Capítulo 9
—H a sido el mejor orgasmo de mi vida —confesé a Priscila—. He alucinado.
En cuanto Adán se fue de mi habitación, llamé a mi amiga para contarle lo que había pasado.
—¡Jolín, Naro! —exclamó al otro lado de la línea—. ¡Me alegro un montón! ¿Vas a darle una oportunidad para conocerlo mejor?
—No. Seguro que es un capullo —espeté.
—¿No? ¿Entonces por qué te has acostado con él? —Quiso saber Pris.
—Primero, porque me apetecía —contesté—. Además, llevaba mucho tiempo sin follar con alguien y estaba muy excitada. Él es muy atractivo. Y, si quieres que te diga la verdad, estaba tan sólida con Elena que necesitaba gastar mi energía de rabia haciendo algo.
—Venga, Naroa, no me vaciles. —Rio mi amiga—. Has hecho el amor con él porque tenías energía de más, ¿no? Sin embargo, que ese tío te atrae sobremanera no ha tenido nada que ver —dijo con ironía.
—Una cosa que quede clara, Pris —le advertí—. No he hecho el amor con él. Me lo he follado, ¿vale?
Priscila soltó una carcajada.
—Eres incorregible.
—Y sí. Lo admito —confesé—. Me gusta. Es sexy y está muy bueno.
—Y lo has pasado de maravilla con él porque ha sido muy generoso en la cama —recapituló mi amiga.
—Así es —resoplé—. No sé qué hacer, cariño. Estoy confusa. Yo no soy de las que se dejan llevar. Y... —suspiré—. Me asusta hacerlo y que me haga daño.
—Naroa, siempre eres muy radical —dijo Priscila—.
Para ti todo es blanco o negro; y en la vida, también hay colores intermedios, ¿sabes?
No desprecies a Adán ni te enamores a primera vista, ¿entendido?
Solo dale una oportunidad para conocerlo un poco.
De esa forma, también te estarás dando una oportunidad a ti para ser más feliz.
Tiene que ser agotador ser la enemiga del amor cuando la vida con ese sentimiento es maravillosa.
Priscila tenía razón. Quizá ya era hora de evolucionar y dejar el papel de enemiga del amor. Y, tal vez, conocer a Adán era el primer paso hacia mi felicidad. ¿Me atrevería a darlo?