya me ha contado Alfredo que lo habéis pasado muy bien.
—No ha estado mal —dice torciendo la boca—, pero me habría gustado que tú también hubieras venido. Siempre lo hemos pasado muy bien los tres.
—Este año me apetecía quedarme por aquí.
—¿Qué te parece si después vamos a comer y nos ponemos al día?
—Le he dicho a Alfredo que hoy no puedo. Aunque, hemos quedado para mañana, así que no te comprometas con nadie —Sabía que ella pretendía comer a solas con él, por suerte ha logrado esquivarla a tiempo—. Le diré a mi hermana a ver si se pueden venir ellos también, antes de que se vayan a Berlín.
Han pasado una hora hablando de temas relacionados con el trabajo, aunque de vez en cuando, ella ha tratado de buscar cualquier excusa para que le cuente con quien ha pasado las fiestas.
Él, poniendo cara de hastío, le ha confesado, que fueron muy aburridas y que estaba deseando que pasaran cuanto antes.
No quiere ni imaginarse la cara que pondría si supiera la verdad.
A las diez en punto, se ha reunido con sus asistentes, y les ha ido asignando a cada uno los casos que ha considerado más urgentes para que empiecen a trabajar cuanto antes.
Después de hablar con su secretaria, y tras comprobar que no tiene ninguna cita por la tarde, se despide de ella hasta el día siguiente.
Había quedado con Yuri y Román, ya que hacía tiempo que no comían juntos y le apetecía mucho charlar con ellos tranquilamente
—Cuánto nos alegramos de que hayas podido venir, ¡Felices Fiestas! —exclama Yuri dándole un cálido abrazo y un beso—, seguro que andas muy ocupado.
—No os preocupéis, porque solo he hecho unos pequeños cambios en mi agenda, ha sido sencillo. Felices Fiestas a vosotros también.
—Hola, Jaime —saluda dándole un corto abrazo a su amigo—. Feliz Año Nuevo y todo lo demás.
—Tengo ganas de que pasen unos días para no estar a todas horas repitiendo la misma frase —admite Jaime con cara de hastío.
—Nosotros también opinamos lo mismo, mejor vamos a sentarnos y nos cuentas qué tal lo has pasado con tu padre. —Sonríe pícaro mientras le guiña un ojo.
—Ah, no sé cómo pudiste darte cuenta —suelta riendo al ver la cara de Román—, estaba convencido de que me merecía un Goya por la interpretación tan magistral que hice.
—Agradéceselo a tu hermana —se queja tocándose la pierna—, el mérito fue de ella, porque me dio una patada por debajo de la mesa, que casi me destroza el peroné.
—Román, no entiendo cómo puedes dirigir con una profesionalidad impecable una empresa tan importante, y en cambio, no captaras algo tan evidente que se desarrollaba delante de tus narices —indica su amigo riendo.
—Eso mismo le dije yo después —añade divertida—, saltaba a la vista que no te apetecía en absoluto irte con ellos a esquiar.
—Perdonadme por no ver las señales —ironiza Román alzando las manos— estaba muy ocupado intentando que Silvia no envenenara a Sara.
—Jaime —le dice muy seria—, no entiendo cómo tuvo el descaro de presentarse sin ser invitada. Dio la sensación de que lo hizo, por el simple placer de poner a Sara en un aprieto. Por no hablar del día que se presentó en el hotel para montar aquel escándalo con sus amigas.
—Espero que no vuelva a hacer ninguna tontería, pues no lo voy a tolerar.
—Creo que actúa así porque está celosa —Yuri asiente mientras habla su marido—, no le encuentro otra explicación. Sara también debió darse cuenta, ya que la puso en evidencia.
—Esa teoría es muy buena —comenta Yuri mirando a su marido—. Yo pienso igual. Al principio me pareció descabellada, pero analizándola detenidamente, tiene mucho sentido.
—Cariño, ¿ves cómo hay algunos detalles en los que sí me doy cuenta? —afirma muy sonriente.
—No tiene sentido que actúe así, ¿qué pensaría Alfredo si llegara a enterarse? —alega algo preocupada—. No quiero ni imaginar el disgusto que se llevaría.
—De ser así, sería un problema de ella, no mío —interviene Jaime en tono circunspecto—. No voy a consentir que se crea con derecho a meterse con las personas que me importan.
—Jaime, ¿hasta qué punto te importa Sara? —le pregunta Román mirándolo fijamente.
—Hasta el punto de que es la madre del chico que está saliendo con mi hija. ¿Te parece poco?
—Sí, ese es un motivo de peso, pero creo que no es el único. Parece que esa mujer te interesa también por otros motivos —insinúa sonriendo de medio lado.
—Oh, Jaime —sugiere Yuri—, sería maravilloso que tú y Sara…
—Tranquilizaos, y no os hagáis ideas equivocadas —la interrumpe—, entre ella y yo no hay nada de eso que estáis pensando.
—Te conozco desde hace más de cuarenta años —le dice su amigo poniendo una mano en su brazo—, y creo que merezco que me cuentes la verdad.
Además, eres el responsable de que esté con la mujer más maravillosa del mundo.
Te empeñaste en presentármela a pesar de mi negativa inicial, y menos mal que no me hiciste caso —cuenta mirando a su mujer con complicidad—.
Ahora llega mi turno de decirte, que estoy convencido de que Sara es la mujer perfecta para ti.
—Anda, no me jodas. Perdón por la palabra —replica mirando a Yuri—, sabes que las circunstancias no son las mismas.
—Cuéntanos por qué —sugiere mirándolo, muy interesada—. Danos una sola razón.
—Mira, Yuri, os voy a dar tres razones: La primera —empieza a enumerar con los dedos—, es la madre del novio de mi hija.
La segunda, solamente me interesan las relaciones de una noche y poco más, por eso no es compatible con la primera razón.
Y la tercera es… que a esa mujer tampoco le intereso lo más mínimo.
—No era del todo real, pero prefería dejarlo así—.
Y con esta última, queda descartada la primera y la segunda razón.
En definitiva, lo que os quiero aclarar, es que entre esa mujer y yo no puede haber ni habrá nada de eso que estáis pensando —concluye usando las mismas palabras que Sara le dijo.
—No me convencen tus argumentos —reitera alzando los hombros—. Si quieres que sea franco contigo, el otro día en tu casa, parecías un lobo a punto de saltar a la yugular de Silvia. Esa actitud fue bastante evidente.
—Lo habría hecho igual si hubiera insultado a cualquiera de vosotras —menciona mirando a Yuri.
—No me lo recuerdes. No sé cómo estáis aguantando tanto tiempo como socios.
—En el trabajo es distinto, siempre hemos formado un buen equipo.
—Disculpadme un momento —se excusa levantándose algo apurada— tengo que llamar a esta hora a mi madre.
—Ahora que estamos solos, dime la verdad —inquiere Román mirando a su amigo—, ¿hay algo entre Sara y tú?
—No hay nada —asegura Jaime mirando hacia otro lado—. Simplemente, una tensión sexual que me lleva de cabeza.
—Vamos, que quieres acostarte con ella a pesar de todas las excusas que te estás poniendo para no hacerlo, y así comprobar si solamente se trata de un calentón, o de algo más serio —explica riendo.
—Lo has descrito perfectamente. —Con él no le importa sincerarse, ya que lo considera como un hermano.