La enemiga del amor Capítulo 12
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Capítulo 12

A quella noche hicimos el amor durante horas. Fue pasional, morboso, muy placentero e inolvidable.

Jamás un hombre había invertido tanto tiempo en regalarme placer, en acariciarme con mimo, en hacerme sentir deseada.

Fue un espectáculo privado solo para dos.

Fue sexo en estado puro.

Fue delirio.

Fue divertido.

Y, sobre todo, fue el momento en el que decidí quitarme las corazas con Adán.

Iba a disfrutar de aquello, fuese lo que fuese.

Si era solo una aventura, ¡bienvenida! Si lo nuestro quedaba en una amistad rebosante de complicidad, me sentiría una privilegiada.

Pero si aquella relación nos hacía inseparables y se transformaba en amor con el tiempo, quería descubrirlo. Me lo merecía.

Después de nuestro último asalto de la noche, caímos rendidos sobre la cama.

Adán me miró mientras sonreía.

—¿Qué? —pregunté divertida.

—Me encantas.

—Y tú a mí —contesté.

—Se nota —respondió entre risas—. Llevamos más de cuatro horas follando. Sin embargo, quiero que sepas una cosa.

—Dime.

—No imaginaba que fueses así —señaló.

—¿Cómo?

—Tan espectacularmente maravillosa.