La esencia del bambú Capítulo 19 #2
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Capítulo 19 #2

Como no hace demasiado frío ha decidido salir a correr por la playa, necesita quemar un poco de energía, y de paso calmar los nervios.

Se ha puesto los auriculares, y escuchando la música de Tracy Chapman, va recorriendo la playa tratando de no pensar en nada. De pronto su teléfono empieza a vibrar.

—¿Se te ha perdido algo a estas horas? —le dice a Jaime sin detenerse.

—Me alegra saber que te preocupas por mí. Creía que a estas horas no estabas trabajando.

—No estoy trabajando, he salido a correr por la playa. —«Otra vez dándole explicaciones», se regaña a sí misma.

—Supongo que irás con alguien.

—Conmigo misma. Me gusta ir sola para que nadie me distraiga.

—No son horas para que vayas por ahí tú sola. La playa no es precisamente un lugar muy iluminado —le dice molesto.

—No pasa nada, hay mucha gente haciendo lo mismo que yo. —La sorprende que se muestre preocupado por ella.

—No me dejas muy tranquilo, la verdad. —No entiende por qué acaba de decirle eso.

—Salir a hacer ejercicio es medicina para mí, y hoy necesito desconectar.

—¿Te ha ocurrido algo? —pregunta en tono preocupado.

—No, nada diferente a otros días —decide mentir—, pero salir un rato, hace que me vaya a dormir más tranquila.

—Pues si quieres dormir tranquila hay otras maneras —gruñe cabreado.

—¿Qué insinúas? —indaga más cabreada que él.

—Tómate una infusión, o haz un poco de yoga. ¿Qué creías que te iba a decir? Siempre piensas lo peor de mí.

—¿Me has llamado para cuestionar mis actos? Pues ya puedes ir cortando la llamada porque no necesito que me toques las narices hoy.

—Dime qué te ha pasado —intuía que había una razón y ha suavizado el tono—. Ya sé que no soy santo de tu devoción, pero a lo mejor te puedo ayudar.

—No ha pasado nada. —Respira más calmada—. Mucho trabajo, nada más.

Él sabe que miente, pero también sabe que no se lo va a contar, así que decide no insistir.

—Te llamaba para ver si puedes organizar una cena para pasado mañana. Entiendo que es demasiado precipitado, pero acabo de enterarme de que un cliente muy importante se va a jubilar, y se me ha ocurrido organizar una cena en su honor.

—¿No puedes buscar algo en Madrid? —pregunta muy sorprendida.

—El cliente vive en Marbella, y la mayoría de sus amigos también viven relativamente cerca. Seríamos treinta y dos para cenar, pero si no puedes, no pasa nada. Intentaré buscar otro sitio.

—Ahora no tengo la agenda delante, por eso no sé si puedo hacer un hueco en alguno de los salones. —Da un suspiro—. Te llamo mañana y te digo algo. Aunque no te prometo nada.

—Gracias, comprendo que te estoy pidiendo demasiado, por eso te lo agradeceré igualmente, pase lo que pase —sonaba sincero.

—Mañana hablamos, ahora voy a seguir corriendo un rato más.

—Por favor vete a casa, ya no son horas de ir sola por la playa.

—Vas a conseguir que me crea que te preocupas por mí —dice sonriendo.

—Pues, aunque no te lo creas, me preocupa más de la cuenta que seas tan inconsciente —le dice en tono seco a modo de despedida.

Sara se ha quedado mirando el teléfono, estupefacta. «¿Cómo puede ser tan cretino?». Ha estado tentada de llamarlo para decirle cuatro cosas, pero se lo ha pensado mejor y se ha puesto a correr, pero en dirección a su casa. No quiere pararse a pensar por qué ha decidido hacerle caso.

Jaime se ha cabreado, pues esa mujer tiene el poder de sacarle de sus casillas, sin proponérselo siquiera.

«¿Cómo se le ocurre salir a esas horas por la playa?», rumia mientras se mete en la ducha. «¿No puede comprarse una cinta para correr? Cuando hable con Alberto se lo voy a decir de forma sutil». «¡Qué cojones!, se lo diré abiertamente».

Después de desayunar con sus amigas en la cafetería del gimnasio, se ha ido directamente a su despacho para mirar la agenda. Anoche le costó mucho dormirse, los acontecimientos del día aún daban vueltas en su mente. Ahora a la luz del día las cosas se ven de un modo menos violento.

Se ha propuesto no darle mayor importancia al beso de Antonio, porque no sintió nada. Por lo tanto, no había nada que hiciera peligrar la promesa que le hizo a Yago en su día.

Él necesitaba encontrar una mujer para continuar con su vida, y eso tenía que entenderlo, aunque le doliera.

—Hola, buenos días, ¿estás muy ocupado? —le saluda en tono formal.

—Hola, Sara, para ti siempre tengo tiempo. —Jaime se sorprende al escuchar su voz—. ¿Hay posibilidades de celebrar esa cena?

—Sí, he conseguido hacer unos cambios y os puedo poner solos en un salón —cuenta mientras juega con un mechón de pelo—. Ya me dirás el tipo de cena que queréis, a la hora que vais a venir y el número exacto de comensales.

—Me alegro mucho de que hayas podido arreglarlo —comenta visiblemente satisfecho—.

Somos treinta y cuatro personas; acaban de confirmarme dos más.

El menú lo dejo a tu elección, confío plenamente en tu criterio y, además, no quiero que repares en gastos; la hora, si te parece bien a las nueve, por nosotros no hay ningún inconveniente.

Cuando acabe todo, me pasas a mí la factura.

—De acuerdo, ya he tomado nota, hablaré con el jefe de cocina y le diré que os prepare algo especial. Quédate tranquilo, porque es el mejor —añade en tono formal.

Hablaron durante un rato ultimando algunos detalles y al final se despidieron sin pelearse.

El resto del día fue bastante estresante.

Tenía que asistir a tres reuniones y, por si fuera poco, tenía otra reunión extra con el jefe de cocina para hablar del menú de la cena de Jaime.

No ha querido confesarle que, si se lo hubiera pedido otra persona, se habría negado en rotundo sin mirar la agenda siquiera.

Dadas las fechas que eran, y encima, con veinticuatro horas de tiempo para organizarla era bastante complicado, ya que lo tenían todo reservado desde hacía mucho tiempo.

Pero algo en su interior la había impulsado a hacer varios ajustes hasta conseguir un espacio privado para que Jaime pudiera celebrar esa cena.

Ya analizaría otro día por qué se había sentido tan reconfortada al haber podido arreglarlo.

De momento, se conformaba pensando que era por tratarse del padre de Blanca.

Antonio la ha llamado a media mañana para disculparse por su comportamiento, y ella lo ha tranquilizado restándole importancia a lo sucedido, y asegurándole de que su amistad no va a cambiar por ese hecho.

Aprovechando la ocasión le ha rogado que no insista, puesto que su relación siempre será como hasta ahora.