CAPÍTULO 44 KASDEYA #2
—Andras ya tenía sospechas, la Nectumbra era una enfermedad dormida y parecía haber vuelto con fuerza, actuando de una manera extraña.
Ahora sabemos que es por culpa del príncipe y su madre, que replicaron sus síntomas en forma de veneno.
O quién sabe si han conseguido crear una nueva enfermedad.
En ese entonces todavía lo desconocíamos, y Andras mandó en más de una ocasión a Pasha para que tuviese puesto un oído en todos los lugares en los que consiguiera entrar.
Una mañana fui al mercado con el resto de chicas a hacer la compra para el burdel y él estaba allí.
Me reconoció como aquella muchacha con la que él y Andras pasaron algunos veranos juntos y que de un día para otro dejaron de ver.
De eso habían pasado años, casi era una niña cuando llegué a Argevin, pero me reconoció.
Me sorprendí muchísimo de verlo, más sabiendo de la enemistad que existía entre ambos reinos.
Coincidimos varias veces más y, al parecer, en cada una de ellas, él estaba evaluándome, descubriendo si podía confiar en mí.
Hasta que un día me contó sus sospechas y a partir de ahí no pude cerrar los ojos ante unos hechos que parecían ciertos.
La enfermedad estaba expandiéndose, cambiando, y en el fondo de mi corazón no quería creer que eso tuviese que ver con el niño que conocí en mi infancia.
Es esa última frase la que hace que gire mi cuello hacia ella con la rapidez de un latigazo.
Comienzo a ver las cosas con mayor claridad.
Casi abro la boca con sorpresa. Si lo que sospecho es verdad, no hay nada que pudiese haber hecho para cambiar las cosas.
No hay fuerza más poderosa que ese sentimiento.
Te convierte en un esclavo. Serías capaz de hacer cualquier cosa.
—Estás enamorada de Andras. ¿Él lo sabe?
No me responde, sino que sigue contándome su historia.
—Con esa información, empecé a prestar mucha más atención a todo lo que me rodeaba.
Una noche vi a un hombre extraño entrar al burdel.
Sabes tan bien como yo la clase de personas que estamos acostumbradas a ver en un sitio así, además de nuestros clientes habituales.
Ese hombre tenía las botas relucientes, un broche de oro que sujetaba los extremos de su capa, y caminaba con orgullo.
Sabía que no podía ser una casualidad, así que espié la conversación y al día siguiente me encontré con Pasha para contarle lo que había escuchado.
No sabía si sería de utilidad, si esa conversación tendría que ver más tarde con todo esto, pero sentí que debía hacerlo.
No tenía ni idea de que acabarías siendo tú la que tendría que ir a ese encargo, o que Astra y Pasha te acompañarían.
Mucho menos que todo saldría de esta forma y tendría que ver cómo te quemaban en la hoguera.
Nunca he sido una espía, solo soy una prostituta. Y lo seré siempre.
No me salen las palabras y ella parece darse cuenta, porque no me fuerza a hablar.
Se queda a mi lado, en silencio, con toda esa cascada de pelo negro volando a sus espaldas cada vez que nos sacude la brisa.
Al fin encuentro algo que decir, aunque estoy segura de que no es lo que esperaba escuchar.
Siendo sincera, yo tampoco esperaba decir esto.
—Te entiendo. —Suspiro—. Y te creo cuando dices que no esperabas que las cosas acabaran así, pero espero que tú también entiendas que me siento…
sola, traicionada. Cuando te enteraste de que sería yo quien tuviese que tomar dicho encargo, podrías haberme avisado.
Sin embargo, actuaste como si no pasara nada, como si fuese algo normal.
Eras lo más parecido a una amiga desde que perdí a Zia, y tú…
no dijiste nada. Me dejaste ir esa noche hacia algo mucho más grande de lo que podía imaginar.
Yo solo me dedico a matar borrachos, no estoy hecha para intrigas de palacio.
Soy una asesina. Nada de esto tiene sentido.
—No sabía cuáles serían tus pensamientos hacia Valyndra, si me creerías cuando te dijese que Andras no tenía nada que ver con la enfermedad que nos asola.
—Sí que tiene que ver, Noelle. Puede que no se haya dedicado a expandirla, pero es el origen.
Siento que mataran a sus padres, pero eso no le da derecho a jugar con las vidas de gente inocente de esa manera.
Tal vez tu enamoramiento infantil no te deje verlo.
Andras Berengar sigue siendo un villano.
—Si pudiese retroceder haría las cosas de forma diferente. Te lo habría dicho.
—Pero no se puede, y ahora ninguna de las dos sabrá lo que podría haber pasado si las cosas se hubiesen dado de otra manera. Ya es tarde. —La miro a los ojos—. ¿Qué ha ocurrido con las demás? ¿Shaula?
