Capítulo 19
M i petición no fue estrambótica ni nada complicada de hacer. Sin embargo, tenía que echarle valor y sabía que si lo hacía con él, sería más fácil.
Abrí la app de Instagram y comencé un directo con la cámara selfie.
—Buenos días a todas —saludé. ¡Joder! Estaba nerviosa—.
Sé que llevo un par de días desaparecida, pero he estado muy ocupada y me han pasado muchas cosas.
Os cuento, ¿vale? Acepté la propuesta de Adán, el pirado de las redes que me propuso pasar un finde con él en Roma, y aquí estoy.
Mirad, chicas. ¡Estoy al lado del Coliseo!
Giré el teléfono para mostrar a mis seguidoras el majestuoso monumento.
—Este finde he viajado en scooter , he ido a una fiesta de compromiso italiana, me han tirado un pastel a la cara y yo le tiré otro a la persona que me atacó.
—Reí al recordar la anécdota—. He comido de maravilla.
Y he conocido a un hombre fabuloso. Es atento, simpático, le preocupan mis sentimientos y sabe escuchar.
¡Sí, chicas! Existen hombres así. Adán es un tío divertido, agradable y encantador.
Entonces enfoqué a Adán, que estaba a mi lado. Él saludó con la mano.
—¡Hola! —exclamó—. Naroa también es fabulosa.
Nos dimos un beso rebosante de ternura.
—Además ya veis que es guapísimo y está muy bueno. —A continuación, bajé un poco la voz—. Y en la cama es un diez.
—¡Oye! —me riñó él con gracia.
—Vale. No digo nada más —agregué entre risas—.
Estoy cansada de ser la enemiga del amor.
Voy a dejar ese título para otra persona, aunque no se lo recomiendo a nadie.
Si alguien te ha lastimado, mi consejo es que sanes la herida, pero que no hagas como yo: no te enfades con el mundo, con los hombres ni con la vida.
No esperes a que venga otra persona y te recuerde que eres maravillosa.
¡Mírate al espejo y todos los días recuérdatelo tú misma!
Los comentarios de mis seguidoras se amontonaban felicitándonos y se alegraban por mí.
—Con esto no quiero decir que no luchemos por tener más derechos y ser más independientes, ¡esa lucha aún sigue!
, ¿de acuerdo? —bramé—. Pero no podemos calificar a todos los hombres de ser unos cerdos si solo uno nos ha lastimado.
Al igual que ellos, no pueden calificarnos a nosotras de lo mismo si una mujer les ha hecho daño.
—Eso se lo enseñé yo —añadió Adán feliz.
—Me gusta aprender de él —confesé—. Es una persona alucinante.
—Tú sí que lo eres —susurró.
—Bueno, chicas. Voy a cortar este directo ya porque se está poniendo muy empalagoso. —Reí—. Lo dejaré en el feed para que todo el mundo se entere de que ya no le declaro la guerra al amor. Prefiero disfrutarlo.
Entonces leí un comentario que me llamó la atención.
¿Ya te has enamorado de él? Tú eras la que pregonaba que no teníamos que fiarnos de los hombres y ahora, en dos días, te cuelgas de uno. Eres una hipócrita.
Solté una carcajada a antes de responderle. Sabía perfectamente lo que iba a decirle.
—No soy una hipócrita y siento que lo veas así —espeté—.
Las personas evolucionamos. Tenemos derecho a cambiar de opinión.
Me equivoqué y no me da miedo reconocerlo.
Insisto, creo que la parte de que no debemos depender de nadie es un acierto.
Aunque si a veces dependemos de amigas, familiares o pareja, no pasa nada.
Pero con el amor fui injusta porque pensaba que el amor había sido injusto conmigo.
Sin embargo, he comprendido que eso no era amor.
Mi ex no me quería, solo me utilizaba. Así que cuando he sentido lo que es que alguien se preocupe por ti de verdad, he comprendido que el amor es algo parecido y eso sí que lo quiero en mi vida.
—Joder, cariño —señaló Adán—. Eso es precioso.
—Gracias —contesté orgullosa—. Muy pronto volveré con más noticias y cambios en mi vida. Ahora me voy a disfrutar del unos días extra en Roma con el hombre más maravilloso que he conocido nunca.
Corté la conexión antes de fundirme en un ardiente beso con Adán.
—Oye, no le has respondido a la chica del comentario —señaló—. ¿Estás enamorada?
—No. —Reí—. Es muy pronto para enamorarme.
—¿No crees en los flechazos?
—No lo sé —susurré—. Creo que para enamorarse hay que conocer muchas cosas de la otra persona: lo bueno y lo malo. Sus gustos, inquietudes, aficiones y un montón de cosas más.
—Coincido contigo —celebró—. Sin embargo, voy a añadir que tú a mí me encantas.
—Y tú me vuelves loca —contesté—. Y sé, que con el tiempo, puedo enamorarme de ti.
—Entonces no perdamos el tiempo, cariño. ¡Enamorémonos!