Capítulo 7 #2
Yago siempre cambiaba el nombre de “Yolanda” por el de “Sara”, cada vez que escuchaban esa canción.
Aquel recuerdo ha sido demasiado insoportable, así que se ha levantado dispuesta a marcharse de allí rápidamente.
Lo que no esperaba es que Jaime se lo impidiera, agarrándole de la mano para detenerla.
—Ni se te ocurra, siéntate —le increpa mirándola muy serio.
—Deja que me vaya, necesito salir de aquí, me falta el aire —suplica tratando de llenar sus pulmones.
—Siéntate, por favor —ha decidido hacerla rabiar para que se siente—, he tenido que pedir muchos favores para conseguir las dichosas entradas. —Lo mira horrorizada—. Es de mala educación irte a mitad de concierto.
—Deja que me vaya —repite en tono abatido—, no me encuentro bien.
—Eres muy desconsiderada con el regalo que te han hecho nuestros hijos.
Sé que te encuentras perfectamente. —No era cierto porque veía el sufrimiento en su mirada, pero tenía que conseguir que venciera ese miedo— Sara, no busques más excusas absurdas y vamos a quedarnos hasta que termine el concierto.
Quizá no se te presente otra oportunidad de verlo en directo, y además tan bien acompañada.
Esas palabras han sido suficientes para que se sentara mirándolo con aversión. Él, por su parte, se ha sentido muy satisfecho, porque ha logrado convencerla, aunque fuera de un modo cruel.
Después de todo, la música no está resultando tan mala como él pensaba, y eso ha hecho que ni siquiera se haya dado cuenta de que su mano seguía aferrada a la de ella hasta que el concierto ha terminado.
Sara, en cambio, sí que había sido consciente de ese hecho, pero en ningún momento hizo ademán de soltarse porque ese gesto le dio, inexplicablemente, calma.
Una hora más tarde salían del recinto sin dirigirse la palabra.
Sara aún no le había perdonado que le hiciera chantaje emocional para que se quedara hasta el final, aunque siendo sincera consigo misma, tampoco iba a reconocer, que gracias a esa argucia había logrado superar un momento bastante traumático.
Jaime todavía no tiene claro el motivo por el cual Sara se quería ir a mitad del concierto, pero ha decidido no preguntarle porque intuía que guardaba relación con su difunto marido.
De pronto, y sin proponérselo, se ha puesto a pensar en su mujer y en el tipo de música que a los dos tanto les gustaba. En ese momento, ha sido consciente, de que no había vuelto a ir a ningún concierto de rock desde que Sandra había fallecido.
—Cenamos algo, y después te acompaño a tu hotel —sugiere, pues quería cuanto antes borrar esos amargos recuerdos.
—No es necesario que te tomes tantas molestias conmigo, además, no tengo hambre, pero te lo agradezco igualmente —le dice sin mirarlo a la cara.
—No te cansas de discutir, ¿verdad?
—Jaime, lo último que me apetece ahora es discutir. La noche ha ido bien, ¿qué te parece si lo dejamos así?, ya te he dicho que no tengo hambre.
—De acuerdo, te acompaño al hotel y durante el trayecto te quedas callada. Así me demuestras que es verdad que no te apetece discutir.
Ella pone los ojos en blanco, y Jaime no puede disimular una sonrisa.
En todo el trayecto en taxi, ninguno de los dos ha pronunciado ni una palabra, pero no ha sido una situación incómoda ya que ambos necesitan ordenar sus pensamientos.
Al llegar al hotel, Sara rompe su silencio agradeciendo a Jaime el detalle de haberle conseguido la entrada, y también el esfuerzo de haberla acompañado.
Jaime se ha quedado tan sorprendido por la sinceridad con la que se lo ha dicho, que simplemente le ha restado importancia y se ha despedido de ella.
—Jaime, ¿tienes tiempo para tomarnos un café? —le pregunta Alfredo asomando la cabeza en su despacho.
—Pasa, dame cinco minutos para dejar esto resuelto, y después nos tomamos ese café, pero antes echa un vistazo a esta documentación —dice tendiéndole una carpeta—, porque no tengo nada claro si nos interesa aceptar el caso de Benavente.
Tampoco me fío de pasárselo a ninguno de nuestros colegas, ya que es un caso que me huele mal.
—A ver, dame un momento. —Tras unos minutos leyendo atentamente— No veo nada sospechoso, aun así, vamos a repasar el resto de la documentación por si hubiera algo ilegal. ¿Qué te parece?
—Sí, y si vemos que está todo en orden, se lo pasamos a Carlos y que él decida si lo acepta.
—Me parece buena idea. Estoy convencido de que lo va a aceptar, no sabes la cantidad de veces que me llama para que le pasemos clientes.
—Eso le pasa por buscarse una novia de la misma edad que su hija —comenta con sorna—, ese capricho le cuesta demasiado dinero.
—Aun así, está contentísimo de tirársela siempre que su “ soldadito” está mirando al cielo, que son pocas veces, todo hay que decirlo —esto último lo dice bajando la voz.
—Qué cabrón eres —suelta Jaime riendo a carcajadas—, pero tienes toda la razón.
—Hablando de mujeres… ¿Cómo fue tu cita con tu consuegra?
—Bien. Pero no fue una cita.
—¿Solo bien?
—Sí, ¿qué más quieres que te diga? —inquiere mirando a su amigo con el ceño fruncido—. Fuimos al concierto y al terminar nos despedimos en la puerta de su hotel.
—¡Vaya!, esperaba al menos algún detalle interesante.
—Fui con ella porque mi hija me insistió, y ya sabes que no para hasta conseguir lo que quiere.
—No me negarás que está para “hacerle un favor” —expresa alzando las cejas significativamente.
—Qué tonterías dices —niega haciendo un gesto con la mano.
—¡Venga! admite que está buena de cojones, así que no trates de engañarme. No me creo que no te plantearas pasar la noche con ella.
—No estoy tan desesperado como para intentar acostarme con esa mujer. Además, somos casi familia, por lo tanto, se podría considerar incesto —ese comentario los hizo reír.
—Supongo que, el hecho de estar saliendo con otro te frenó de llegar a más.
—Dudo que eso me hubiera frenado, además, no es mi tipo. También debo aclararte que no está saliendo con nadie.
—¿Cómo lo sabes? —pregunta mirándolo con recelo—, ¿te lo dijo ella?
—¡No! Fue mi hija quién me lo dijo sin que yo le preguntara nada. Pero bueno, deja de mostrar tanto interés, o voy a empezar a pensar que te atrae más de la cuenta —agrega sonriendo de medio lado.
—Ni de lejos, yo ya tengo cubierto el cupo de líos, de manera que no necesito más. Por cierto, mañana me voy a Mallorca una semana para estar con mis padres, y de paso, aprovecharé para visitar a un par de clientes.
—De acuerdo. Si necesitas algo, no dudes en pedírmelo.