—Algunas consiguieron huir de las llamas. No vi a Shaula. No sé si logró salir antes de que Andras apareciera y nos ayudara a escapar sin ser vistas. Estoy segura de que el objetivo del príncipe era Bryn. Posiblemente para usarla contra ti y capturarte de nuevo.
—Es un monstruo. Toda su familia lo es.
—Siento lo que te han hecho, Kasdeya.
Y esta vez creo que no tiene nada que ver con los latigazos de mi espalda o mi casi ejecución pública.
A pesar de que no se lo he contado a nadie, estoy segura de que el príncipe se encargó de esparcir el rumor de cómo me habían encontrado, con tal de fortalecer su versión de los hechos.
Posiblemente todos los que están en este barco lo han oído y conocen la historia.
Sin embargo, yo sigo sin saber lo que pasó en esas horas en las que mi mente sigue en blanco.
No tengo ni un mísero recuerdo y eso está corrompiendo mi mente poco a poco, destruyéndome en las pocas horas de sueño.
Esta mañana al asearme, no podía evitar frotar con más fuerza, como si así fuese a desaparecer algo que ni siquiera yo consigo ver, pero que siento que está ahí.
—Yo también —respondo.
Tengo que tragar el sabor amargo en el fondo de mi garganta y agradezco el momento en el que Noelle me deja a solas.
Tanto ella como yo sabemos que ya nada será igual.
Nunca he sido de las que confían fácilmente y dudo que ahora sea capaz de volver a hacerlo.
Siento que poco a poco me vuelvo de piedra, que lo que me hace humana desaparece dejando atrás una criatura espantosa.
Puede que ese fuese el objetivo de los dioses desde un principio.
Convertirme en un monstruo. Uno que torture a sus humanos mientras ellos descansan.
¿Por qué si no me impedirían sentir el contacto de otra persona?
El primer paso para crear un villano es negarle el afecto.
No me doy cuenta del sollozo que escapa de mi garganta hasta que una lágrima se desliza por mi mejilla.
La aparto y pestañeo antes de que dé paso a las muchas que llevo tiempo conteniendo.
La reina sabía lo que hacía cuando decidió callarse la verdad y llevársela a la tumba.
No hay mayor tortura que el no saber. Respiro profundamente con la intención de tranquilizarme.
Decido buscar a Pasha antes de regresar a mi camarote a seguir mirando mi cuerpo en busca de alguna señal que arroje claridad a lo que sucedió.
O a lo mejor tengo suerte y Bryn vuelve antes de que caiga en esa espiral de autodestrucción.
Me dirijo al sitio por el que lo vi desaparecer la primera vez, pensando que allí es donde se encontrará el camarote en el que descansa.
A pesar de la tensión que existe entre nosotros, creo que debería comprobar que está bien y darle las gracias por traerme hasta aquí cuando mi cuerpo ya no podía correr más.
Soy consciente de que él también ha estado implicado en todo esto, así que me limitaré a expresar mi gratitud y marcharme. Si antes creía imposible una amistad, ahora mucho más. Estoy rodeada de gente que es leal a Andras, y solo a él. Es un poco desolador.
Me acerco a una puerta y veo que esta no está cerrada del todo. Estoy a punto de entrar cuando las voces que hay dentro llaman mi atención. No hago notar mi presencia, sino que me quedo fuera, escondida y conteniendo la respiración.
—Tus órdenes no han dejado de ser confusas en todo este tiempo. —La voz de Pasha es inconfundible.
—Nadie te ha pedido que las examines, solo que las cumplas.
Está claro que Andras y el que era mi falso guardia están teniendo una conversación acalorada.
—¿Y qué vas a hacer con la niña?
—¿A qué te refieres?
—Cuando la mates, ¿qué vas a hacer con la niña? Hará preguntas, Andras.
¿Qué?
No puedo creerme lo que estoy escuchando. Tiene que ser sin duda una mala pasada que me están jugando mis oídos. Mi imaginación. No puede ser que estén hablando sobre matarme tan abiertamente. Pero así es. No puede significar otra cosa.
—Tiene a Noelle.
—Quiere a Kasdeya.
—Tendrá que aprender a vivir sin ella.
Aprieto las manos con tanta fuerza que mis uñas se clavan en las palmas de mis manos, haciéndome sangre.
No me sobresalto al pensar en ello, ahora mismo no me preocupan los demás.
La parte racional de mi cerebro me dice que haga como que no he escuchado nada y desaparezca, usando la intimidad de mi camarote para pensar en una forma de actuar ahora que conozco esto.
Espera, debería recordar que es su camarote.
No debería pensar que estoy segura ahí dentro.
Da igual, lo que debo hacer es planear una forma de escapar de aquí.
El mar se siente ahora como una nueva prisión, el sentimiento de ansiedad escarba en mi pecho.