La esencia del bambú Capítulo 14
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Capítulo 14

Después de todo, la comida ha resultado muy divertida.

Jaime ha contado varias anécdotas del viaje a Manhattan mientras Sara estaba en tensión, por si contaba la noche que pasaron en la habitación del hotel.

Pero al final ha tenido que reconocer que Jaime se ha portado muy bien al no hacer ninguna mención.

Aunque se había hecho ilusiones demasiado pronto.

—Vamos a tomar el café en el salón, que ya empieza a refrescar; le he pedido a Alicia que lo lleve allí.

—Me parece fantástico —dice Carmen mientras abre las cristaleras—, hoy ha hecho una mañana de primavera. Parece mentira que falte poco para Navidad.

—El clima mediterráneo tiene sus ventajas, aún recuerdo el frío que hacía en Manhattan. Creo que todavía no me han entrado en calor los pies desde entonces. Alberto y Blanca dicen que no es para tanto —le va diciendo Sara mientras caminan juntas hacia el salón.

—Allí hace un frío horroroso —comenta Yuri frotándose los brazos—, cuando vamos en invierno, lo primero que hacemos es cargarnos de ropa. Los niños disfrutan mucho patinando en las pistas de hielo, por eso no nos importa estar bajo cero de vez en cuando.

—Sí, el frío era glacial. Cuando llegamos estaban cortadas las carreteras y tuvimos que pasar la noche en el aeropuerto —cuenta Jaime con un brillo de maldad en los ojos—. Bueno, en un hotel del aeropuerto.

—¿Eso es verdad?, no sabíamos nada.

—Sara, creía que se lo habías contado a mi hermana. Parece mentira con lo bien que os lleváis, daba por hecho que ya estaba enterada del calvario que tuvimos que pasar. Menos mal que, después de mucho insistir, pudimos conseguir una habitación para pasar la noche.

—No le di mayor importancia, ya ni me acordaba —añade tratando de mostrarse tranquila.

—¿Tan mal estaban las cosas que no pudisteis salir del aeropuerto? Oh, a nosotros nos pasó hace algunos años y también nos costó muchísimo encontrar una habitación —explica Yuri ajena a lo que estaba a punto de pasar.

—Sí, pero después de todo, el problema se arregló porque conseguí una cama para poder acostarnos los dos —dice con fingida inocencia sin dejar de mirarla.

El silencio que se ha hecho en ese momento solamente ha sido interrumpido por Alicia.

—Les dejo aquí los cafés y ahora vuelvo con el resto de las bebidas.

—Jaime, has dado a entender algo que no fue realmente así —cuestiona Sara tratando de que su voz no delate el cabreo que lleva—. Yo dormí en la cama y tú dormiste en aquel sillón. Fuiste todo un caballero y me la cediste para mí sola —especifica mirándolo con desdén.

—Claro claro. Me alegra que reconozcas el sacrificio que tuve que hacer, no podía dejarte dormir prácticamente sentada.

Aún me duele el cuello por aquel maldito sillón, pero lo volvería a hacer sin dudarlo, pues jamás consentiría que tú durmieras incómoda.

Gracias por reconocer que soy un caballero.

—Sí, Jaime siempre ha sabido tratar muy bien a las mujeres —admite   Román en tono jocoso.

—Eso es cierto. Mi hermano, cuando quiere, es el mejor hombre del mundo.

El ambiente en ese momento se ha relajado, en cambio Sara siente como le hierve la sangre. No entiende cómo pueden decir que es un caballero, y encima, el mejor hombre del mundo.

Por la noche, la conversación con su amiga, gira en torno a la comida que había tenido hacía unas horas.

—Casi me da un ataque cuando todos lo describían prácticamente como si fuera un santo. ¿Te lo puedes creer?  —se lamenta mientras le cuenta a Sindy lo que había pasado en casa de Jaime.

—No me negarás, que un poco divertido sí que es. Me encantan los hombres así de canallas.

—Pues el día que quieras te lo presento y te lo quedas para ti —sugiere, ya que había decidido contarle el incidente del hotel de Manhattan.

—Eso sería fantástico, de ese modo, pasaríamos de ser amigas a ser consuegras —tras ese comentario las dos empiezan a reír.

—Chicas, contadme el chiste para que me pueda reír yo también, no me dejéis así —protesta Rocío entrando apresuradamente.

—Rocío, si no eres puntual, te pierdes lo mejor de la noche.

—Sindy, te voy a dejar a mis “mellis” una temporada a ver si consigues que dejen organizadas sus cosas.

—Uf. —Suspira poniendo los ojos en blanco—. Ella me quiere endosar a su consuegro y tú a tus hijos. A mí dejarme con mi vida, que no quiero complicaciones.

—¿Qué pasa ahora con tu consuegro, tan mal ha ido la comida de hoy?

—Oh, no, qué va. Le estaba contando a ella, lo bien que lo he pasado, por eso, espero no repetir durante una buena temporada.

—No creo que sea para tanto.

—La verdad es que le perdoné un poquito, porque me ha dado las fotos del viaje y son todas preciosas. No voy a torturaros pidiendo que vengáis a casa a ver el vídeo y las fotos algún día, por eso no os preocupéis.

