La esencia del bambú Capítulo 11 #3
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Capítulo 11 #3

—Vamos a casa antes de que nos quedemos congelados. Aún no he conseguido acostumbrarme a este frío. —Sonríe pasándole el brazo por la cintura y empezando a andar—. Mamá, espero que te hayas traído mucha ropa de abrigo.

—Sí, no te preocupes —bajando la voz, le pregunta—. ¿Es cierto que tengo muy roja la nariz?

De pronto escucha una fuerte carcajada a su espalda, dándose cuenta demasiado tarde de que Jaime estaba escuchando la conversación.

—No mamá, solo un poco —añade intentando aguantar la risa.

Cuando entran en el apartamento con las maletas, Sara se queda muy sorprendida por lo amplio que es.

Tiene tres habitaciones, un gran salón con cocina americana y dos cuartos de baño.

Aparte hay un balcón acristalado con una mesa y seis sillas de madera con cojines de vivos colores.

También había varias jardineras con arbustos, además de que el suelo de piedra y la pequeña fuente en la pared, le daban un toque perfecto.

—Qué bonito es —comenta Sara cuando sale de la habitación que va a ocupar.

—Sí, la verdad es que estamos muy a gusto. Román y Yuri se han portado muy bien con nosotros —le cuenta cuando se sientan las dos en un sofá de color avellana—. Nos hemos permitido poner algunas cosas a nuestro gusto para sentirnos más cómodos.

—Han sido verdaderamente generosos, hablé con ellos en privado y no han querido ni oír hablar de pagar el alquiler.

—Mi padre y Román son como hermanos. No te preocupes. Además, mi padre jamás le ha cobrado nada de todos los temas en que lo asesora, así que, de alguna manera, están en paz.

—Bueno, ahora que ya estamos instalados, ¿qué os parece si brindamos? —sugiere el abogado saliendo de su habitación.

—Papá, me parece una idea estupenda, voy a sacar unos aperitivos.

—No, tranquila, he traído algo que sé que os gustará —asegura alzando dos envases—. Mientras viene Alberto vamos a ir destapando estas delicatessen españolas.

—Ay, ¡no me digas que has traído jamón, vaya sorpresa! —exclama en tono alegre—. Voy a por las copas y unos platos.

—¿Por qué no me habías dicho nada? —le pregunta Sara algo molesta.

—Me apetecía muchísimo daros la sorpresa a los tres —la anima dándole un trozo de jamón—. Anda cómetelo, así de paso, tienes la boca ocupada y dejas de quejarte.

—Uy, qué gracioso, deja que me ría —protesta mientras se come el jamón— te perdono porque está buenísimo. Sin embargo, siento decirte que no eres el único que ha pensado en traer a escondidas entre la ropa un pequeño manjar, —sonríe con malicia.

Jaime se ha quedado sorprendido cuando la ha visto sacar de una bolsa un paquete envasado al vacío con queso. Al ver el gesto de ella levantando las cejas no ha podido resistirse a reír a carcajadas. Así los encuentra Alberto cuando llega de la calle de comprar pan.

—Vaya, voy de sorpresa en sorpresa. Siento que este va a ser el mejor cumpleaños de mi vida.

A Sara ese comentario le ha dolido, pero trata de disimular, ya que entiende que es fruto de la alegría del momento. «Para, por favor», se recrimina mentalmente—. «Ahora son días para disfrutar junto a mi hijo y debo alejar cualquier pensamiento negativo».

—¿Qué os parece si esta noche vamos a ver un musical?

—Blanca, que pena que no lo hubieras pensado antes, las entradas hay que sacarlas con varios días de antelación.

—¿Y qué te hace pensar que no ha sido así? —insinúa entornando los ojos.

—Lo que yo decía, este es el mejor cumpleaños que he tenido. Bueno, el mejor no sé, pero el más especial desde hace mucho tiempo, sí. —Sonríe mirando a su madre.

—Ha sido una noche estupenda, nunca me habría imaginado que un musical me iba a gustar tanto —comenta Sara mientras caminan.

—¿Es la primera vez? —le pregunta Jaime.

—Sí. Al teatro he ido muchísimas veces porque me encanta, en cambio, un musical no entraba dentro de mis prioridades. Pero esta noche he cambiado de opinión, pienso repetir si se da la ocasión.

—Me alegro de haber acertado —le dice su nuera dándole un abrazo.

A Jaime no le ha pasado desapercibido el cariño que le tiene su hija, tiene que reconocer, muy a su pesar, que ambas se llevan estupendamente.

Esa mujer cuando quiere sabe mostrarse afectiva y encantadora, faceta que a él no le desagrada.

Aunque la mujer borde y enfadada, tampoco está nada mal, a pesar de sacarlo de sus casillas continuamente.

—¿Qué os parece si continuamos con los tópicos y nos comemos una hamburguesa?

—Me niego en rotundo a comer esa porquería -—se queja mirando a su yerno— . Después del jamón “pata negra”, el queso de tu familia, y el vino de Alicante tan bueno que nos hemos tomado esta tarde, sería un sacrilegio acabar comiendo una hamburguesa.

—Papá, te aseguro que estas son muy buenas. Ya verás cuando las pruebes como cambias de opinión. Alberto tiene razón, no tienen nada que ver con esas que se anuncian por todas partes.

—Sara, tienes que apoyarme en esto, solamente me quedas tú.

—Siento dejarte solo. Es una pena lo sé, pero me uno al enemigo. —Ese comentario hizo que todos empezaran a reír.