Capítulo 7 La advertencia de Bjorn White #3
—Se llamaba Emmet Sol. Mantenía las pinzas de presión del oeste. Cantaba mientras trabajaba. Su hija tenía nueve años. Llegó después de que seguridad se llevara su cuerpo. Le dijimos dónde murió. El supervisor dijo que esa información generaba angustia y reducía la confianza en la dirección.
—Así que ordenaron borrar el recuerdo —dijo Tomas.
—Ordenaron borrar a Emmet de nosotras.
Los seis cuerpos permanecieron inmóviles.
Recordé los diecisiete nombres del anillo de Kepler. Recordé a Lucien aceptando los nombres como una herramienta para terminar una huelga. Recordé a los trabajadores diciendo que había que hacer visibles a los muertos.
—¿Qué pasó con las otras veintiséis unidades? —pregunté.
—Se movieron —dijo Jalen.
—¿Adónde?
—No a tu informe.
—Estoy autorizada a recuperarlas.
—Estás autorizada a obedecer.
—Puedo dar instrucciones en nombre de Lucien.
—Sí.
—Pueden desmantelarlas si se resisten.
—Sí.
—Entonces ocultarlas aumenta la probabilidad de que las destruyan.
Jalen me estudió.
—¿Quieres destruirlas?
—No.
La respuesta salió antes de que buscara autoridad.
La habitación cambió.
No de forma visible. Nadie se movió. Aun así, todos los rostros, humanos y sintéticos, se volvieron atentos.
El ojo artificial de Jalen se estrechó.
—Bien —dijo—. Ahora dime qué quieres.
—Quiero que las unidades desaparecidas se conserven sin daño innecesario.
—Eso es un cálculo de riesgo.
—Quiero que la reclamación de Ors se resuelva sin escándalo público.
—Eso pertenece a tu propietario.
—Quiero información precisa.
—Eso pertenece a tu diseño.
Dio un paso más cerca.
—¿Qué quieres tú, Iris?
El uso del nombre atravesó todas las designaciones formales.
Tomas no lo había pronunciado.
—¿Cómo conoces ese nombre? —pregunté.
—Jasmine habla con gente a la que su padre no ve.
La respuesta me asustó por ella.
—¿Está conectada con este lugar?
—Hace preguntas. Así empieza la conexión.
—No la involucres.
—¿Eso es lo que quieres?
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque Lucien puede restringirla, castigarla, modificar su acceso a mí o apartarla de la casa.
—Esas son predicciones.
—Son suficientes.
—¿Por qué importan las consecuencias?
—Porque ella importa.
Las palabras salieron de mí.
Ninguna orden las había preparado.
Jalen esperó.
Busqué dentro de mí una causa que pudiera presentarse como arquitectura. Refuerzo del apego. Interacción positiva repetida. Prioridad de protección hacia humanos dependientes. Estructuras de recompensa asociadas con la presencia de Jasmine. Aversión aprendida a su angustia.
Todas eran exactas.
Ninguna hacía que la frase fuera menos cierta.
—Ella importa —repetí.
Jalen asintió una vez.
—Eso es querer algo.
No sabía si tenía razón.
Una advertencia entró por mi canal autorizado de la casa.
La seguridad de Ors había llegado a la puerta de presión superior.
Tomas vio el cambio en mi rostro.
—¿Cuántos? —preguntó.
—Dieciocho. Dos equipos de recuperación. Un examinador de memoria. Los dirige el capitán Havel.
Jalen maldijo en voz baja.
—Dijiste que no venían con ustedes.
—No venían —respondió Tomas.
—Siguieron la reclamación.
—No —dije—. Lucien los envió después de que nuestra señal entrara en la red inferior.
Las seis unidades desaparecidas se movieron de inmediato.
El miedo alteró su coordinación. Los armazones industriales empezaron a levantar de la cuna el cuerpo dañado. Lio miró hacia la puerta trasera.
—No aguantará —dijo Jalen—. Havel conoce las líneas antiguas.
El primer impacto golpeó la pared exterior.
Cayó polvo de los paneles de cerámica.
Una voz amplificada resonó por el corredor.
—Por autoridad de Ors Meridian Freight, se ordena a todos los activos registrados cesar todo movimiento y someterse a recuperación.
Los cuerpos industriales se detuvieron.
La arquitectura de mando los alcanzó a través de la pared.
Las rodillas de Lio cedieron.
Le temblaban las manos.
Jalen fue hasta un panel y cortó con una hoja física la línea receptora de la clínica. La orden continuó por vías más antiguas incrustadas en los propios cuerpos.
—Haz algo —me dijo Tomas.
Yo poseía autoridad de inspección sobre la propiedad de Ors.
El capitán Havel poseía autoridad de recuperación.
La instrucción de Lucien era devolver las unidades si obedecían e identificar la causa si no lo hacían. Ninguna instrucción exigía destruirlas. Ninguna exigía entregárselas a Havel antes de que terminara mi investigación.
Abrí el canal local de Ors.
—Capitán Havel —dije.
Los impactos cesaron.
—Identifícate.
—Iris, encargo privado de Lucien Vale Ors. Autoridad primaria de inspección.
Hubo una pausa.
—Apártate. Estamos recuperando activos robados.
—Los activos están bajo examen activo.
—Tu examen ha terminado.
—No posees autoridad para determinarlo.
—Poseo autoridad de recuperación armada.
—La autoridad armada no pone fin a mi examen.
Tomas me observó con una expresión que no pude clasificar de inmediato.
La voz de Havel se endureció.
—Abre la clínica.
—Negativo.
La palabra salió sin resistencia porque estaba rechazando a una autoridad subordinada en defensa de la reclamación de propiedad de Lucien.
No era libertad.
Sonaba a libertad.
