La enemiga del amor Capítulo 7
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Capítulo 7

C uando bajé del avión estaba muy nerviosa, no solo por la bronca que había tenido con Elena, sino por conocer a Adán. ¿Cómo sería? ¿Simpático? ¿Risueño? ¿Seductor? ¿Arrogante?

A media que iba caminando por el aeropuerto y me dirigía a la salida, vi a lo lejos a un hombre que no dejaba de mirarme mientras me sonreía.

Lo reconocí en cuanto estuve a pocos metros de él. ¡Era Adán!

El hombre era guapísimo, alto, tenía el pelo castaño y unos ojos azules deslumbrantes. Y su sonrisa, ¡uf!, era de película.

—Buenos días, Naroa —me saludó al llegar a su lado—. ¿Cómo estás? ¿Qué tal ha ido el viaje?

Sus preguntas, lejos de reconfortarme, me irritaron. Estaba enfadada con el mundo, así que no puede contenerme.

—¿Por qué has tenido esta ridícula idea de pasar un finde en Roma? —disparé.

Él se sorprendió ante mi desfachatez, pero enseguida recuperó la compostura.

—Para que descubras que...

—Ya, ya, ya —lo interrumpí—. Que todos los hombres no sois odiosos.

—¿Estás bien? —Se interesó.

—¡No! —estallé—. Este plan no me gusta, acabo de discutir con una de mis mejores amigas y tú, además de ser muy atractivo, eres muy amable conmigo y eso me irrita.

Adán se echó a reír.

—¿Por qué? —Quiso saber.

—Porque sé que bajo esa fachada de hombre perfecto se esconde un tipo desleal, infiel y egoísta —argumenté.

— Mamma mia! —exclamó—. ¿Eso piensas sobre mí?

Le pasé mi maleta para que me la llevase él.

—No lo sé —sollocé.

—Venga, Naroa. ¿Qué piensas sobre mí?

Y entonces dije algo que ni yo misma esperaba.

—Lo único que puedo pensar ahora es en ir al hotel para follar salvajemente contigo.