Capítulo 6
P asé el resto de la semana agobiadísima, pensado en abortar el plan de Roma e inventándome excusas para contarles a mis seguidores justificando mi rajada máxima. En plan: «Este finde imparto un curso sorpresa» o «No me acordaba de que este fin de semana tenía otro viaje y no puedo ir a Roma».
Sin embargo, Pris y Elena se empeñaron en que no desistiese y no lo cancelé.
Así que ahí estaba yo; en el avión a punto de llegar a Roma en media hora.
Escribí a mis amigas en el chat de wasap.
Naroa
¡Os odio!
Priscila
No digas eso, ¡es muy feo!
Te lo vas a pasar en grande y, además,
para tu trabajo es un estudio de valor incalculable.
Si Adán resulta ser un impresentable,
podrás documentarlo y mantenerte firme
en tus convicciones.
Naroa
No necesito más documentación.
Todas las semanas sé de casos nuevos
en los que los hombres desprecian
a las mujeres.
Mis alumnas me lo cuentan.
Elena
¡Basta ya, Naroa!
Ya estás en el avión. No protestes más.
¡Joder! Estás yendo a Roma, no a la cárcel.
Déjate de chorradas y disfruta de la pasta italiana,
de los helados y del café, ¡qué son buenísimos allí!
Y ya de paso, te follas a un italiano
y rebajas tu nivel de ansiedad.
¡La leche! La respuesta de Elena me dejó alucinada. Entonces reflexioné: ¿tan pesada había sido estos días con el tema de Adán para que me respondiese con tanta contundencia?
Naroa
Soy un poquito intensa, ¿verdad?
Priscila
Eres precavida. No te preocupes. Te entendemos.
Elena
Te has quedado en la Edad de Piedra, cariño.
Tienes que evolucionar y, quizá,
tu escapada con Adán sea el mejor momento.
No entendía la actitud de Elena. Ella siempre había pensado como yo. ¿Qué le pasaba?
Naroa
¿Me estás vacilando, Elena?
Elena
No. Estoy invitando a que reflexiones
y refresques tus ideas.
Tal vez todos los hombres no son
tan malos como aseguras.
¡Ay, mi madre! ¿Qué me había perdido? ¿Por qué mi amiga, la segunda enemiga del amor, pensaba así? ¿Por qué había cambiado de opinión?
Naroa
¿Te ha hecho una propuesta,
alguna marca para que ahora hables bien
de los hombres?
Elena
No, hija, no.
Quiero que abras los ojos.
Solo eso.
Naroa
¡Los tengo muy abiertos, chicas!
Y más que los voy a tener ahora con
el descarado de Adán.
En parte, estoy aquí por vuestra
culpa. Así que también estoy
enfadada con vosotras.
Priscila
¿También? ¿Con quién más estás enfadada?
Naroa
¡Conmigo misma porque soy gilipollas
al meterme en este puto lío!
Y con vosotras por no frenarme,
al contrario. Por casi obligarme a venir.
Elena
Mira, guapa.
¡Madura o vete a la mierda!
Y, sobre todo, deja de responsabilizar
a los demás de tus movidas. A nosotras,
por estar allí.
Y a los hombres de todos los males del mundo.
Eso me dolió. Me dolió mucho.
Naroa
¡Elena, estás despedida!
Elena
¡Gracias! ¿Esta vez es en serio o es como
todas las veces anteriores que te has
enfadado conmigo y me has despedido,
pero después me vuelves a contratar?
Naroa
¡Te odio!
Elena
¿Sabes qué? No hace falta que me
despidas ¡me voy yo!
¡Joder! Eso no lo esperaba.
¿Qué narices le pasaba a Elena?
Naroa
¿Perdona?
Priscila
Chicas, vamos a tranquilizarnos.
Elena
Yo estoy muy tranquila. Ya le he dicho
a Naroa todo lo que pensaba.
Espero que se lo pase muy bien
en Roma; y que al volver,
si ha reflexionado, que me llame.
Naroa
No tengo nada sobre lo que reflexionar.
Elena
¡Genial!
Entonces, pasa de mí, mamarracha .