La esencia del bambú Capítulo 13 #3
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Capítulo 13 #3

—Serían la pareja perfecta.

—Déjalo ya, joder, admite que cada uno ha elegido libremente. ¿Cuándo vas a ver la realidad?

—Te repito que le consientes demasiado a tu hija. Si hubiera querido ser estríper, lo habrías visto maravilloso. —Aprieta los puños muy cabreada—. Ellos estaban destinados a estar juntos y estudiar la carrera de Derecho para continuar con nuestro legado.

—Me parece que estás divagando. Los hechos son los que son: Blanca es abogada y sale con Alberto; y David es periodista y está enamorado de otra mujer. Y ahora si me disculpas, tengo mucho trabajo —concluye saliendo rápidamente, para no seguir discutiendo con ella.

—Chicas, he llevado una semana horrible y no me apetece salir, ¿qué os parece si esta noche pedimos cena en mi casa?, así cuando terminemos me voy directa a la cama.

—Me parece bien —dice Sindy—, así me ahorro de ir a la peluquería. En cuanto termine de hacer ejercicio me lo lavo, y le doy un toque rápido con el secador. Yo me encargo de comprar unos pasteles.

—Por mí también, así voy directamente desde el hospital —aclara muy contenta Rocío—, y de camino a tu casa, compro vino.

—Pues no hay más que hablar, esta noche nos vemos en mi casa.

Cuando llega al hotel se encierra en su despacho para empezar a organizar la agenda del día, pero diez minutos más tarde le llama su jefe para comunicarle que el próximo lunes quiere que esté en Madrid a primera hora, y eso le ha supuesto un poco más de estrés.

Le ha informado de que quiere hablar con ella y dos directores más, y de paso, van a ver cómo avanzan las obras del hotel que están construyendo a las afueras de Madrid.

Para rematar la mañana, la ha llamado Jaime para decirle que el próximo sábado ha organizado una comida con su hermana, su marido, Yuri y Román en la casa de la playa.

Así que, muy a su pesar ha decidido aceptar, puesto que quiere hablar con Yuri de los últimos retoques que faltan para la cena privada con los embajadores europeos.

Por la noche ha podido disfrutar de la compañía de sus amigas, y gracias a ellas y al vino, ha dormido como un lirón toda la noche.

El sábado a primera hora se ha puesto los auriculares para andar un rato por la playa, ya que ha salido una mañana soleada y no hace ni pizca de aire. Mientras va escuchando la música que ha escogido para ese día, no ha podido resistir la tentación de recordar la primera vez que llegó a Málaga.

Lo primero que le gustó, sin lugar a duda, era lo relativamente cerca que estaba su casa del mar. Para Alberto también fue una gran sorpresa, y eso hizo que el cambio de ciudad no les resultara tan traumático.

El mar siempre le da paz, le ayuda a aliviar el cansancio, y además actuaba sobre ella como un tranquilizante natural. Gracias a esos paseos se había ahorrado de tomar toda la vida medicamentos para su tristeza.

Como bien dijo una vez, Isak Dinesen: «L a cura para todo siempre es el agua salada: el sudor, las lágrimas o el mar », piensa mientras camina.

Cuando llega a su casa, aún no ha decidido que ropa se va a poner para ir a la comida; normalmente no tiene ningún problema a la hora de escoger, pero no entiende porque ahora, eso le preocupa cada vez que coincide con Jaime, así que al final ha optado por unos vaqueros ajustados negros y un suéter de cuello alto de color violeta.

El pelo se lo ha recogido dejando unos mechones sueltos, y se ha maquillado lo justo para no llamar la atención.

Antes de salir de casa, se ha propuesto no cabrearse con las provocaciones del anfitrión.

—Buenos días —le dice Jaime cuando la ve entrando al comedor—, llegas a tiempo de tomar un vino con Yuri y Román. Pasa, no te quedes ahí parada.

—Espero que sean buenos días y no me los estropees —responde mientras le da su abrigo a Alicia.

—Oh, cuánto echaba de menos tus cariñosos saludos —ironiza disfrutando sin poder remediarlo.

—Es que no quería defraudarte —responde tratando de no reír.

—Y no lo has hecho en absoluto —susurra acercándose—. Vamos al jardín, que hoy hace un día precioso, y así lo aprovechamos para tomar allí el aperitivo. Mi hermana y mi cuñado aún no han llegado, no creo que tarden mucho.

Jaime no deja pasar la ocasión de hacerla rabiar, así que ha posado su mano en la espalda de Sara notando su tensión al instante. Le ha gustado mucho, quizá demasiado, el hecho de comprobar que aguanta sus pullas mientras ella se las devuelve en el mismo tono.

—Hola, Sara, qué bien que hayas podido venir —dice levantándose para darle un abrazo.

—No quería perderme la ocasión de estar con vosotros —le responde a Yuri mientras la besa—. Es verdad que tengo mucho trabajo, pero estar aquí es un lujo.

—Qué bien que consideres un lujo comer con nosotros.

—Jaime, eso se lo decía a ellos, en ningún momento he pensado en ti —suelta mirándolo de soslayo.

—Me encanta ver lo bien que os lleváis —ironiza Román soltando una fuerte carcajada—. Sara, tengo que confesarte que cada día me caes mejor.

—Gracias por el cumplido. Vosotros dos —señalando a la pareja—, también me caéis muy bien.