La elegida CAPÍTULO VII
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CAPÍTULO VII

A la mañana siguiente cuando llegó a la empresa, reunió a Mateo y a Carlos. Se sentaron en su despacho.

-Mateo, ¿lo sabías?

-¿Qué sabía?

-Lo de Verónica, la herencia.

-Sí, pero yo no lo llevo, le aconsejé a Damián Martínez y me pidió guardarlo en secreto.

-¿Me pierdo algo?- dijo Carlos.

Y Alejandro les contó cómo iba todo y que ella hacia un máster.

-¿En serio?¿, no será cierto?- decía Carlos asombrado.

-Lo es.

-¿Más rica que tú?

-Por ahí vamos.

-Elegimos una chica discreta y sencilla.

-Lo es, pero también es rica.

-Bueno Alejandro- dijo Mateo. A mí también me sorprendió, pero es una gran mujer para lo joven que es. Lo tienes todo. Una mujer guapa, inteligente, rica.

-Ah, ah- dijo Carlos- se está enamorando.

-¿De verdad Alejandro?- dijo Mateo.

-No sé, si no me ha pasado nunca. No me apetece salir, a pesar del trato. Quiero protegerla y creo que me estoy volviendo celoso y posesivo.

Y ambos se miraron y se rieron.

-Eso es buena señal.

-¡Joder!- se levantó Alejandro.

-Pero hombre, si tienes ya treinta y cuatro años, vas a ser padre, tienes una empresa.

-Es de mi abuela, aunque según dice Verónica, que por cierto se ven los miércoles, que ella parece la nieta.- y Carlos se reía.- me va a pasar la empresa cuando ella tenga su herencia. Para el mes que viene o así.

-Sí el mes que viene, viaja a firmar. El día no lo sabe- dijo Mateo.

-Quiero ir.

-No creo que sea buena idea Alejandro. Va con Damián y dos abogados que ya están allí.

-Está bien. Casi mejor. Otra cosa…

-Dí.

-Quiere invertir en la empresa.

-¿Va a ser tu socia?

-O una inversora, prefiero ser el dueño de la empresa.

-¿Vas a ampliar lo de los videojuegos que tenías pensado?

-Exacto Mateo. Así que quiero que os pongáis manos a la obra para ver dónde ponemos la sección, si hacemos una planta más, si compro el terreno de al lado, una lista de gastos y estudio del mercado .

-Está bien, me pongo con Mateo- dijo Carlos. Y veremos dónde se ubica. Tenemos que contratar a gente para eso.

-Sí, tendremos nuestros propios videojuegos y los del mercado.

-Perfecto. Nos vamos. ¿Estás bien con ella?

-Estoy raro. Pero cuando llego tengo paz y…

-Vale, lo entendemos.

-Dejad la guasa ¿eh?

-Claro, claro…

-Os voy a despedir a los dos…

Al salir del despacho, se rieron Carlos y Mateo.

-Se está enamorando

-Eso si no lo está ya.- dijo Mateo - se equivocó de chica en el trato.

…

Un mes después, hubo tres acontecimientos importantes: Ella estaba de cuatro meses.

Iba a tener una niña.

La abuela estaba encantada y loca y ya quería preparar la habitación, pero Vero, le dijo que esperara a lo de su herencia, que iba en una semana a Jaén con el abogado y que su nieto estaba viendo la inversión de videojuegos y estudiando todo.

Cuando el ginecólogo le dijo a ellos que era una niña, miró a Alejandro y esté se emocionó porque no había niñas en su familia desde hacía generaciones. Y la abrazó al salir.

-Tenemos que pensar en un nombre Vero.

-Ya tiene nombre.

-¿Qué has pensado?

-Sofía.

-¿Se lo has dicho a mi abuela?

-No, ya se enterará cuando pongamos el nombre en la puerta de su habitación, no antes.

-No quiero que le dé un infarto- se reía Alejandro.

-Pero ¡qué bobo eres, hombre!

-¿Estás feliz?

-Estoy muy feliz. Ya se me nota.

-Estás preciosa.

-Espera y verás cuando me ponga gorda.

-¿Quieres que vaya la semana que viene a Jaén contigo?

-Prefiero que no, y no te enfades.

-No lo haré, además vas con Damián y los dos abogados que están allí.

