La doncella del veneno CAPÍTULO 42 KASDEYA
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CAPÍTULO 42 KASDEYA

Tengo una decena de preguntas diferentes, todas ellas agolpándose en la punta de mi lengua, pidiendo ser la primera en salir.

No obstante, al ver la extraña familiaridad de Noelle con la gente de este camarote, lo tengo claro.

La observo con detenimiento, lleva la misma capa que le vi en la plaza, con la excepción de que ahora parece ensuciada de hollín.

Sus manchas en el rostro son gemelas de las que porta Andras.

Me lamo los labios resecos antes de hablar.

—¿Qué ha pasado con las demás? ¿Shaula…?

Niega con la cabeza.

No sé cómo me hace sentir esa información.

Nuestra relación era extraña y a pesar de eso, ahora mismo siento que he perdido algo de mí, una parte importante.

Puede que una parte de mi corazón la reconozca como la única figura de autoridad que ha estado a mi lado todos estos años, una constante, como esa madre que nunca conocí.

Sé lo turbio que es eso, porque una madre de verdad no te trataría como ella lo hizo conmigo, no me hubiese expuesto de esa manera ni me habría encomendado las tareas que he realizado por años.

Supongo que mi cerebro está tan envenenado como el resto de mí.

—¿Los conoces? —pregunto.

Le lanza una mirada a Andras, que no puede ser interpretada como otra cosa que no sea lealtad.

Debo repetirme una vez más que el sentimiento de traición no es importante ahora, lo que apremia es conocer toda la información posible.

Ya habrá tiempo para lamerme las heridas cuando esté a solas. Aun así, esta situación escuece.

—Noelle nació en una de las islas bajo el reinado de Valyndra. Concretamente, aquella en la que yo pasaba los veranos de niño. Así que, respondiendo a tu pregunta, sí, nos conocemos.

Me da rabia que no sea ella la que responda a la pregunta, sino que haya dejado a su rey responder por ella.

No me mira a los ojos, los tiene clavados en el suelo.

Bryn, para su corta edad, se da cuenta de la hostilidad del ambiente y se aproxima un poco más a mí, poniendo distancia entre ellos y nosotras.

Podría correr a los brazos de Noelle, sin duda ella la quiere y la ha cuidado todo este tiempo.

Egoístamente me reconforta que la pequeña me elija a mí a sabiendas de que no soy la persona más fácil y cariñosa del mundo. No sé en qué me convierte eso.

—¿Y cuál ha sido su papel en todo esto? —pregunto con frialdad. En el camarote solo estamos él, Astra, Noelle, Bryn y yo. Kendra ha desaparecido de nuevo, probablemente para comandar este barco que no sé a dónde se dirige ni si llegará a tierra—. ¿Cuál ha sido el papel de cada uno de vosotros?

Se miran entre ellos, aunque está claro quién será el que hable. Andras respira hondo, cansado tanto físicamente como mentalmente de mis preguntas. Le pegaría un puñetazo si no fuese porque para ello tendría que soltar estas sábanas y quedar prácticamente desnuda.

—Llevaba tiempo sospechando que la familia real estaba tramando algo.

Todas esas muertes… no era posible que fuesen culpa mía.

Estaba seguro. Así que cuando Noelle y Pasha se reencontraron por casualidad una de las veces en las que él se infiltró en el reino, no dudó en informar de que había comenzado a ver movimientos extraños en el burdel.

Todo empezó a cobrar sentido una vez que te encomendaron…

—dirige la atención a la niña y después a mi rostro—. Una tarea tan especial.

—¿Eres una espía de Valyndra? —pregunto ignorándolo y centrándome en ella.

Al fin, la que creía que era mi compañera, una amiga, me mira a los ojos.

—No.

No añade nada más y yo necesito hacer otras preguntas.

—¿Cómo sabías de lo que era capaz? —sigo.

Los ojos dorados del rey viajan a Noelle, cuyas mejillas se colorean de rojo. Así que ella me vendió.

—Cuando supimos lo que se te había encargado hacer, tuve claro que alguien poderoso estaba detrás y hay poca gente que se pudiera beneficiar más de lo que ha ocurrido que la reina o el príncipe.

Keir piensa que es muy inteligente, pero no es así.

No es capaz ni de elegir él mismo a la gente que contrata, así que no me fue difícil conseguir que los elegidos fueran Astra y Pasha.

En teoría, ellos serían parte de tu tapadera, cuando realmente estaban siendo mis ojos cuando yo no podía ver.

Frunzo el ceño. Sus respuestas solo están dando paso a más y más preguntas.

—Entonces, ¿qué? ¿Me usaste para tener una forma de infiltrarte en el castillo? ¿No había una forma más sencilla de hacerlo?

—Puede ser que hubiese otra forma, pero no más rápida.

Era la oportunidad perfecta. Pasha no tardó en conocer el funcionamiento de la guardia, sus tiempos, sus puntos débiles…

—Sus labios se estiran en una de sus sonrisas maliciosas—.

Aunque tú lo descubriste bastante rápido también.

Te movías por ese castillo como si fuese tu casa.

A veces solo tenía que seguirte para deambular sin ser descubierto.

Gracias a ti he podido conseguir pruebas que de otra forma no hubiese obtenido.

