La esencia del bambú Capítulo 7
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Capítulo 7

Cuando baja del tren, sale de la estación rápidamente para buscar un taxi y así llegar lo antes posible al hotel, ya que la primera reunión se celebrará durante la cena, y apenas queda una hora y media.

Durante el trayecto, ha decidido llamar a Alberto para hablar un rato con él.

Se ha sentido satisfecha porque ha notado a su hijo feliz, a pesar de escucharle quejarse de lo ocupados que están, él y su novia.

En la cena, ha logrado sentarse con la directora del hotel de Santander y el director de otro hotel de Lugo, con los cuales ha coincidido en alguna ocasión, por lo que la relación con ellos es muy buena.

Al terminar la velada, declina la invitación para irse de copas, ya que lleva desde las seis de la mañana levantada, y lo único que le apetece es acostarse.

—Hola, Blanca, que alegría me da que me hayas llamado.

—Me ha dado mucha rabia no haber podido hablar antes contigo.

—Ya me ha comentado Alberto que no estabas en casa.

—¿Qué tal la cena de trabajo?

—Ha estado bien. El jefe no ha parado de hablar, aun así, he tenido la suerte de sentarme bastante lejos —dice, y acaban riendo ambas por el comentario.

—Tenemos un regalo para ti.

—¿Estáis detrás de la puerta y vais a entrar cantando? —pregunta con ilusión.

—No, es mucho mejor; nos habría gustado verte la cara cuando sepas de qué se trata.

—Por favor, no me tengas en ascuas, aunque para mi cumpleaños faltan un par de semanas.

—Hemos conseguido una entrada para el concierto de mañana de Pablo Milanés.

Sara ha dejado de respirar durante unos segundos haciendo creer a su nuera que la llamada se ha cortado.

—Dime que es una broma —contesta reteniendo el aire.

—Te prometo que es verdad, además, tienes una en primera fila —le confiesa con mucho cariño—. Te la mereces.

—Qué locura —añade poniendo una mano en su pecho, muy emocionada— no me lo puedo creer. Cuando me enteré de que actuaba aquí, ni siquiera me molesté en buscar una entrada, porque tenía claro que estarían agotadas desde hace meses.

—Bueno, tengo que decirte que he tenido que pedirle a mi padre que pida algún favor, y el resto ha sido coser y cantar .

—¿¡Qué has hecho, qué!? —Toda la ilusión que tenía, desaparece con la última frase de su nuera.

—¿A que no te lo esperabas? Ya sabía yo que la sorpresa iba a ser mayúscula.

Tiene varias cosas que decirle atascadas en la garganta, y no se decide por cual empezar.

Siente la tentación de pedirle que le diga a su padre que se meta la entrada por el culo, aunque ha decidido que no es buena idea.

Por lo tanto, ha escogido la frase más socorrida que le ha venido a la mente en este momento.

—No tenías que haber molestado a tu padre.

—Oh, no te preocupes —contesta con demasiada rapidez—, en realidad, se ha mostrado encantado.

—Blanca, tendrás que ensayar mejor eso de mentir, te ha salido un poco mal.

—No he mentido. He exagerado un poco, nada más —dice riendo a carcajadas—, aunque te puedo asegurar, que, si mi padre no hubiese querido, no habría podido convencerlo de ninguna manera.

Sara eso lo duda bastante, sabe de sobra, que su padre bebe los vientos por su hija. Pero ha decidido no decir nada más.

—Todavía no me puedo creer que mañana vuelva a ver a uno de los compositores que más me gustan. Muchísimas gracias por el regalo.

—Alberto me comentó que sería un bonito regalo de cumpleaños, aunque sabía que era imposible conseguir una entrada, por eso hablé con mi padre, y hasta que no me lo ha confirmado, no te habíamos dicho nada, por si acaso.

De manera que ahora ya puedo decirte, que es un regalo de los tres.

Sara, te mereces eso y muchísimo más, sabes que te quiero un montón, y darte esa sorpresa me ha hecho muy feliz. Bueno, nos ha hecho muy felices.

—Mamá, espero que disfrutes de tu regalo de cumpleaños —le dice su hijo entre risas.

—Os lo agradezco de corazón —añade tratando de no gritar de alegría.

Después de la sorpresa inicial, ha decidido disfrutar del regalo que le han hecho. No ha querido pararse a pensar, que esa música le va a traer demasiados recuerdos, puesto que con esas canciones vivió los momentos más románticos con Yago.

Cuando terminan de visitar las obras del nuevo hotel, sus planes se ven alterados, ya que su jefe se ha empeñado en invitarla a ella y a tres directores a comer, para comentar algunos temas que quería hablar solamente con ellos.

Es evidente, que no puede negarse, así que poniendo su mejor cara los ha acompañado.

Por la tarde se ha entretenido más de la cuenta en una tienda, y por eso ha llegado al hotel con el tiempo justo de darse una ducha y arreglarse.

Para ir al concierto se ha comprado una falda negra ajustada hasta los tobillos con un corte lateral que le llega más arriba de la rodilla.

A pesar de que en un principio le ha parecido un poco atrevida, al vérsela puesta ha cambiado de opinión.

Por último, ha escogido una camiseta ceñida color teja y un cinturón ancho formado por cordones de vivos colores.