-Sí, preparo una maleta unos días y me quedo con ellos en el mismo hotel.

-Te echaré de menos.

-Pero si van a ser cuatro días o así.

-¿Te parece poco?

-Sal como salías antes.

-No puedo hacer eso. Te he prometido ser fiel. Y no me apetece nada.

-Bueno. Déjame en casa, voy a estudiar un rato.

-Tantas cosas…

-Más haces tu, hombre.

Salió y le abrió la puerta. La abrazó, la beso…

-Toma algo.

-Que sí.

-Quizá venga tarde, estamos viendo lo de los videojuegos.

-No te preocupes.

…

La mañana del lunes comenzó extrañamente silenciosa en el piso de la Gran Vía.

Verónica Quesada seguía dormida, abrazada a la almohada de Alejandro, con una mano apoyada sobre el vientre redondeado.

Desde que supieron que sería una niña, dormía así, como protegiéndola incluso en sueños.

Alejandro de la Vega, llevaba más de veinte minutos despierto.

Mirándola.

Pensando.

Encima de la mesa, estaba el informe que Mateo le había enviado la noche anterior: “Damian Martínez confirma el viaje a Jaén el jueves. Reunión con notaría, revisión patrimonial y auditoria inicial”

Lo releyó otra vez.

Después cogió el móvil.

-¿Sí?- respondieron al tercer tono.

La voz era tranquila, demasiado tranquila.

-¿Damián Martínez?

-El mismo.

-Alejandro de la Vega.

Un pequeño silencio.

Como si el abogado ya supiera perfectamente quién era.

-Encantado.

Alejandro se apoyo en la cristalera del salón.

Madrid amanecía gris bajo él.

-Quería agradecerle que se encargue del asunto de mi mujer.

Otra pausa.

Pero esta vez más fría.

-Verónica me contrató personalmente, señor de la Vega.

-No “su mujer”. Verónica.

A Alejandro no le gustó.

-Sí, claro. Imagino que el viaje será rápido.

-Dependerá de lo que encontremos en Jaén.

-Verónica está embarazada.

-Lo sé.

La respuesta fue inmediata.

-Por eso precisamente pienso ocuparme yo mismo de todo.

Ahí algo se tensó.

O había arrogancia. Ni desafío.

Y quizá por eso molestaba más.

Alejandro miró hacia el dormitorio.

Verónica seguía dormida.

-Entiendo que la mantendrá al margen de situaciones incómodas.

-Eso tendrá que decidirlo ella.

-Silencio.

Aquella frase sí que fue un golpe directo.

Porque todo el mundo alrededor de Alejandro obedecía, negociaba o cedía.

Pero aquél hombre no.

-Muy bien, señor Martínez.

-Damián, por favor.

-Perfecto. Buen viaje entonces.

-Gracias.

Y colgó.

Alejandro permaneció inmóvil varios segundos, mirando el teléfono.

-¿Quién te cae mal a estas horas?

La voz adormilada de Verónica lo hizo girarse.

Ella había aparecido en el pasillo con una de sus camisas puestas, el pelo revuelto y una sonrisa pequeña.

Y aún así, embarazada y medio dormida, seguía pareciéndole la mujer más bonita del mundo.

-El abogado.

Ella se acercó despacio.

-¿Has hablado con Damián?

Otra vez ese nombre.

Natural. Cercano.

Como si ya hubiera confianza.

-Sí.

Verónica abrió la nevera.

-Es muy bueno.

Alejandro la observó en silencio.

-Eso dice Mateo.

-Mateo dice que es el mejor abogado mercantil de Madrid.

-Vaya.

Ella lo miró entonces divertida.

-¿Estás celoso de un abogado?

Alejandro soltó una risa seca.

-No seas ridícula.

Pero Verónica ya lo conocía un poco mejor.

Lo suficiente para ver cómo apretaba la mandíbula.

Y sonrió todavía más.

-Pues intenta no despedirlo antes de que recupere mi herencia.

-Él se acercó lentamente hasta quedar frente a ella.

-Le colocó un mechón detrás de la oreja.

-No me gusta que viajes sola.

-No voy sola. Voy con él en su coche.

Error.

Porque en cuanto lo dijo, ambos entendieron lo mismo.

Con Damián.