La doncella del veneno CAPÍTULO 43 KASDEYA #4
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CAPÍTULO 43 KASDEYA #4

Andras intenta sujetarme por el torso sin ejercer demasiada presión, aunque eso no impide que arrugue el rostro por el dolor.

Con el brazo que le queda libre se agarra a una cuerda y yo me trepo alrededor de su cuerpo como si mi vida dependiera de ello.

Probablemente así sea. Encuentro las fuerzas para mirar hacia arriba, donde varios hombres de la tripulación sostienen el otro extremo y tiran con fuerza.

En el rostro del rey maldito se refleja el esfuerzo, aunque no hay ni un solo signo de que el frío le esté afectando como a mí.

No puedo sentir mis pies, ni los dedos de las manos y mis dientes no dejan de castañear.

—Si querías seguir cerca de mí solo tenías que pedirlo, no tirarte por la borda. Un poco dramático para mi gusto, venenosa.

—Cá-cálla-te.

—No es esta la forma en la que me gusta ver a las mujeres temblar, la verdad.

Sé lo que está haciendo. Intenta distraerme.

Dicen que el frío es mental, ¿no? Creo que consigo poner los ojos en blanco, pues su risa sacude mi cuerpo.

Su presencia no es capaz de calentarme, el frío se me clava en el cuerpo como si tuviese lanzas atravesándome el pecho.

Escucho los gruñidos de esfuerzo y el pánico que hace acto de presencia poco a poco en todos.

La fuerza del remolino es lo bastante potente para que cada vez me parezca más imposible que salgamos los dos de aquí.

—Su-suéltame.

—Ni se te ocurra pensar en sacrificarte, Kasdeya. Vas a subir conmigo.

Y como si sus palabras fuesen algo tallado en piedra, justo en ese instante nuestros cuerpos se mueven con mayor rapidez.

Apoya el pie en un saliente del casco del barco y hace un esfuerzo sobrehumano para llevarnos a ambos a cuestas.

En cuanto estamos lo bastante cerca, varios pares de manos me agarran y tiran de mí hasta que estoy de vuelta en cubierta.

Caigo al suelo, jadeando y escupiendo las últimas bocanadas de agua que todavía llevo dentro.

El cansancio es tal que la posibilidad de quedarme aquí tirada no me parece desagradable.

Cierro los ojos, recobrando el aliento hasta que un olor que no debería ser posible distinguir dadas las circunstancias bailotea debajo de mi nariz.

—Agárrate.

Miro su mano extendida frente a mí con horror. Nunca he necesitado ayuda y tener que seguir aceptando la suya hoy es algo que me cuesta digerir. Creo que mis mejillas están al rojo vivo.

—Déjame —suspiro.

—¿Quieres quedarte ahí como una rata mojada? Está bien.

Gruño para mis adentros y logro ponerme en pie, sin su ayuda, simplemente para demostrar algo. Por ridículo que pueda parecer. Camino a paso lento, notando el agua chorreando por mi espalda. ¿Tendrá un tono rosado por la sangre? Paso por su lado, muy consciente de su sonrisa socarrona.

—Haznos un favor a todos y vete a dormir —gruño.

—Alguien tiene que tener puesto un ojo en el mar —responde como si nada—. Además, ¿no vas a darme las gracias?

Lo fulmino con la mirada a la vez que un cuervo grazna.

Nadie más que yo le presta atención al sonido del animal.

El resto está demasiado ocupado poniendo toda la distancia posible entre nosotros y el peligro que por muy poco acabo de evitar.

Alzo la vista al cielo y estoy segura de que alguno de esos cuervos a los que domina está ahora mismo sobrevolando nuestras cabezas, al acecho.

He visto una jaula vacía en su camarote, así que parece que no soy la única con una peculiar mascota. Solo que yo no me meto en su mente.

Andras capta la indirecta, sabe que no pienso darle las gracias después de todo lo que he descubierto.

Me marcho, poniendo rumbo al camarote. Giro el pomo de la puerta y encuentro a Noelle con Bryn dormida en sus brazos encima de la cama.

La presión que sentía en mi pecho se disipa y por fin puedo respirar con total tranquilidad.

No sé si se debe al hecho de haber puesto distancia entre él y yo o el comprobar que la pequeña está bien.

Noelle me mira con una mezcla de horror y remordimiento.

Leo sus intenciones mucho antes de que tenga oportunidad de abrir los labios.

Levanto la palma de mi mano para detenerla.

No tengo fuerzas para esta conversación.

Lo que acaba de pasar me ha robado hasta la última gota de energía.

Solo quiero cerrar los ojos y fingir que todo ha sido un sueño.

—Ahora no.

—Kas…

—He dicho que ahora no.

Vacila un par de segundos, pero al menos tiene la consideración de marcharse del camarote y dejarme a solas con Bryn.

Una parte de mí se pregunta si estoy actuando de forma infantil, pero no puedo evitar sentir un pinchazo entre las costillas cada vez que veo a Noelle.

Sé que ella no era conocedora de los planes del príncipe, o al menos quiero pensar que así era, pero por algún motivo, conocer su conexión con Andras me ha hecho sentir traicionada.

Pensaba que siempre había sido parte de nosotras, de las doncellas del Red Fear, sin embargo, solo era una muchacha espiando para su rey.

Claro, los burdeles siempre son hervidero de rumores.

Ahora tampoco queda nada de ese sitio.

Y empiezo a preguntarme si quedará algo de mí cuando esto acabe porque tengo el presentimiento de que esto solo acaba de empezar.