La enemiga del amor Capítulo 17
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Capítulo 17

—¿Q ué pasa? —Quiso saber Adán.

—Elena me ha mentido —solté disgustada.

—¿Quién es Elena?

—Una de mis mejores amigas y mi representante. ¡Mira! —espeté al mismo tiempo que le mostraba la pantalla de mi teléfono—. Su hermana ha subido un reel en Londres hace tres minutos.

—¿Y eso es malo por...? —preguntó él un tanto confuso.

—Porque mi amiga me dijo que no podía venir a Roma conmigo porque su hermana iba a Madrid y tenía que estar con ella —contesté—. ¡Todo era mentira!

—Quizá el vídeo lo grabó en otro momento y lo ha subido ahora, ¿no? —divagó Adán.

—Ahora salimos de dudas.

Entonces busqué el número de Elena en mi agenda y la llamé.

Mi amiga respondió al segundo tono.

—Buenos días, Naroa —contestó—. ¿Cómo estás?

—Buenos días, Elenita. —Contuve las ganas de chillarle—. Muy bien. ¿Cómo estás tú?

—Genial, cariño. ¿Qué haces?

—Estoy en la habitación del hotel —suspiré—. Acabo de despertarme. ¿Tú qué haces? ¿Cómo está tu hermana?

—También en la cama —dijo antes de bostezar—. ¿Mi hermana? Bien. Bien. ¿Por?

—No —resoplé—. Por nada. Solo para saber si estabais pasándolo bien juntas.

—Sí. Se lo está pasando muy bien —mintió—. Ya sabes que a Camila le encanta Madrid y como hace tan buen tiempo, aunque estemos en septiembre, está disfrutando mucho.

—Y en Londres también, ¿no? —solté molesta.

—¿Cómo? —Mi amiga elevó la voz.

—He visto en Instagram que está en Londres, Elena. ¡Me has mentido! —la acusé.

—¡Vale! ¡Lo admito! No estoy con mi hermana —bramó—. ¡Joder! Camila es gilipollas, ¿cómo se le ocurre subir un vídeo a las redes?

—No, hija —protesté—. Yo soy la que es gilipollas por creerte. ¿Por qué me has mentido, nena?

—Porque estoy hasta el coño de tus charlas antihombres —vomitó—. Este finde lo estoy pasando en casa de mi novio.

—¡¿Qué?! —chillé—. ¿Tienes novio?

—Sí. Lo llevo casi en secreto, pero estamos hace cuatro meses juntos —confesó—. Me daba miedo contártelo y que intentaras comerme la cabeza con tus disparatadas teorías.

—¿Pero siempre me has seguido la corriente, Elena? —sollocé.

—Para que no sospecharas que estaba conociendo a un chico y soy muy feliz con él —contestó a la defensiva—. Sé que soy tu repre, pero ya no creo en tu trabajo. Por ese motivo me quise despedir. Siento si te he decepcionado al mentirte.

—No estoy decepcionada —dije en voz baja—.

Estoy dolida contigo y conmigo. Me duele que no hayas tenido el valor de contarme algo tan bonito para ti.

Me duele que haya estado tan obsesionada por vengarme y odiando a los hombres, que mi ex que mi mejor amiga no se haya atrevido a decirme que tiene una relación que la hace feliz.

Yo soy la que lo siente, Elena. ¿Me perdonas?

Entonces mi amiga rompió a llorar.

—Claro que te perdono, Naroa. Sabes que te quiero mucho. Espero que puedas perdonarme mi mentira.

—Desde luego, nena. Yo también te quiero mucho —suspiré—. Cuando vuelva a casa tenemos que tomarnos un largo café, charlar y darle una vuelta al enfoque de nuestro negocio.

—¡Eso me encantaría, cariño! —celebró.

—Oye, ¡me alegro muchísimo de que estés conociendo a alguien y de que te haga feliz!

—Gracias. ¿Qué tal te va con Adán? —Se interesó.

—Mejor de lo que pensaba —le dije mientras observaba a mi nueva conquista—. De hecho, tengo que colgar ahora porque voy a hacer el amor con él.

—¿Cómo? ¿Que vas a hacer qué? —preguntó.

Colgué sin responder. Tenía asuntos más urgentes que atender.

Adán y yo volvimos a entregarnos al placer sin importar nada más que él y yo.