La esencia del bambú Capítulo 17 #2
41%

Capítulo 17 #2

Sara sabe que él trata de provocarla continuamente, pero no piensa caer en su trampa.

—Vaya, eres una caja de sorpresas.

—Si no llevaras la escopeta cargada contra mí cada vez que nos vemos, descubrirías cómo soy.

—Ah, un auténtico caballero —lo corta y añade con sorna—, pero de cartón piedra.

—Admito que al principio pensaras mal de mí, pero ahora que ya se han aclarado las cosas, sigues estando a la defensiva conmigo.

—No me negarás que te gusta mucho hacerme rabiar.

—Sería absurdo negarlo —le gustaba más de la cuenta, y hacerla rabiar también—, pero eres muy buena defendiéndote, y eso es un desafío muy tentador para mí.

—Anoche hablé con Blanca y Alberto —decide cambiar de tema porque no le gusta el rumbo de la conversación—.

Me han comentado que van a dar clases de español a unos niños que viven en el mismo edificio, para sacarse un dinero extra.

Me ha dicho tu hija que te lo había contado.

Particularmente pienso que les va a venir muy bien, de ese modo, le van a dar más valor al dinero, aunque no trato de decir que sean unos malcriados.

—Sé lo que quieres decir, y estoy de acuerdo contigo. Sabemos perfectamente que no les hace falta trabajar a ninguno de los dos, pero es bueno que hayan tenido la iniciativa.

Han seguido un rato hablando de sus hijos y el viaje en coche está siendo entretenido. Ambos están hablando sin discutir, pero el buen rollo no dura mucho, ya que Jaime ha decidido volver a pinchar un poco a Sara.

—¿Ves como no te engañé? —Ella lo mira interrogante—, hemos quedado a comer para hablar de nuestros hijos y eso estamos haciendo.

—Sí, pero la conversación la he empezado yo.

—Es que te has adelantado, iba a preguntarte si habías hablado con ellos y no me ha dado tiempo. Se nota que tienes muchas ganas de hablar conmigo, no trates de disimular.

—Tengo ganas de otra cosa, pero mejor me lo callo, porque creo que sería delito decirlo en voz alta.

Jaime está más a gusto de lo que está dispuesto a admitir, mostrarse borde con ella le encanta, por no hablar de sus pecas que lo llevan de cabeza.

Como el día ha amanecido un poco nublado, han preferido comer en el salón principal. Mientras esperan a Carmen y a su marido, van a tomar un vermut sentados cómodamente frente a la chimenea.

—Sara, no me cansaré de agradecerte la bonita cena que organizaste —le dice Yuri poniendo una mano en su brazo—. Hemos asistido a muchas, pero esta es con diferencia la mejor.

—Gracias, me alegro de haber acertado. La verdad es que la preparé con mucho cariño, pero el mérito no es sólo mío. Estoy rodeada de verdaderos profesionales, y eso también es esencial.

—¿Sueles preparar muchas? —pregunta Jaime muy interesado.

—Continuamente, eso también forma parte de mi trabajo.

Intentamos que no sean demasiadas, ya que requiere de mucha organización.

Por ejemplo: en la cena de la otra noche, las medidas de seguridad fueron tremendas y el alojamiento para la mayoría de los invitados no fue nada fácil porque siempre tenemos las reservas prácticamente al completo.

Es difícil planificar si no es con mucho tiempo de antelación.

También hay que tener en cuenta el tipo de comida que hay que preparar, puesto que vinieron personas de varios países y cada uno tiene gustos totalmente distintos.

—Razón demás para agradecerte lo bien que estuvo todo, a pesar del poco tiempo que tuviste para organizarla.

—Es lo menos que podía hacer por vosotros después del gran favor que le habéis hecho a nuestros hijos.

No obstante, me gustaría deciros que lo habría hecho exactamente igual, aunque no les hubierais dejado el apartamento.

Además, fue un honor para nosotros poder organizarles aquella cena a los embajadores.

—No queremos que nos agradezcas nada, Jaime es como un hermano para mí —cuenta Román mientras echa un tronco al fuego—, y él ya nos compensa sobradamente.

—Bueno, él por su parte puede hacer lo que quiera, del mismo modo, yo haré lo que esté en mi mano por vosotros.

—Por favor, vamos a dejarnos de agradecimientos que ya están entrando por la puerta Carmen y Eduardo —corta Jaime mientras se levanta para recibirlos.

—Hola, qué alegría veros —saluda entrando apresuradamente, repartiendo besos y abrazos—. Sentimos llegar tarde, la carretera iba hasta arriba de coches. Madre mía, qué gustito da ese fuego, en casa nos da mucha pereza encenderla para los dos solos. ¿Hace mucho que estáis esperando?

—No, pero vamos a darnos prisa. Sara dispone de poco tiempo antes de volver al trabajo.

