La enemiga del amor Capítulo 16
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Capítulo 16

E l domingo iba a ser nuestro último día juntos y cada vez me daba más pena separarnos. Cuando me desperté, Adán no estaba en la cama. Me incorporé para llamarlo, pero no respondió.

Entonces, abrió la puerta de la habitación y apareció con una bolsa de papel.

—Buenos días, preciosa—saludó mientras sonreía—. ¿Cómo estás?

—Buenos días —respondí, devolviéndole la sonrisa—. Pensé que te habías dado a la fuga. Ahora que veo que has vuelto, estoy mejor —bromeé.

Adán se sentó a mi lado.

—He ido a por el desayuno —confesó orgulloso—. Café y repostería italiana. ¿Qué te parece?

—¡Que huele de maravilla! —Le di un beso en la boca—. Y que es un detalle precioso.

—¿Te gustan estos detalles? —susurró.

—Me gustas tú —admití.

Estaba feliz. Por primera vez, en muchos meses, había bajado las defensas, me había quitado las corazas y estaba fenomenal. Me sentí orgullosa de mi actitud. De ser valiente ante el amor. De no dejarme llevar por la tozudez.

—Este fin de semana te ha cambiado mucho, ¿no? —dijo Adán entre risas.

—Creo que no me ha cambiado —reflexioné—. Al contrario, estos días a tu lado han conseguido recuperar a la verdadera Naroa: la que disfrutaba de todo, la que se dejaba llevar. Y, de esa forma, ha acallado a la desconfiada, a la que le rompió el corazón su ex.

—Eso es precioso, cariño.

—Pero no he olvidado lo que me pasó —admití—.

Aprendo del pasado. Y no voy a dejarme llevar al cien por cien.

Lo siento. Tengo mis ritmos y no quiero precipitarme.

Apenas te conozco, Adán. Me gustas, creo que puedo confiar en ti y que nuestra relación puede ser maravillosa.

No quiero perderme lo que pase entre nosotros y, además, quiero disfrutarlo a tope.

Sin embargo, aunque lo disfrute, iré con precaución.

—Me parece perfecto —contestó sin dejar de sonreír.

—Gracias por entenderme —susurré.

—Recuerdas que a mí me pasó algo similar a ti, ¿no? —comentó—. Estamos en el mismo punto.

—Eso se nota. Nos entendemos genial.

—¿Quién iba a decir que nuestras heridas iban a sanarse juntas? —reflexionó.

Aquel comentario me encantó. Y, ¿sabes qué? Iba a dar otro paso para sanar el pasado.

Cogí el teléfono móvil y abrí la aplicación de Instagram.

—Voy a subir una foto nuestra a las historias para que todo el mundo sepa que ya no soy la enemiga del amor. —Le hice saber—. Quiero que sepan que eres maravilloso y que estoy feliz por haberte conocido.

—¡Perfecto! —celebró Adán.

Entonces vi algo que me cabreó sobremanera. Una publicación que me enervó.

—¡Será zorra! —exclamé.