Capítulo 18
M e sentía triste porque ya me iba a Madrid. Adán y yo estábamos en el aeropuerto, esperando a que en unos minutos pudiese embarcar.
—¿Lo has pasado bien? —Quiso saber.
—Mucho. Ha sido un fin de semana maravilloso —aseguré.
—¿De verdad? —Sonrió.
—Me has ayudado a conectar conmigo misma —revelé—. Y he hecho más veces el amor que en los últimos dos años.
Él soltó una carcajada.
—Ya sabes que septiembre es la época ideal para volver a hacer ejercicio —bromeó.
—Este mes me borro del gym porque estoy agotada. —Le seguí el juego.
—¿Vas a volver a tu papel de enemiga del amor? —preguntó nervioso.
Ahora fui yo la que soltó la carcajada.
—No. Eso ya no va conmigo —aseguré—. Este fin de semana he disfrutado mucho.
—¿Repetirías otra vez? —disparó.
—Un millón de veces más —dije convencida.
—¿Y si no te vas? —me propuso—. ¿Y si te quedas unos días más conmigo?
—Suena tentador.
—Piénsalo, cariño.
Entonces, Adán me rodeó con sus brazos.
—¿Qué tengo que pensar? —Quise saber—. Mi avión sale en unos minutos.
—Yo vuelvo a Madrid el viernes de la semana que viene —señaló—. Quédate y volvemos juntos.
—¿Y qué hago mientras?
—Podemos salir a cenar, pasear por las calles de Roma, ir a la Toscana, hacer el amor en el hotel durante horas...
—Creo que me estás convenciendo —susurré.
—¿Aún no lo estás?
—Falta una cosa —jugué.
—Dime.
—Quiero que me ayudes a algo —le pedí.
—Claro, cariño. Haré lo que quieras.