La esencia del bambú Capítulo 5 #2
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Capítulo 5 #2

—De eso nada, de hecho, mañana por la mañana se los daré a Antonio sin falta, así ya está entretenida arreglando el patio. ¿Qué le parece?

—Vale, si no hay otro remedio… aunque me gustaría que me los trajeras tú.

—Mamá, Sara tiene mucho trabajo. No te preocupes que mañana me paso por su casa y te los traigo. Hay que ver qué pesada te pones.

—Lo que yo decía, eres un egoísta de primera. Si tendrías que besar por donde yo piso.

Por la noche llega a su casa, y lo primero que hace es cambiarse la ropa por una de deporte para irse a correr un rato por la playa.

Esos paseos son bastante agridulces puesto que, por un lado, le gusta quemar todo el estrés del día a día, y por el otro, le recuerdan mucho a Yago, ya que ambos salían a correr por la playa.

Cuando vuelve bastante cansada, dos horas más tarde, decide darse un baño con sales aromáticas y tomarse una copa de un buen vino.

A la mañana siguiente se levanta más temprano para escoger los geranios más bonitos; acaba de mirar la hora y sabe que Antonio no tardará mucho en llegar.

Cuando suena el timbre sale cargada con las macetas llenas de flores de vivos colores.

—Hola, buenos días, ya tengo preparadas las macetas —explica mientras las saca al portal.

—No tenías que haberle hecho caso a mi madre, yo puedo comprarle todas las que quiera.

—Pero a ella le gustan las mías. De manera que, no le des más importancia.

—Qué buena eres con mi madre. Te agradezco la paciencia que tuviste ayer —comenta muy apurado—. Supongo que te diste cuenta de que cada día está más despistada.

—Sí, lo vi. No me gusta meterme donde no me llaman, pero deberías buscar a alguien que se hiciera cargo de ella, mientras tú estás trabajando —sugiere apoyada en el marco de la puerta con los brazos cruzados—, y más aún, los días que te vas fuera.

—Tienes toda la razón, pero cada vez que le hago el comentario se pone muy nerviosa, y se niega a tener en casa a alguna desconocida tocando sus cosas.

Tengo miedo de que cualquier día le pase algo —murmura con la mirada baja—.

Volveré a hablar con ella este fin de semana tranquilamente, a ver si la convenzo.

—Sí, sin duda es lo mejor —afirma mirándolo con pena.

—Sara, ayer me dio mucha vergüenza cuando mi madre preguntó, que a ver cuándo nos casábamos. —Ella levanta la mano y no lo deja seguir.

—No hagas caso. Es verdad que al principio me quedé helada —dice sonriendo—, pero entendí que era fruto de la edad. Hoy ni me acordaba de eso.

Él se queda mirándola intensamente durante unos segundos y al final niega con la cabeza, retrocediendo con las bolsas de las macetas.

—Sara, tengo que irme, no quiero llegar tarde a trabajar.

—Antonio, por favor, dime que vas a mirar con lupa cualquier cosa que te resulte sospechosa.

—Sabes que nada me gustaría más —aclara volviendo a acercarse a ella— pero tú también deberías empezar a mirar hacia el futuro. Eres joven y…

—Para, por favor. —Ella no le deja que siga por ese camino.

—No, escúchame. Quiero que entiendas, que el hecho de rehacer tu vida no significa que dejemos de buscar alguna pista que dé un giro al caso de Yago. Estoy convencido de que aún te sigues martirizando con las cosas que te recuerdan a él.

—No eres justo.

—Dime que estoy equivocado —inquiere mirándola fijamente.

—No, en eso no te equivocas, pero cada vez dependo menos de ello. Sé que lo dices por mi bien.

—Sara, ha pasado ya mucho tiempo, y me gustaría que quedáramos para tomar, aunque sea un café. No quiero que pienses que me voy a aprovechar de la situación, eso no te compromete a nada.

—Ya sé que soy irracional, pero no puedo salir contigo, me recuerdas demasiado a Yago.

Además, ya lo hemos hablado muchas veces, por favor, no quiero herir tus sentimientos.

Agradezco todo lo que haces por mí, y ahora debo dejarte o llegaré yo también tarde al trabajo.

Adiós Antonio, dale un beso a tu madre de mi parte —concluye cerrando la puerta.

Desde que mataron a su marido no permite que ningún hombre entre en su casa.

