La esencia del bambú Capítulo 6 #3
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Capítulo 6 #3

Al salir hacia la calle, Sara se ha limitado a despedirse alzando la mano ya que no le apetecía hablar con ellos otra vez. Aunque intentaron disimular, se había dado cuenta de que durante la comida la observaban, e incluso hablaban de ella.

—Sara, en un par de semanas te llamo y ya me confirmas la fecha en la que podemos organizar la exposición.

—Sí, dos semanas está bien.

—No te asustes —murmura bajando la voz—. Voy a darte un beso para que nos vean tus amigos —le dice mirándolos por encima de su hombro.

Sara aún no ha asimilado lo que Álvaro le está diciendo, cuando de pronto ha notado cómo sus brazos la estrechan dulcemente mientras atrapa su boca en un tórrido beso.

—¿Qué haces? —protesta muy sorprendida en un susurro.

—Salvarte la vida otra vez.

El lunes, Sara llega al gimnasio con ganas de guerra.

—Buenos días, chicas, ¿qué tal el finde?

—El mío ha sido entretenido —admite Rocío torciendo la boca—, he tenido guardia.

—Yo no me puedo quejar —admite Sindy mirándose las uñas.

—El mío tampoco ha estado nada mal —comenta dejando unos segundos para alargar el momento de la estocada—. El sábado estuve comiendo en Marbella con Álvaro.

—¡Cuánto tiempo sin verlo! —agrega Rocío, ajena a la tormenta que se está formando.

—Supongo que tú —inquiere Sara dirigiéndose a Sindy—, también hace mucho tiempo que no lo ves, ¿verdad?

—No llevo la cuenta. La verdad es que tendría que hacer memoria —añade sin mirarla a la cara.

—La verdad es, que nos estás ocultando “la verdad” —la acusa haciendo comillas con los dedos.

Rocío mira a sus amigas porque sabe que hay algo que ella ignora.

—Vaaale, pasé a saludarlo cuando estuve en Londres, y al final me quedé en su casa. No fue nada premeditado —se apresura a añadir—. Es un buen amigo y hacía tiempo que no lo veía, ¿contenta?

—Simplemente, me había parecido muy raro que olvidaras contarnos ese encuentro.

—Bueno, tú tampoco nos contaste que la semana pasada comiste con Jaime —declara mirándola con una sonrisa triunfante.

Ha llegado de noche a casa, y a pesar de sentirse algo cansada, ha decidido salir a caminar un rato por la playa.

Mientras anda a paso ligero por la orilla, se ha puesto a recordar los primeros meses tan complicados que pasaron, cuando a Yago lo destinaron a esa comisaría.

Sara estaba trabajando de subdirectora en el hotel La Reconquista de Oviedo, de manera que ambos tuvieron que vivir varios meses separados .

Afortunadamente, sus padres y sus suegros les ayudaron mucho cuidando de Alberto.

Tiempo después, gracias a la carta de recomendación que le escribió su antiguo jefe, consiguió el puesto de directora en el hotel de Málaga.

Empezar en una nueva ciudad lejos de su familia fue algo traumático, sin embargo, la gran responsabilidad de dirigir un hotel de cinco estrellas le dio el impulso que necesitaba para afrontar su vida lejos de sus padres y sus hermanos.

—Anoche recibí una llamada de mi jefe: quiere que vaya a Madrid.

—¿Y no puede venir él aquí? —le dice Sindy mientras se sube a la cinta para correr.

—Quiere reunirnos a todos los directores que hay en la península y ha decidido que sea allí. Ya tengo el billete de tren, por lo que el jueves me voy hasta el domingo.

—Si no tuviera guardias el fin de semana, sin dudarlo ni un segundo, me iría contigo —confiesa Rocío mientras para un momento para beber.

—Yo tampoco puedo acompañarte, vienen a arreglarme el cuarto de baño. Estoy harta de ese piso, a ver cuándo encuentro otro que valga la pena.

—No pasa nada. El jueves por la noche tenemos cena de bienvenida, el viernes almuerzo para ver qué ideas podemos aportar a nuestros compañeros —les va enumerando—, y el sábado por la mañana, tenemos visita guiada para ver el nuevo hotel de lujo que se está construyendo a las afueras.

Vamos, que quiere presumir de su nuevo proyecto.

El resto del fin de semana, cada cual podemos hacer lo que nos dé la gana.

—¿Qué os parece si quedamos esta tarde para ir de tiendas?

—Por mí no hay problema —responde Rocío ilusionada.

—Esta tarde he quedado en que iría a casa de Antonio para ver a su madre, si no es muy temprano, me puedo ir con vosotras.

—Si quieres, a las seis y media estaría bien ­­—sugiere Sindy.

—Estupendo, me da tiempo.

—Oye, ¿Antonio aún no tiene pareja? –le pregunta Rocío.

—Que yo sepa aún sigue libre.

—Creo que ese hombre está loco por ti.

—No creo —decide mentirle.

—El tipo no está nada mal —interviene Sindy—, alguna vez lo he visto hablando contigo y parece simpático.

—Jamás saldría con él; no me atrae de ese modo.

—Sus amigas la miran esperando que siga hablando—.

Además, debo confesaros que hace años, Yago me hizo prometerle, que, si alguna vez le pasaba algo y decidía volver a salir con alguien, jamás saliera con un policía. Así que pienso cumplir esa promesa.

—Eso es cosa tuya, nosotras nunca te vamos a juzgar —aclara Sindy hablando por las dos amigas.

—Nunca se lo había contado a nadie —continúa muy seria—, y me gustaría que esto quedara entre nosotras. Es un favor que os pido. —Ambas asienten.

Con esa confesión evitaba que sus amigas hicieran cualquier comentario capcioso sobre su amistad con Antonio.