Los zapatos de tacón alto de color negro junto al bolso de mano del mismo color le confieren un toque moderno.

Como ya es bastante tarde, no le queda tiempo para recogerse el pelo, de modo que ha optado por dejárselo suelto y con volumen.

Maquillarse ha sido lo más sencillo, solamente se ha puesto brillo de color cereza en los labios y una sombra de color verde suave en los ojos.

De la noche a la mañana tuvo que acostumbrarse a ir sola a todas partes.

Al principio le costó muchísimo asistir a los compromisos que se le presentaban, pero poco a poco, no le quedó más remedio que hacerse a la idea de que nunca más iría del brazo de su marido.

Así que hoy, se sentía preparada para ir sola.

—Hola, soy Sara Guzmán. Me han dicho que me iban a dejar un sobre para mí —le dice a la recepcionista del hotel.

—Ah, sí. El señor que se lo ha traído está esperándola. —Sonríe mientras señala a su espalda.

Sara se gira y tiene que apoyarse en el mostrador de recepción para no caerse. Tiene ante ella a Jaime vestido con pantalón gris y camisa negra.

Cuando se va acercando a ella, no puede evitar sonreír de forma canalla porque sabe que no lo esperaba, pero le apetece tanto hacerla rabiar…

—Gracias por traer la entrada, no hacía falta que esperaras —menciona abriendo la mano para que le dé el sobre.

—Creía que sabías que íbamos a ir juntos al concierto —contesta fingiendo cara de sorpresa.

—¿¡Qué!? —exclama abriendo los ojos como platos.

—¿Con quién pensabas ir?

—Sola, naturalmente —murmura tratando de recomponerse.

—Pues mira por dónde, hoy estás de suerte, puesto que vas a ir muy bien acompañada.

—Eso no es suerte, más bien todo lo contrario —gruñe entre dientes saliendo por la puerta.

—¿Has dicho algo?

— Que vamos a subir al taxi, o llegaremos tarde al concierto.

—Sí, será mejor que nos demos prisa —confiere sonriendo al ver la cara de disgusto de ella.

—No sabía que te gustaba Pablo Milanés —le dice en tono cortante cuando el taxi se pone en marcha.

—¿Gustarme? De ninguna manera, pero Blanca se ha empeñado en que te acompañe.

—Pues no tenías que haber aceptado venir, ya que eso me hace sentir culpable.

—Quédate tranquila, ahora ya estamos en paz. —Ella lo mira alzando una ceja—. Tú pasaste una noche mala cenando con nosotros, ahora yo paso otra noche mala contigo.

Sara ni siquiera se ha tomado la molestia de contestarle, está segura de que trata de provocarla.

Acaba de quedarse el local prácticamente a oscuras, y el corazón de Sara ha empezado a golpear en su pecho de forma casi dolorosa.

Ni siquiera se ha dado cuenta de que tiene los puños apretados hasta que ha notado como las uñas se le han clavado en las manos.

De pronto, ha retrocedido en el tiempo cuando lo ha visto salir de forma tranquila al escenario y sentarse en su butaca, mientras comienza a sonar su dulce voz.

Habían pasado muchos años desde que lo vio por última vez.

Es todo un privilegio estar sentados en primera fila; nunca lo había visto tan de cerca, y no ha tenido más remedio que agradecerle mentalmente muy a su pesar ese detalle al hombre que tiene al lado.

Jaime la observaba con interés. A pesar de la poca luz que hay, puede   distinguir el brillo de su mirada. Cuando se acercó el camarero se tomó la libertad de pedir por los dos, ya que ella, ni siquiera le prestó atención.

La velada está transcurriendo mejor de lo que imaginaba hasta que han empezado a sonar los acordes de la canción que Yago siempre le cantaba. Ella no ha sido consciente del golpe, hasta que ha sido demasiado tarde.

Esto no puede ser nomás que una canción

Quisiera fuera una declaración de amor,

romántica sin reparar en formas tales

que pongan freno a lo que siento ahora a raudales.

De pronto, Sara ha empezado a notar una opresión en el pecho.

Te amo

te amo

Eternamente te amo

Si me faltaras, no voy a morirme

Si he de morir quiero que sea contigo.

Mi soledad se siente acompañada.

Por eso sé que a veces sé que necesito

Tu mano

Tu mano

Eternamente tu mano.

Las lágrimas son ya muy difíciles de contener. Creía que iba a disfrutar de la noche, sin embargo, su corazón ha empezado a sangrar de pena.

Jaime la está observando, y a pesar de ver el sufrimiento que se refleja en su cara, ha decidido no hacer nada, porque sinceramente, no sabe qué decirle para reconfortarla.

Cuando te vi sabía que era cierto

Este temor de hallarme descubierto

Tú me desnudas con siete razones

Me abres el pecho siempre que me colmas

De amores

De amores

Eternamente de amores.

Ha sido consciente en ese momento de que ha cometido un terrible error al asistir a ese concierto, ya que los sentimientos aún están a flor de piel.

Si alguna vez me siento derrotado

Renuncio a ver el sol cada mañana

Rezando el credo que me has enseñado

Miro tu cara y digo en la ventana

Yolanda

Yolanda

Eternamente, Yolanda.