Capítulo 15 #3
—Sindy, no teníamos ni idea, es muy triste lo que nos has contado.
Es difícil imaginar el calvario que has vivido todo este tiempo.
No tengo hermanas, pero si me hicieran eso, entiendo que no podría perdonar semejante afrenta.
Podías habernos dicho esto antes, así no te habríamos dado la lata todos estos años.
—Rocío, no suelo ir aireando mis penas, sin embargo, hoy me he decidido a contaros las razones por las cuales prefería estar sola.
Sé perfectamente, que si me presentara en casa de mis padres se pondrían muy contentos, pero también soy consciente de que la conversación se tensaría de tal modo, que al final acabaríamos todos lanzándonos reproches, y mucho me temo que siempre serían tres contra mí.
Por eso hace tiempo decidí, que el que no me aporta…
lo aparto — explica haciendo un gesto con la mano.
—¿Puedo hacerte una pregunta muy personal? —inquiere Sara con cautela.
—Adelante, hoy es el día de las confesiones, pero mañana no quiero oír hablar más de mi vida, que os quede muy clarito .
—De acuerdo. Me gustaría saber, si la razón por la que no quieres tener ninguna relación seria con los hombres tiene algo que ver con lo que te sucedió.
—Creo que tú misma me has hecho la pregunta y a la vez te has respondido.
—Que te saliera mal una vez, no quiere decir que vaya a ser siempre igual. Tienes que darte la oportunidad de volver a intentarlo.
—Eso también te lo podrías aplicar tú.
—No es lo mismo. —Alza el mentón.
—¿No?, pues dime dónde está la diferencia. —Entrecierra los ojos.
—Pues hay varias, pero ahora no voy a enumerarlas todas.
—Lo que yo decía: “Consejos vendo, pero para mí no tengo".
El viernes a primera hora sale con destino a Madrid en el primer tren.
A pesar de la semana tan dura de trabajo que ha tenido, se siente muy orgullosa, ya que ha completado el informe con la satisfacción de haber logrado su objetivo.
Espera que su jefe valore positivamente todas las ideas que ha planteado para el nuevo hotel.
Aún tiene tiempo de sobra hasta la hora de comer con él, así que ha preferido pasear por El Retiro para tomar un poco el sol, y de paso, relajarse antes de la reunión.
De pronto le suena el móvil, y al ver de quién se trata, decide sentarse en un banco para contestar.
—Hola, ¿no me digas que aún te sigue doliendo la espalda?
—No, estoy prácticamente recuperado gracias a ti.
—Me gusta escucharte decir que ha sido gracias a mí —confiesa riendo.
—Te llamaba para ver si podemos quedar para cenar; ayer hablé con Blanca y me dijo que hoy llegabas a Madrid.
—Bueno, se trata de un viaje de trabajo —tiene que negarse a toda costa— Quizá en otra ocasión.
—Esta noche paso a recogerte, doy por hecho que te alojas en el hotel de siempre.
—Jaime, no puedo ir a cenar contigo —le dice cabreada—. ¿No me escuchas cuándo te hablo?
—Yo creo que la que no escuchas eres tú. He dicho que paso a recogerte a las ocho y media. Sé perfectamente que solamente tienes una comida de trabajo. ¿Qué problema tienes para no querer cenar conmigo? Solo quiero agradecerte lo que hiciste por mí.
—No voy a cenar contigo —repite tratando de buscar una excusa sin éxito—no hagas que me arrepienta de haberte ayudado, no me debes nada.
—Ah, me encanta volver a encontrarme con la Sara borde, pero deja de decir que «no» a todo. Vamos a cenar porque fuiste muy considerada conmigo, y lo menos que puedo hacer es invitarte, así que recuerda que a las ocho y media paso a recogerte.
—Supongo que es inútil seguir negándome —acepta resignada.
—Supones bien —se despide con una sonrisa de triunfo.
Sara se ha cabreado consigo misma por no haber ofrecido demasiada resistencia, aunque en el fondo quiere volver a verlo para ver si es verdad que se ha recuperado totalmente.
A la comida de trabajo solamente estaba invitada Sara, un director de marketing , un especialista en tecnología avanzada, dos diseñadores de interiores y cuatro proveedores.
Todo eso la puso muy nerviosa al principio, porque nadie le había dicho nada al respecto.
Su jefe quería ver a cada director por separado y había decidido empezar por ella.
Cada uno tenía que convencerlo de que su proyecto era el más adecuado, así que mostrando su lado profesional se dedicó a exponerles todas sus ideas.
Cuando acabaron de comer siguieron discutiendo hasta media tarde. Sara en ningún momento se dejó intimidar por todos ellos, cuando intentaban ponerle trabas a sus ideas.
Al terminar la reunión volvió en taxi al hotel para darse una ducha rápida y así poder ir a comprarse algo de ropa.
No quería pararse a pensar por qué de pronto le parecía muy importante ir bien vestida a la cena si ya sabía que no era una cita, sin embargo, le sorprendió darse cuenta de que la ropa que había traído no le gustaba lo suficiente.
A las ocho estaba delante del espejo de la boutique que había cerca del hotel. Había elegido una camisa de raso verde oliva y un pantalón negro muy ajustado, con el cual, se sentía muy satisfecha, ya que había encontrado un conjunto que la favorecía.