La elegida CAPÍTULO IX #2
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CAPÍTULO IX #2

Porque Mateo había visto estudiar a Verónica hasta el último día de su máster, dos antes de dar a luz. Había visto cómo intentaba sonreír mientras la niña lloraba durante horas.

Y también había visto a Alejandro romperse de nuevo poco a poco con una vida que creía feliz y no como era realmente.

Al principio lo llevaba con humor. Luego con agotamiento. Después con silencio.

Hasta convertirse en un hombre ausente.

-Está superado- murmuró Mateo- la niña no deja de llorar a todas horas. Lo ha destrozado.

-¿Y eso lo justifica?

-No.

Damián se pasó una mano por el pelo.

-La quiere, Mateo. Estoy seguro. Pero anoche parecía … escapando y se acostó con otra. Y eso Verónica no se lo merece. Aunque estuviera en el trato. Después de tanto tiempo…

Porque todos sabían la verdad incómoda: aquello había empezado como un acuerdo. Un trato. Una boda conveniente sin apenas conocerse. Con lo bonito solamente. Y esto era la realidad.

Y aunque en algún momento se había convertido en una familia de verdad, eso, lo hacia mucho peor.

-Piensas decírselo a Verónica?- preguntó Mateo.- porque hace meses que no tienen relaciones y duermen en habitaciones separadas por si no lo sabes. Me lo dijo Alejandro para que pudiera dormir y descansar, pero ni eso.

Damián tardo en responder.

-No lo creo. De momento voy a esperar a ver qué pasa. Pero es mi amiga y no quiero verla sufrir.

-Hablaré con Alejandro- dijo Mateo.

Y ver a Alejandro salir de ese reservado mientras Verónica seguramente intentaba dormir

a Sofía sola en el apartamento… le había removido a Damián algo por dentro imposible de callar mucho más tiempo. porque él estaba enamorado de Verónica. Y Mateo lo sabía.

-Ten cuidado, Damián.

-¿Con qué?

-Con confundir protegerla … con querer ocupar el lugar de Alejandro.

La frase cayó como un golpe, porque Mateo llevaba razón.

Pero a Mateo no le dio tiempo de hablar con Alejandro porque lo llamaron del hospital. Su abuela había sufrido un infarto y había muerto.

Aquello fue una semana más infernal si cabía. Verónica intentaba consolarlo y también la quería. Pero Alejandro no era el Alejandro que ella conoció. Su mirada no era para ella desde hacía semanas

Y lo supo, lo supo con meridiana claridad cuando ya no estaba su abuela. Era como haber jugado a las casitas. Pero la niña era de carne y hueso, real.

Sintió que allí en esa casa estorbaba. Que como le dijo, tenía, una vida.

Y la noche que Mateo llegó con él a casa, la cara de Mateo era un poema. Y sabía que nada bueno estaba por venir.

Le costó decírselo. Le costó darle el cheque. Ese chueque que ella le dio para montar la sección de videojuegos, con un 20 por ciento más.

-Quiero el divorcio Vero. Ya cumplí mi trato con mi abuela. Siento… que me ahogo. No puedo con los llantos y el olor a bebé, no estaba hecho para esto. Mi abuela me presionó.

-Y a ella se le cayeron dos lágrimas.

-Vamos- Dijo Mateo. Lo siento de verdad.

No sabía que estaba tan mal- le dijo a ella cuando entró al baño.

Tendrás ese apartamento hasta que la niña termine una carrera si quiere y una mensualidad bastante generosa para su hija por ahora no quiere verla.

Más adelante cuando no llore- dijo bajito- podrás dejarlo que la vea.

Ella cogió su cheque.

No voy a quedarme aquí, Mateo. Necesito una semana para buscar un lugar para vivir.

Está bien. Si es lo que quieres.

-Sí, este apartamento es suyo, cuando se limpie, no olerá a nada que no le guste- dijo con cierta melancolía. No me ha prometido nada, no me ha dicho que me quiere, y yo he intentado ser su amiga y cómplice y no hay amor más allá y mucho menos los últimos mese después de rechazar a mi hija.

-Vero…

-Dame el papel de la pensión que le pasará a su hija y la firmo. Esta es la cuenta, anota.

Y firmó. Era generosa. Y le dio la tarjeta que él le pasaba mensualmente.

-No quiero que me pague casa, tengo suficiente para comprarme una para mi hija y para mí.

-Lo siento Vero… de verdad.

-Lo sé Mateo.

Y al día siguiente quedó con Damián a tomar un café cerca de su oficina.

Le contó todo sin derramar una lágrima. Y él ya no quiso echar más lena al fuego.

-¿Buscas un apartamento?

-Sí, para mi hija, Lisa, la nana y meteré a un chica para limpiar. Si cambia a ver si deja de llorar. Yo también estoy agotada Damián. No tiene nada.

-¿Vas a comprarla o a alquilarla?

-Comprada.

-Mi hermano se va a Barcelona, vende uno. Su mujer ya te digo que es una diseñadora de interiores, no quiere llevarse muebles, quizá te guste. Solo dos años de uso.

-¿Y dónde vive?

-A mi lado- quizá no quieras. en la calle Princesa. Cerca del Corte Inglés.

-¿Qué más?

-Se fueron la semana pasada, pero si la venden vienen.

Entradita, cocina abierta con isla grande al salón, al lado un comedor de seis, dos sofás, sillón , muebles, un despacho grande.

Ventanales preciosos. Ya te digo que lo puso todo.

No tiene tropa de nada, eso sí. Pero puedes llamar a una decoradora que la ponga toda.

Un aseo al lado del despacho. Cuatro dormitorios, uno doble con doble baño y doble vestidor, y el resto, vestidores y baños con duchas.

-Pero eso debe ser enorme…

-Cuatrocientos metros cuadrados. Como el mío. Ella me lo decoró.

-Y lo vende en…- y le dijo el precio.

-Me lo quedo que venga de Barcelona lo antes posible. Mientras si puedo verlo…

-Deja que hable y te llamo.

-Muy bien. No miro más de momento.