La doncella del veneno CAPÍTULO 37 EL CUERVO
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CAPÍTULO 37 EL CUERVO

Parece que el momento de marcharme ha llegado.

Desde que la muchacha cruzó el perímetro de palacio, he sentido a la muerte rondando por aquí.

Me he intentado engañar pensando que tal vez era ella, con esa habilidad tan especial, la que estaba trayendo a la muerte consigo.

Sin embargo, parece que más bien ha venido a reclamarla a ella.

Ya no hay nada más que pueda observar, el juego ha acabado y la doncella del veneno ha perdido.

En el fondo, siempre supe que era el curso que tenían que seguir las cosas.

Yo solo había venido movido por la curiosidad y también como una especie de titiritero que ha movido ligeramente los hilos para que sus marionetas hagan lo que quería.

Ha sido divertido. Por momentos casi he deseado que la chica sobreviviera y saliese victoriosa.

A pesar de que eso no la beneficiaría en nada. Al contrario.

Solo he podido conseguir unos breves vistazos de los rostros implicados.

Kasdeya parecía tremendamente dolida al ver al príncipe mirarla con tal odio, y este…

Oh, el príncipe dorado, qué buen actor es.

Realmente está feliz de que su padre por fin no se interponga en su camino al trono.

A lo mejor sí que está apenado, pero no por lo que el resto cree.

No creo imposible que el príncipe se haya obsesionado con la muchacha.

Al fin y al cabo, yo soy prueba viviente del gran poder que esconden esos ojos verdes.

Me han mantenido aquí mucho más tiempo del que había esperado estar. Y he hecho mucho más de lo que debería.

En realidad, su muerte siempre ha estado escrita, es un mal necesario.

Así que debería emprender el vuelo y volver a donde pertenezco, a la espera de que el ansiado milagro que llevo años esperando ocurra.

Vuelo hasta la pequeña ventana de la habitación de la doncella de cabello rubio.

Esta parece tener prisa, ya debe haber oído la noticia.

Como si pudiese sentir mi presencia, levanta la mirada hacia la ventana.

Puede que haya sido mi sombra la que la ha alertado.

—Tienes que hacer algo —dice la muchacha con rabia—. Ella no merece morir así, entre esta gente. Merece una muerte digna.

Inclino la cabeza, curioso, y entonces comprendo que la muchacha ha creado un vínculo con la asesina.

Quiero reír, pero solo sale un graznido.

Como siempre. Me está pidiendo a mí, de entre todas las opciones, que evite la muerte más necesaria.

Me despeino las alas para hacerle saber mi negativa y cuando abre la boca para replicar, la puerta se abre y aparece la corpulenta figura de su hermano.

—¡Tenemos que darnos prisa! ¡La han descubierto!

Vuelo de nuevo cambiando de escenario, y siento la necesidad de ver por última vez al objeto de mi fascinación, sin embargo, está escondida bajo tierra y ahí no hay ventanas por las que pueda observarla.

Es una de mis limitaciones. Si encontrara alguna forma de entrar, tal vez podría echar un último vistazo.

No tengo ninguna duda de que no tardarían en echarme.

Todos tienen demasiado miedo a tenerme cerca.

Todo esto es una tontería. Debería volar lejos del caos y esperar.

Mientras me alejo de palacio, no pudo evitar pensar que es una pena que las cosas tengan que acabar así, pero siempre he sabido que soy cruel y que esta vez no actuaría diferente.

O eso creía, hasta que lanzo uno de mis graznidos y doy media vuelta, bajando en picado hacia el balcón donde la princesa pirata aporrea la puerta para que la dejen salir.

Estoy seguro de que los gritos de su recién adquirida amiga la han despertado y por ende preocupado.

Puede que ella sea la gran aliada que la asesina necesita, y yo por alguna estúpida razón, parece que voy a ayudarla.