—Pues mira tú por dónde, estamos deseando verlo todo, ¿verdad Rocío?

—Claro que sí. La semana que viene cenamos en tu casa. Quiero ver a ese hombre que, supuestamente —dice haciendo comillas con los dedos—, te amarga la vida.

El lunes llega a Madrid muy temprano. En el último momento, ha decidido ir en tren para estar más descansada. De hecho, se ha quedado dormida mientras iba escuchando música.

Apenas quedan tres horas para la reunión con su jefe. De modo que, sin tiempo que perder se va directa a dejar el equipaje en el hotel, y tras darse una ducha rápida, pide un taxi para ir al restaurante donde han quedado.

Desde que se hizo cargo de la dirección del Torre Nazarí Coast, ha trabajado muy duro para convertirlo en un hotel de referencia para gente muy importante de todo el mundo.

Además, han conseguido varios premios a la calidad e innovación, gracias al equipo de profesionales que trabajan junto a ella cada día para ser los mejores.

Por eso cuando vuelve de la comida, no deja de darle vueltas a todo lo que ha pasado.

Por un lado, está orgullosa de que su jefe les haya pedido que elaboren un proyecto, ya que el nuevo hotel debe cumplir con todos los requisitos necesarios en cada una de las instalaciones; también en equipamiento y demás servicios para poder optar a la máxima distinción, según la regulación vigente.

Por ese motivo ha querido contar con ellos, para que cada uno, en base a sus conocimientos, aporten sus ideas, ya que su objetivo es conseguir que sea un hotel de cinco estrellas de gran lujo.

Por otro lado, le ha puesto muy nerviosa el hecho de haber tenido que discutir con sus compañeros de varios asuntos, dado que estos le daban la razón en todo al jefe.

Ella fue la única que mostró su discrepancia en algunas estrategias a seguir porque las veía totalmente equivocadas. No entendía el servilismo de sus compañeros, si su jefe no tenía razón, ella no iba a dársela.

Esperaba de todo corazón que esas desavenencias no hicieran peligrar su puesto de trabajo.

Así que esa misma noche, con toda la información que tenía, empezó a elaborar lo que ella consideraba las mejores opciones para ofrecerle a su jefe un buen proyecto. Les había dado unos días de plazo, pero cuanto antes lo empezara, mejor, pensaba mientras revisaba la documentación.

A la mañana siguiente, después de una buena ducha y un desayuno ligero, se fue con sus compañeros a ver cómo estaban de avanzadas las obras.

Tuvo que reconocer que el lugar en el que estaba ubicado era hermoso.

La arquitectura estaba en consonancia con el entorno y la estructura era de piedra y madera oscura, dándole un aspecto rústico, pero elegante.

Las habitaciones eran espaciosas con el suelo de madera: unas, tenían el techo abovedado con claraboyas redondas y jacuzzi; otras, tenían un salón con una pequeña cocina y terraza.

Además, contaba con varios jardines sin terminar, pero con un poco de imaginación se podía adivinar que quedarían magníficos.

De igual modo, visitaron los dos espacios donde iban las cocinas: una iba destinada a cocina internacional y otra era para cocina de autor.

Sara iba tomando nota mientras los arquitectos les iban mostrando cada una de las estancias, incluidos tres espacios para reuniones, una cafetería en el interior y otra al lado de una futura piscina climatizada. Sin duda el hotel quedaría precioso.

El domingo por la noche regresó a Málaga con la cabeza llena de ideas, las cuales iban tomando forma en su cabeza, así que en cuanto llegase a su casa quería empezar a detallar sobre el papel, con la mayor precisión posible todo su proyecto para que su jefe lo pudiera estudiar detenidamente.

No podía negar que, a pesar de saber que era una responsabilidad muy grande, en el fondo se sentía muy bien. Era un reto que no le daba ningún miedo.

—Buenos días, Rocío —saluda mirando a ambos lados—. ¡Qué raro que Sindy no esté aquí todavía!

—No creo que tarde —contesta muy seria.

—¿Te ocurre algo?, no me digas que has engordado cien gramos y estás cabreada —bromea riendo.

—Ojalá fuera ese el problema, pero la que sí que va a engordar es la novia de mi ex. La muy golfa se ha quedado embarazada —le dice con los ojos brillantes.

—No sé qué decirte, me has dejado… Eh, me has dejado sin palabras —titubea desconcertada—. Vaya, qué inoportuna ha sido mi broma.

—Hola, ¿y esas caras? Es lunes, pero no es para tanto —las saluda acercándose a ellas.

—Sindy, el tema es grave. Rocío tiene que contarte algo, yo aún no salgo de mi asombro.

—¿Qué te pasa? por favor, dime que no se trata de una enfermedad incurable —exagera poniéndose la mano en el pecho.

—Es incurable, aunque no es ninguna enfermedad.

Más bien es una putada muy muy, pero que muy grande.

Aún no he podido asimilar la traición por parte de mi ex.

Me dejó muy claro que ya no quería tener más hijos, y ahora deja embarazada a la Barbie esa con la que está —se lamenta llorando amargamente—.

El muy sinvergüenza me ha dicho que “ella”, tenía mucha ilusión por ser madre.

—Pues sí que es una putada, la verdad —admite soltando un suspiro.