La enemiga del amor Capítulo 5
25%

Capítulo 5

C ogí mi teléfono móvil mientras Elena me animaba a grabar el reel .

—Vas a hacerlo genial —soltó mi amiga.

—Qué remedio —susurré.

Abrí la app de cámara, puse el selfie y pulse el botón de grabar.

—Buenas tardes a todas y todos —saludé—.

He visto el vídeo de Adán. He pensado mucho su propuesta.

Yo no aceptaría porque sé que todos los chicos son imbéciles.

A mí solo me han utilizado y han presumido de su estatus social.

Pero como la mayoría de vosotros queréis que le dé una oportunidad, voy a aceptarla.

—Miré a cámara con picardía—. Adán, acepto tu propuesta.

Sin embargo, voy a tomarla con la misma chulería que os pavoneáis vosotros.

O con el mismo morro que has tenido al subir tu vídeo a redes, etiquetándome y poniéndome en el compromiso de aceptar tu ridículo jueguito.

Tengo condiciones, ¿ok? A ver si las aceptas tú.

Primero, no viajaremos juntos. Me gusta estar tranquila durante el vuelo y no quiero que me des la chapa, ¿entendido?

Segundo, voy a ser muy muy superficial, así que quiero dormir en un hotel cinco estrellas con una cama muy confortable y muy alejada de la tuya.

Es decir, dormiremos en habitaciones distintas, ¿vale?

Y, por último, como la propuesta ha sido tuya: tú invitas a todo.

Si aceptas esas condiciones, este finde me voy contigo a Roma.

Paré de grabar después de soltar mi alegato. A continuación, edité el vídeo y lo subí a mi perfil de Instagram.

—Listo —me felicité.

—Está perfecto, cariño —dijo Elena, que había venido a mi casa conmigo—. Seguro que le resultan tan exageradas tus condiciones que declina la invitación.

—No creo que sea tan gilipollas de aceptarlas —añadí.

Pasé la tarde en la piscina privada de mi urbanización. Era mediados de septiembre, pero hacía mucho calor, así que Elena y yo decidimos refrescarnos en el agua, mientras marujeábamos de las influencers y tomábamos unas cervecitas.

Fui a darme un chapuzón mientras mi amiga se quedaba tomando el sol y echando un vistazo a las redes. Cuando llegué de nuevo a su lado, Elena estaba pálida.

—No me jodas, nena —bufé de mala gana—. El muy idiota ha aceptado mis condiciones.

—Exacto.

Me puso el reel de respuesta de Adán.

—Me parece perfecto, Naroa —dijo él—. Si yo propongo, yo dispongo.

Te esperaré en el aeropuerto de Roma. No te preocupes, le enviaré los billetes de avión a tu agencia de representación.

Dormiremos en habitaciones separadas en un hotelazo de cinco estrellas.

Yo te invitaré a cenar, a comer y a todo.

Y tú —rio—, tú descubrirás que estás equivocada y que los hombres somos maravillosos.

Resoplé al ver el puto vídeo.

—No me puedo creer me vaya a pasar un fin de semana completo con ese payaso —sollocé mientras me frotaba la frente con la mano.

—Oye, por lo menos, el tío es atractivo —señaló mi amiga.

—¡No empieces con las mismas chorradas que suelta Pris! —exclamé disgustada—. ¿Por qué me meto yo en estos líos?

Elena tiró de mí para que me sentase a su lado.

—Cariño, deja de ver este incidente como un problema —me recomendó—.

Seguramente Adán no te demuestre nada. Tú ya tienes las ideas muy claras.

Sin embargo, puedes ver esta escapada como una oportunidad ideal para hacer contenido para tus redes.

Cuentas con más de un millón de seguidoras que seguro que les fascina ver fotos tuyas recorriendo las preciosas calles de Italia. Y, además, el viaje te sale gratis.

«¿Gratis?», pensé abatida. «Tendré que soportar al capullo de Adán. Casi prefiero pagarme yo el viaje e irme sola», me tentó responderle. Sin embargo, no quise dramatizar más.

—Te vienes conmigo, ¿verdad? —Quise saber.

—No puedo, Naro —contestó—. Viene mi hermana de Canarias y se queda en mi casa.

Solté un bufido desesperado.

—Va a ser un finde de mierda —resoplé.

—O la mejor aventura de tu vida —intentó animarme mi amiga.

Yo lo dudaba enormemente. Iba a estar sola, en una ciudad que no era la mía, con un desconocido descarado. ¡Aquel plan era una locura! Aunque no tenía ni idea de lo mucho que aquel viaje me iba a cambiar la vida.