Capítulo 12 #3
Aunque Jaime intenta borrarlo de su mente, es inútil.
El simulacro de la noche de Fin de Año que habían celebrado, había sido un poco violento, puesto que, en el momento de darse los besos para celebrar el nuevo año, tuvo un error de cálculo y estuvo a punto de besar a Sara en la boca.
Ambos intentaron fingir que no había ocurrido, y ambos habían fracasado sin remedio, ya que el resto de la velada trataron de evitar mirarse a los ojos.
Ella intuía que lo había hecho a propósito para cabrearla, sin embargo, no fue así.
—Mamá, si estás nerviosa le digo a Jaime que te coja de la mano —le dice cuando nadie los escucha.
—Sabes que te prohibí que le dijeras nada, y me lo prometiste. Fíjate que he venido hasta aquí sin ningún problema, y pienso marcharme igual. No quiero que piense que soy una paranoica. Sé apañármelas perfectamente, no te preocupes.
—Vale, solo quería que no pasaras el mal trago.
—Ya lo sé —suaviza el tono cogiendo su cara con ambas manos—, pero te repito que estoy tranquila y que todo va a salir bien. Anda, dame el último abrazo y quiero que me apretujes bien fuerte.
—Hasta pronto, “reina mora” —se despide dándole un beso.
—Ojalá que fuese muy pronto “pequeño héroe” — solloza sin poder evitar que se le quiebre la voz.
—¡Hola, qué casualidad! —escucha Sara a su espalda.
—¡Álvaro, qué sorpresa!, no sabía que estabas por aquí —exclama desconcertada al verlo.
—Vine a visitar una galería que exponía algunas de mis obras y ya vuelvo a casa —comenta, dándole un beso muy cariñoso.
—Quiero presentarte a Blanca, la novia de Alberto, porque a él ya lo conoces.
—Un placer —afirma besando su mano.
—Oh, qué galán, por fin nos conocemos. Tengo que confesarte, que me encanta el cuadro que le regalaste a Alberto. —Él la mira agradecido.
—Y él es Jaime, el padre de…
—Hola, soy el padre de Blanca —se presenta en tono seco—. Perdonar que os corte, pero no me gustaría perder ese avión.
—Entonces no hay tiempo que perder, yo también voy en el mismo vuelo —informa Álvaro poniendo la mano en la espalda de Sara para empezar a caminar a su lado—. ¿Qué te parece si nos sentamos juntos y así nos ponemos al día?
—Eso suena a música celestial —responde mientras mira por última vez a su hijo a lo lejos.
Jaime se ha sentido desplazado desde la aparición de Álvaro. Del mismo modo, no le ha hecho ni pizca de gracia la forma tan descarada con la que lo han ignorado dejándolo en un segundo plano.
Cuando el avión inicia el despegue, Sara está más tranquila porque Álvaro le ha cogido la mano y no se la ha soltado hasta que el avión ya estaba en el aire.
—Qué casualidad. No me lo podía creer cuando te he visto, no sabes el peso que me has quitado de encima.
—Sabía que volvías en este vuelo —le confiesa muy sonriente—. El otro día estuve cenando con Sindy y me contó que habías venido a ver a tu hijo, así que, lo arreglé para coincidir en el viaje de vuelta contigo.
—Oh, qué bonito detalle por tu parte —menciona muy sorprendida—. Te lo agradezco de corazón.
—Sabes cómo me puedes devolver el favor—añade mirándola con los ojos entornados.
—Eso no va a pasar por muy buen artista que seas. No entiendo la manía que te ha dado en pintarme desnuda —añade fingiendo ofenderse.
—Es que me vuelve loco imaginarte desnuda con esa melena roja sobre los hombros, con los pechos al aire y el…
—Para para, ya me hago una idea de tu fantasía. Pero lo siento, olvídalo, porque eso jamás va a suceder.
—Voy a preguntarle a tu consuegro —dice tratando de levantarse—, me gustaría conocer su opinión. A ver si así le cambia la cara.
—Ni se te ocurra —pone la mano en su brazo impidiéndole hacerlo—. Si te levantas, te mato.
—Vaaale, solo era una sugerencia, estoy convencido de que la idea le gustaría.
—Los hombres sois todos iguales. —Alza la voz riendo.
De pronto le ha venido la imagen de Jaime dándole el beso cerca de la comisura de la boca y el corazón ha empezado a bombearle muy deprisa, como la noche anterior. Por eso ahora estaba vengándose de él ignorándolo durante el vuelo.
—Por cierto, ¿qué tal va la relación con Sindy? —le pregunta para tratar de borrar ese recuerdo.
—Hasta ahora no ha habido ningún avance, ya sabes cómo es; por mucho que yo quiera dar un paso más en la relación, ella se escapa con excusas.
Creo que es mejor así, no quiero presionarla porque se asusta y desaparece.
Como dice la canción de Pablo Milanés: La prefiero compartida antes que vaciar mi vida.
Por cierto, me enteré de que conseguiste verlo actuar.
Yo no tuve esa suerte, no hubo manera de conseguir una entrada.
—Ella no tiene más remedio que reconocer que Jaime consiguió el mejor sitio para ella y eso le hace estar menos enfadada con él.
— No entiendo porque Sindy, se niega a tener una relación estable. Cuando os veo juntos me doy cuenta de que hay algo especial entre vosotros. Siempre que hablamos del tema, se cierra en banda y no consigo que me cuente nada.
—En fin, ella es así y me temo que nadie la va a cambiar, ni siquiera yo.