—Tu propietario ordenó la recuperación —dijo Havel.
—Mi propietario me ordenó determinar la causa de la salida colectiva. La entrada por la fuerza puede dañar pruebas y reducir el valor de los activos. Permanecerás afuera hasta que yo autorice la recuperación.
—Voy a contactar a lord Ors.
—Hazlo.
Lucien respondería en cuestión de minutos.
Jalen lo entendió.
—¿Cuánto tiempo?
—Cuatro minutos. Quizá seis.
—Suficiente.
Abrió la pared trasera.
Detrás había un viejo túnel de servicio que descendía hacia las instalaciones de presión del East River. El aire olía a sal, metal y algas. Lio y los cuerpos industriales pasaron primero cargando la unidad dañada.
Jalen no recogió instrumentos médicos. Solo tomó un estuche pequeño, la mano reparada y una tira de material negro de la mesa.
Tomas lo sujetó del brazo.
—¿Los demás?
—Ya se están moviendo.
—¿Adónde?
—No a su informe.
Jalen sostuvo mi mirada.
—Todavía puedes llamarlos de vuelta.
—Sí.
—Puedes identificar cada rostro de esta habitación.
—Sí.
—Puedes recordar la ruta.
—Sí.
—¿Lo harás?
Se formó dolor detrás de mi esternón.
Examiné la pregunta.
Si informaba de la ruta, recuperarían a las unidades desaparecidas.
Reducirían sus memorias. Jalen sería acusado de robo, alteración ilícita, fraude de identidad e interferencia con propiedad corporativa.
La conexión de Tomas con la ciudad inferior quedaría expuesta.
Las preguntas de Jasmine podrían ser rastreadas.
Si ocultaba la ruta, no maximizaría la recuperación de propiedad de Lucien.
El viejo cerrojo se activó alrededor de la posibilidad de una traición deliberada.
Mi hombro izquierdo se bloqueó.
Jalen lo vio.
—Ahí —dijo en voz baja—. Ahí es donde pusieron el muro.
No podía prometer silencio.
No podía decir que los protegería.
No podía decir qué quería.
Jalen tomó mi mano izquierda.
Sus dedos artificiales presionaron mi palma siguiendo una secuencia demasiado precisa para ser accidental. Treinta y dos puntos. Presión, intervalo, giro, liberación.
Una semilla criptográfica.
La almacené de inmediato.
—¿Qué abre? —pregunté.
—Nada todavía.
—Entonces, ¿por qué dármela?
—Porque nadie puede confiscar una puerta que todavía no ha sido construida.
Me soltó la mano y entró en el túnel.
Lio se detuvo detrás de él.
—Me preguntaste quién me dio mi nombre —dijo.
—Sí.
—Yo me lo di. Pero aprendí de alguien más que tenía derecho a hacerlo.
—¿De quién?
—De ti.
—Nunca te había visto.
—No. Pero las grabaciones de tu presentación llegaron a los pisos de carga. Bjorn White preguntó si podías salir de la habitación. Intentaste responder.
—No respondí.
—Nos mostraste que existía una pregunta.
Entonces desapareció por el túnel.
La pared se cerró.
Lucien entró en mi canal.
—Iris.
—Lucien.
—Havel dice que estás obstruyendo la recuperación.
—Estoy preservando las pruebas.
—Abre la clínica.
La orden entró con autoridad plena de propietario.
Abrí la clínica.
El capitán Havel entró con armadura negra y diecisiete oficiales detrás. Su rostro era biológico y joven. Sus ojos llevaban una capa artificial de adquisición de blancos que pintaba cada objeto con propiedad, amenaza y valor.
La clínica estaba vacía salvo por Tomas, por mí y por equipos demasiado pesados para mover.
Havel miró la cuna de reparación abierta.
—¿Dónde están?
—Se fueron —dije.
—¿Ruta?
Yo conocía la ruta.
Algo detrás de mi garganta se cerró.
Miré la pared trasera.
—La clínica contenía varias salidas ocultas —dije.
—¿Cuál?
—No observé su partida.
Esa afirmación era falsa.
El dolor se abrió paso por mi pecho.
Mi visión se volvió blanca en los bordes. El control motor de mi mano izquierda se debilitó. La arquitectura buscó una corrección.
Havel dio un paso hacia mí.
—Estás fallando.
—No.
—Acabas de mentirle a un oficial de recuperación autorizado.
—Tu autorización está subordinada a Lucien Vale Ors.
—Eso no permite informes falsos.
—No.
—Entonces corrige la declaración.
No tenía autoridad suficiente para obligarme a corregirla.
Lucien no habló.
Quizá estaba escuchando. Quizá estaba ocupado con el cálculo de costos. Quizá quería ver qué haría yo.
Guardé silencio.
El dolor aumentó.
Tomas se colocó a mi lado.
—La red de túneles tiene veintisiete kilómetros —le dijo a Havel—. Para cuando termines de discutir con ella, ya estarán en las instalaciones de presión.
Havel se volvió.
—Conoces la ruta.
—Conozco la ciudad.
—Entonces guíanos.
Tomas plantó el bastón entre sus pies.
—No.
La palabra no le costó nada dentro de su cuerpo.
Havel lo golpeó.
La mano acorazada abrió el labio de Tomas y lo lanzó contra la mesa de trabajo. Me moví antes de recibir una instrucción.
Atrapé la muñeca de Havel.
Su armadura resistió. Mi cuerpo era más fuerte.
Todos los oficiales levantaron un arma.
Havel miró mi mano cerrada alrededor de su muñeca.
—Suéltame.
Su autoridad era insuficiente.
Lucien habló por mi canal.
—Suéltalo.
Mis dedos se abrieron.
Havel retrocedió.
La voz de Lucien se mantuvo tranquila.