El encuentro de esa noche tras matar al guardia, los pasadizos… Siempre me estuvo siguiendo.

—¿Y Astra?

Esta parece encogerse un poco, con la esperanza de desaparecer. Al menos tiene la decencia de mirarme y parecer avergonzada.

—Ser tu doncella le otorgaba la oportunidad perfecta para observar a la reina y al resto.

Siempre estaba contigo, pero sin ser lo suficientemente importante como para que los demás le prestaran atención, lo que resulta perfecto para observar los movimientos que los demás piensan que nadie ve.

Como, por ejemplo, una reina adulterando un vino.

—Lo sabías —digo casi en un susurro.

—Y te avisé, ¿no es así?

—¿No se te ocurrió ser un poco más explícito en tu advertencia?

—No me corresponde a mí cambiar tu destino, ya hice suficiente.

—¿Qué tontería es esa?

—Tu supervivencia no me beneficia en nada, querida. Considera mi pequeña advertencia un gran favor, porque no se repetirá.

—Estoy en este barco, ¿no es así? Yo diría que me has salvado.

—¿Eso crees?

Arquea una ceja perfecta y me lanza nuevamente una de esas sonrisas que me enerva.

Me da la sensación de que en sus palabras se esconde algo que ahora mismo no sé descifrar.

Me cubro el rostro con las manos, no queriendo que lea las emociones en él.

Intento respirar profundo y no perder las formas, no porque no quiera, sino porque estoy segura de que eso le causará sumo placer.

Placer del cual me niego a ser partícipe.

Se abre la puerta y creo reconocer las pisadas de Kendra.

Elijo ese momento para lanzar la pregunta más importante y dolorosa de todas.

—¿Hay alguien en este…? —Me falta el aire—. ¿Hay alguien en este maldito barco que haya sido sincero conmigo desde el principio o para todos vosotros he sido solo un puto juguete?

La pequeña me mira mordiéndose el labio y con ojos inocentes. Me doy cuenta entonces de que he maldecido en su presencia.

—Lo siento, Bryn.

Sonríe de forma leve, como queriendo decirme que no pasa nada. Miro hacia otro lado, al resto de presentes, y veo a Kendra con la mano levantada.

—¿Qué?

—Has preguntado si hay alguien que haya sido sincero contigo desde el principio. Yo. Yo lo he sido. No sabía nada de esto hasta que te encarcelaron, y entonces me buscaron para que hablara con mi padre, ver si nos ofrecía hombres y podíamos huir de aquí.

—Por cierto, ¿cómo va eso? —pregunta Andras.

Abro la boca, asombrada con su descaro. Es como si nada de lo que he dicho le importara. Claro que, ¿qué esperaba? ¿Remordimiento de una persona como él?

—Has hecho un buen trabajo dirigiendo su atención hacia la otra punta de la ciudad, de otra forma nos hubiese sido imposible salir del puerto.

—La pirata suspira—. Los guardias que se han dirigido aquí han sido rápidamente despachados por la tripulación.

En una hora estaremos en mar abierto. El rey no tiene suficientes navíos ni, mucho menos, hombres dispuestos a embarcarse en una misión suicida.

—No importan los deseos de esos hombres si recibes las órdenes directas de tu rey.

El rey maldito no aparta la mirada de Kendra, esperando a ver qué es lo siguiente que tiene que decir.

—Keir no arriesgará hombres y barcos en una misión suicida. No conocen lo suficiente el mar, por eso quería a mi padre de su lado.

—¿El capitán Chancellor ha conseguido salir? —vuelve a preguntar Andras.

—Mi padre se ha quedado atrás para ganarnos algo de tiempo. ¿Podrías… mandar a un cuervo y ver si está bien?

El rey asiente y decide entonces que esta reunión ha acabado, pues sale del camarote sin decir nada.

Le sigue Noelle, quien parece un perro faldero.

No pensaba que, de toda esta gente, a ella sería a quien más rencor le guardaría.

Ya no sirve que me diga que ese sentimiento no vale para nada, es imposible pararlo.

Astra no hace ademán de marcharse, al menos es lo suficientemente valiente para aguantar el peso de mi mirada sin rechistar.

—Bryn, ¿podrías dejarme a solas con Astra?

Mira hacia la doncella y no puedo evitar que una pequeña sonrisa tire de las comisuras de mi boca.

Parece mirar a la mujer como si ella, con escasa estatura y su cuerpo menudo, pudiese derribarla.

Eso solo hace que quiera rodearla con mis brazos y protegerla del mundo.

Sin embargo, tengo que protegerla de mí misma primero.

Niega con la cabeza.

—¿Por qué? ¿Qué ocurre? ¿Te duele algo?

—No quiero dejarte.

Siento el cosquilleo en las manos con el impulso de querer abrazarla.

—No vas a dejarme.

—Tengo miedo.

Hago que me mire a los ojos fijamente y me atrevo a apartarle un mechón rebelde del rostro. No me demoro demasiado, apartando la mano para esconderla bajo las sábanas.

—Lo sé, sé que estás asustada, pero has sido muy valiente hasta ahora. A partir de ahora vamos a estar juntas y no dejaré que te ocurra nada, ¿me crees?

Se muerde el labio y asiente levemente.

—Bien.