Capítulo 12 La sacerdotisa #3
—La conservarás hasta que llegue —dijo—. No la saques y no permitas que nadie la toque.
La niña guardó la madera contra el pecho y subió a la plataforma. Antes de desaparecer en el pozo, miró a Morlevo.
—Mi hermana no te odia tanto como dice.
—Ligia —protestó Esmeralda.
La plataforma descendió y la oscuridad se tragó la sonrisa de la niña. Morlevo sujetó la cadena para impedir que el torno girara demasiado rápido.
—Tu hermana escucha muchas cosas que deberían permanecer ocultas.
—También inventa otras cuando quiere conseguir algo.
—Esa parte no pareció inventada.
Esmeralda evitó mirarlo. El recuerdo del sueño regresó con una precisión insoportable: la mano entre sus piernas, la boca sobre su pecho y el deseo que no había desaparecido cuando el rostro de Samir se transformó en el de Morlevo.
—¿Dónde estabas? —preguntó para alejar aquella imagen—. Rashid quemó el asentamiento y Daruk tiene a Bahir.
—Lo sé.
—Entonces llegaste tarde.
—Llevo tres días siguiendo a los hombres que colocaron esa pieza dentro del comerciante.
—También pudiste advertirnos antes.
Morlevo apretó la cadena. Los músculos de sus brazos se tensaron debajo de la tela y la aguja clavada en el costado se hundió un poco más.
—No sabía dónde estaban. Daruk perdió el rastro durante la falsa evacuación y Rashid envió a sus hombres hacia el desfiladero. Supuse que la idea había sido de Safiya.
—Fue mía.
—Debí reconocer el exceso de objetos abandonados. Nadie con experiencia habría intentado construir una mentira tan visible.
Esmeralda lo miró con irritación.
—Funcionó.
—Precisamente por eso debí reconocerte.
El primer grupo llegó al fondo. Ligia dio dos tirones de la cuerda y Kheira comenzó a elevar la plataforma.
Idris descendió en el segundo viaje junto con Nadira y Dalia.
El torno produjo un crujido cuando alcanzaron la mitad, pero la cadena soportó el peso.
La tercera plataforma transportó a Esmeralda, Safiya y dos mujeres heridas.
Morlevo se quedó arriba con Kheira y Yalena.
—Vendrá con nosotras —dijo Safiya antes de iniciar el descenso—, aunque todavía no he decidido si como aliado o prisionero.
—Él tampoco lo ha decidido —respondió Esmeralda.
Morlevo apoyó una mano sobre la cadena y observó cómo se alejaba. En la luz escasa, su rostro perdió la dureza que solía utilizar como una armadura.
—Sí lo decidí —dijo.
La plataforma descendió antes de que Esmeralda pudiera preguntarle qué significaba.
La galería inferior estaba cubierta por agua hasta los tobillos.
Ligia había encontrado una corriente que avanzaba hacia el norte y debía desembocar cerca del cauce seco donde Daruk había instalado su campamento.
Esmeralda recibió la talla y comprobó que la base continuara intacta.
—No la perdí —dijo Ligia—. Tampoco escuché que él intentara engañarte.
—Las mentiras no siempre hacen ruido.
—Las de Sima sí.
La plataforma subió una vez más. Cuando Morlevo, Kheira y Yalena comenzaron a descender, el torno se partió.
La cadena corrió sobre la polea con un chirrido.
La plataforma cayó varios pasos y se inclinó contra la pared.
Kheira saltó primero. Yalena consiguió sujetarse de una cuerda, pero Morlevo resbaló sobre la madera y quedó colgado encima del pozo.
Esmeralda se arrodilló junto al borde de la galería y le tendió la mano.
Morlevo consiguió sujetarla, aunque su peso la arrastró hasta que Safiya la sostuvo por la cintura.
La aguja bajo las costillas se hundió por completo. Morlevo perdió el aire. Su mano comenzó a deslizarse entre los dedos de Esmeralda.
—No te sueltes —ordenó ella.
—Es una instrucción poco precisa.
—Si caes, te mataré.
Morlevo levantó la vista. Incluso con el dolor deformándole la boca, una sombra de sonrisa apareció en su rostro.
—Eso sí lo entendí.
Kheira y Yalena tiraron de su brazo hasta sacarlo.
La plataforma cayó al fondo y el golpe hizo temblar la galería.
El techo empezó a desprenderse. Safiya condujo a las mujeres por el pasadizo mientras Morlevo intentaba incorporarse.
Dio dos pasos antes de apoyar una rodilla en el agua.
Esmeralda pasó su brazo alrededor de los hombros.
—No necesito que me cargues —dijo él.
—Perfecto, porque no podría hacerlo. Camina.
Avanzaron detrás del grupo. Las piedras caían con mayor frecuencia y el agua comenzó a subir cuando parte del techo bloqueó el cauce.
Morlevo tropezó cerca de una bifurcación.
Esmeralda lo arrastró hacia el pasadizo izquierdo segundos antes de que una sección de la galería se derrumbara entre ellos y las demás. El polvo borró la luz de las lámparas.
—¡Ligia! —gritó Esmeralda.
Escuchó a su hermana al otro lado. Safiya estaba con ella y continuaban avanzando hacia la salida norte, pero el derrumbe era demasiado profundo para abrirlo sin herramientas.
—Sigue con Safiya —ordenó Esmeralda—. Encontraré otro camino.
—No tardes.
La voz de Ligia se alejó mientras Morlevo se apoyaba contra la pared.