La esencia del bambú Capítulo 8 #3
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Capítulo 8 #3

—Cierra la puerta, por favor y siéntate —agrega en tono neutro—.

Mira Silvia, no sé a qué estas jugando, sin embargo, voy a advertirte de que, si no retiras la denuncia, tú y yo vamos a tener un serio problema.

—Ella iba a protestar, pero él la detiene con la mirada—. No quiero tener que repetírtelo.

—Parece ser que mi denuncia te duele más, que el hecho de haber sido agraviada por un trabajador de ese hotel.

—Tú y yo sabemos que eso no fue así. —Ocurrió al revés, pero de momento no iba a decirle que lo sabía—. Por lo tanto, espero que esta mañana sin más demora lo soluciones.

—Vaya, le ha faltado tiempo para llamarte —asevera con voz afilada—.  Si no fuera la directora de ese hotel esa imbécil, estoy convencida de que no pondrías ninguna pega.

—Me importa una mierda quién es la directora de ese hotel —informa alzando un poco la voz—. He dicho que quites esa denuncia y dejes las cosas tal y como estaban antes. Ese chico no es culpable más que de haber estado ese día haciendo su trabajo.

—No intentes venderme que lo haces por mi agresor, más bien lo haces por ella.

—Ella, como tú la llamas, no ha tratado de convencerme de nada. —La mujer lo mira escéptica—. Piensa lo que quieras, pero haz lo que te he dicho.

—No lo voy a hacer —protesta mirándolo desafiante—. Dar marcha atrás significa que estoy mintiendo, y no es así. Además, tengo pruebas y dos testigos.

—Esas pruebas no tienen ningún fundamento, y tus dos testigos no van a hablar en tu favor.

—Lo harán. Te aseguro que no se van a echar atrás —afirma retándolo con la mirada.

—O te ocupas tú de solucionarlo, o lo haré yo —declara cambiando el tono de voz por uno más suave—.Aunque quizá sea mas sensato dejarlo para  mañana, y entre otras cosas, le aclaras a tu marido la verdadera razón por la cual ese masajista te llamó “loca pervertida”.

Almudena le confesó a Jaime que Silvia la había sorprendido siendo infiel a Carlos, de ahí que se sintiera obligada a seguirle el juego. Jaime por su parte, la tranquilizó prometiéndole que no la delataría. No le confesó que él también podía chantajear a Silvia por el mismo motivo.

Media hora más tarde, la abogada salió del despacho de Jaime muy cabreada, pero con la firme promesa de quitar la denuncia esa misma mañana.

Al llegar la noche, se sentía más tranquilo ya que la denuncia había sido retirada. Además, habían acordado un pacto de silencio por ambas partes, y por supuesto, la reincorporación inmediata del trabajador.

Silvia estaba que se subía por las paredes, pero eso a él le traía sin cuidado.

De pronto le suena el teléfono sacándolo de sus pensamientos, y al ver de quien se trata, le da mucha alegría, pues hacía días que no hablaba con su hija. Esperaba de todo corazón que Sara no les hubiera contado nada.

—Hola, cariño ¿qué tal van las cosas por ahí? —pregunta con cautela.

—Muy bien, papá, aunque podrían ir mejor.

—¿Te ocurre algo? —sondea incorporándose del sillón, pensando en que sí se habían enterado.

—No es nada malo, en realidad te llamaba para decirte que tenemos pensado celebrar la Navidad con unos amigos en su rancho de California. Creía que ya lo sabías, y me extrañaba que no me hubieras llamado.

—¿Por qué iba a saberlo?

—El otro día, Alberto se lo dijo a su madre y daba por hecho que ella lo habría comentado contigo.

—No me ha dicho nada. Sin duda alguna, pensó que era cosa tuya decírmelo —le ha tranquilizado comprobar que Sara no les había contado el incidente—lo que necesito saber es, ¿por qué, es más importante pasar la Navidad con unos amigos antes que con tu familia?

—Papá, por favor. Esto es una experiencia nueva, las Navidades con vosotros las podemos pasar el próximo año, en cambio ahora nos gustaría disfrutarlas con ellos. No quiero que te enfades.

—¿Sara qué opina de esto? Y te ruego que no me mientas. —Imaginaba la respuesta.

—Bueeeeno, en realidad, en un primer momento, no se lo ha tomado nada bien. Aunque al final no le ha quedado otro remedio que aceptarlo.

—Supongo que no te puedo convencer de que las paséis aquí —dice dando un suspiro.

—Ahora bien, tengo una idea, que estoy convencida de que podría arreglar la situación.

—Dime, ¿qué estas tramando? —le pregunta desconfiado.

—Verás —carraspea aclarándose la garganta—, el ocho de diciembre es el cumpleaños de Alberto, y me gustaría darle una sorpresa muy especial.

Por eso, he pensado que sería fantástico que vinierais Sara y tú sin que él sepa nada.

De ese modo, podemos celebrar también las Navidades por adelantado los cuatro juntos.

E incluso, celebraríamos Acción de Gracias ya que, como bien sabes, es un día muy importante para los americanos. ¿Qué te parece mi idea?

—Me parece un planteamiento horrible, así que olvídalo porque no me vas a convencer. Y dudo mucho de que Sara acepte esa locura —cuestiona en tono seco.

—Papá, sería una forma de pasar la Navidad juntos. Por favor, piensa que hace tiempo que no nos vemos —trata de convencerlo dulcificando su tono de voz.

—Si tantas ganas tienes de verme —le responde cabreado—, ven a pasar la Navidad aquí y la disfrutamos como es debido. Además, quiero que entiendas que a mí, el día de Acción de Gracias, no me importa en absoluto. De manera que no cuentes conmigo.