Después de ver cómo invadieron su hogar y le registraron todos los rincones buscando pruebas y violando su intimidad y la de los suyos, se prometió a sí misma que no dejaría pasar a ninguno, a no ser que fuera de su familia.

Antonio se ha quedado en el portal mirando la puerta un rato hasta que se ha dado la vuelta y se ha ido.

Sabe que es muy difícil que ella siga adelante hasta que no cierre esa etapa de su vida, sin embargo, no se atreve a contarle que Yago no merece el amor que ella le profesa, aun estando muerto.

Lo último que quiere es que ella sufra. Por esa razón se niega a confesarle, que su marido no era el hombre intachable que ella siempre había creído, la quiere demasiado para confesarle esa cruel realidad.

De modo que le dará todo el tiempo que necesite.

—Mamá, ¿vienes a recogernos mañana al aeropuerto a las doce?

—Me alegra que me llames, aunque solo sea para pedirme que haga de taxista.

—Qué buena actriz dramática se ha perdido el teatro español. Te llamé hace dos días y hablamos mucho rato. Espera, te paso a Blanca que quiere decirte algo.

—Hola, Sara. ¿Qué te parece si después de recogernos vamos a la casa de la playa para comer con mi padre y mis tíos?

—Iba a poner la mejor de las excusas para no ver a Jaime, pero no le da tiempo—, también vienen Román y Yuri; así aprovechamos para hablar de todas las cosas que nos tenemos que llevar a Manhattan.

Ellos van a ir en dos semanas, y de paso, se van a llevar algunas cosas para dejarlas allí.

—De acuerdo —acepta resignada, no le parecía justo no ir a esa comida—. A las doce iré a recogeros.

Cuando llegan a la casa de la playa hace un calor horrible, ya están a primeros de julio y eso se nota.

Para esa ocasión Sara lleva un vestido por la rodilla muy veraniego color verde oliva y unas sandalias del mismo color que contrastan con su piel clara.

El pelo lo lleva recogido en una cola de caballo.

—¿Qué tal el viaje? —pregunta Jaime dándole un abrazo a cada uno.

—Oh, papá estamos cansados, pero felices de haber podido pasar unos días con los amigos.

—Sí, ahora ya toca quedarnos tranquilos en casa antes de irnos —dice Alberto—, tenemos muchas cosas que preparar para llevarnos.

—Hola, Sara —saluda el abogado, dándole dos besos antes de que a ella le dé tiempo a apartarse como en las anteriores ocasiones—, espero que hoy no te entre dolor de cabeza.

—Hola —le devuelve el saludo, dando un paso atrás disimuladamente porque sabe que la están observando—. Estoy convencida de que hoy no habrá ningún peligro.

—Yuri y Román están en la piscina, vamos todos a darnos un baño mientras llegan los demás —la invita con una radiante sonrisa.

—Oh, Sara, qué despistada soy, se me olvidó decirte que trajeras ropa de baño.

—No pasa nada —dice mirando muy agradecida a su nuera por el despiste— otro día será. No quiero que te preocupes, yo mientras tanto, os miro tomando una copa.

—Blanca, ¿por qué no le dejas un bikini de los tuyos? Sería una pena que estemos todos en la piscina disfrutando y, en cambio, ella no. —Está claro que la situación le divierte muchísimo a Jaime, a pesar de la cara de preocupación que ha puesto.

—No pasa nada, he dicho que me quedo tomando algo fresco mientras os dais un baño vosotros. Por favor, no insistáis. —Ni muerta va a ponerse en traje de baño delante de ese energúmeno. De ahí que él se haya dado cuenta de su apuro, porque vuelve a insistir.

—Alberto, mira a ver si convences a tu madre. Desde luego, le va a venir muy bien refrescarse. —«Porque parece que eche fuego por los ojos», piensa mientras la está poniendo en una situación tan embarazosa.

—Mi madre es de ideas fijas, y si ha dicho que nos espera en la terraza, no va a haber forma humana de convencerla de lo contrario. —Se gira hacia su madre guiñándole un ojo.

La comida transcurre en un buen ambiente.

Los amigos de Jaime han demostrado lo mucho que quieren a Blanca y Alberto, pues han sido sumamente generosos al dejarles el apartamento de Manhattan sin cobrarles absolutamente nada durante los dos años de estancia allí.

Sara no sabe cómo agradecerles ese detalle ya que es consciente de que va a ser un gasto considerable, y ambos se han mostrado tajantes en ese tema, puesto que no es el único apartamento que tienen allí.

Por esa razón, no le dan mayor importancia.