—Entonces no se hable más, disculpadme, voy un momento al baño.

—¿Qué tal estás? —la saluda afectuosamente Eduardo—, hacía tiempo que no nos veíamos.

—Sí, el tiempo pasa volando, y estos días estoy más ocupada de lo normal.

—Nosotros también tenemos un montón de trabajo. Parece que todo el mundo quiere firmar hipotecas y testamentos antes de que entre el nuevo año.

—Bueno —le dice Carmen sentándose a su lado—, ya tenía ganas de verte para ponernos al día.

—Nada nuevo que contar desde la última vez que nos vimos. Vosotros en cambio estaréis contando las horas —ella la mira interrogante—, me dijo Blanca que vuestra nieta puede que nazca el día de Reyes.

—Ah, eso sí que es verdad. —Sonríe poniéndose una mano en el pecho— Teresa, va a formar parte de los Montenegro muy pronto, los médicos ya se lo han confirmado a la feliz pareja .

La pena es que viven demasiado lejos y no vamos a poder malcriarla mucho.

Según tengo entendido, ese es el papel principal que desempeñamos los abuelos.

Después de las felicitaciones, Sara se ha sorprendido cuando Jaime, de forma descarada, le ha pedido a su hermana que fuese a la cocina para ver si le daba el visto bueno al vino que había escogido, momento que ha aprovechado para quitarle el sitio y sentarse a su lado.

Parece que solamente ella se ha dado cuenta de ese detalle porque nadie ha dicho nada, ni siquiera Carmen, que ha vuelto de la cocina y se ha sentado junto a su marido como si tal cosa.

Mientras todos hablan de sus planes para Navidad, se ha fijado en la bonita decoración de la mesa redonda donde han empezado a sacar la comida.

Unas coloridas flores naturales adornan el centro de la mesa.

También la cristalería y la vajilla son de un gusto exquisito, por no hablar de la mantelería de lino de color blanco con flores bordadas en el mismo color.

Sin duda, una mesa preparada con mucha elegancia.

Ha sonado el timbre y Jaime se ha quedado extrañado pues no tiene ni idea de quién puede ser, ya que no espera a nadie a estas horas.

—Hola, confío en no haber llegado demasiado tarde. Siento no haber podido avisar, pero cómo soy prácticamente de la familia no lo he considerado necesario.

De pronto todo el mundo se ha quedado mudo ante la presencia inesperada de Silvia.

—¿Qué haces aquí? —le dice Jaime intentando no sonar molesto.

—Es evidente, que venir a comer a casa de un buen amigo que no ha tenido el detalle de invitarme, a pesar de saber que estoy sola.

—Mira a Sara descaradamente—. Parece mentira que se te haya olvidado con las horas que pasamos juntos al cabo del día.

He tenido que tomar un avión en el último momento.

—Precisamente porque te veo demasiadas horas al día, quería desconectar de ti. Pero bueno, ya que has venido, voy a pedirle a Alicia que ponga un cubierto más.

—No es necesario ya se lo he dicho yo —dice dejando el bolso en el sofá.

—Ven a sentarte aquí —le pide Carmen tratando de aligerar el ambiente—Me acerco un poco a Eduardo y así te pones con nosotros.

—Gracias, pero hoy me apetece sentarme al lado de Sara, ya que a vosotros os veo más a menudo.

—Carmen tiene razón, siéntate a su lado. Desde ahí también puedes ver a Sara, si tanto te apetece hablar con ella —interviene Jaime muy serio.

Parece que el buen ambiente ha sido barrido como una hoja seca ante un golpe de viento. El descaro de Silvia ha caído como un jarro de agua fría para todos, y especialmente para Sara, que no sabe cuánto tiempo va a aguantar sin contestar.

Durante los primeros tres cuartos de hora las conversaciones han transcurrido en aparente armonía.

Yuri y Román han estado sacando temas variados, y eso está consiguiendo que la comida se esté desarrollando en un ambiente muy agradable; bien es verdad, que los demás han hecho un pacto “no escrito” para proteger a Sara de Silvia, que, a pesar de haberse mostrado muy comunicativa con todos, nadie se fía de ella, dado que no deja pasar la ocasión de intentar ponerla en situaciones incómodas.

—Jaime, aún no me has confirmado si nos vamos a ir a Andorra para Fin de Año. Estaría muy bien pasar esos días en la nieve.

—Silvia, ya te dije que este año me apetece quedarme aquí —Se lleva la copa de vino a los labios para ganar tiempo—, lo tengo decidido.

—Siempre lo hemos pasado muy bien juntos, formamos un buen grupo Alfredo tú y yo. Bueno —añade sonriendo de medio lado—, y si traes a alguna amiga de las tuyas, también será bienvenida como siempre.