CAPÍTULO 35 KASDEYA #3
Noto el rechazo en el cuerpo de Keir, aunque debe pensar que es mejor no montar una escena en una noche como esta.
Así que asiente sin decir palabra y da un paso atrás, apretando la mandíbula y los puños.
Andras no tarda en posar una mano en mi cintura y entrelazar los dedos de la otra con los míos.
El olor a bergamota me envuelve y me digo a mí misma que no voy a permitir que lo agradable de su aroma me distraiga.
—No sé si debería felicitarte por tus inminentes nupcias. No pareces muy feliz.
Al menos ha tenido la decencia de esperar a que el príncipe esté lo suficientemente lejos como para no escucharlo. Aprieto los dientes ante la rabia de que sea capaz de leerme tan fácilmente. Eso, o no soy tan buena fingiendo como pensaba.
—Déjeme en paz.
—Así que volvemos a las formalidades… La verdad es que yo tampoco estaría contento de tener unos suegros como los suyos. No sé qué es peor, que la reina parezca dispuesta a matarla en la próxima cena o que el rey esté follándosela con la mirada.
Retengo el sonido horrorizado que escala por mi garganta ante sus palabras vulgares, aunque no lo haga tan bien como querría, pues sus labios se estiran aún más, feliz de haber conseguido una reacción.
—Y el querido príncipe dorado… ¿Qué cree que pensaría si supiese que conozco su sabor? Que mis manos sucias y llenas de pecado la han tocado.
Sabía que utilizaría lo que pasó para algo así. Seguro que entraba en sus planes desde un principio. Es un ser vil.
—Nada de eso ha ocurrido —digo entre dientes.
—Oh, así que pretende que hagamos como si nada de eso hubiera pasado. Suelo prestarme a casi cualquier juego, pero ese no me interesa en absoluto. No soy de los que se engaña a sí mismo.
—¿Qué es lo que pretende?
—¿Yo? Disfrutar de un último baile con una amiga.
—No somos amigos.
—Pensaba que escabullirse en mitad de la noche para descubrir los macabros planes de una reina loca era una forma de reforzar la amistad. Supongo que el beso fue demasiado.
Me guiña el ojo y, con maestría, nos hace girar por la pista de baile.
La atención que recibimos ahora es un poco diferente.
El mundo contiene la respiración, temerosos de lo que sea que Andras pueda hacer.
¿Temen por mí? No lo creo, seguro que más de una estaría más que feliz de verme desaparecer y ocupar mi lugar. Que lo tomen. No lo quiero.
—Deje de recordármelo.
—Estoy seguro de que su mente ya se lo recuerda suficiente.
—Que sabrás tú sobre lo que hace mi mente.
—¿Volvemos a ser amigos? Fantástico. —Giramos una vez más en la pista—. Tal vez no sepa nada sobre tu mente, pero estoy seguro de que algo así no se olvida fácilmente y se guarda en un cajón. ¿He sido tu primer beso, Kasdeya?
La arrogancia de su voz solo hace que quiera golpearlo frente a todos los invitados.
—Ya quisieras.
Deja de sujetar mi mano y baja las suyas con delicadeza por mi cintura hasta rodearla y alzarme.
Mi vestido forma un arco en el aire a la vez que nos movemos.
Mi corazón da un vuelco dentro de mi pecho y el resto de los invitados observa fascinado el despliegue de talento y elegancia del rey maldito.
Parece que se les olvida que es el que creen causante de todos sus males, aunque yo ya no esté tan segura de que sea así.
Al menos no del todo. Dejo de mirar a los demás para ver su rostro.
Sus ojos dorados ahora mismo parecen de fuego.
Nos hace girar mientras su pulgar me acaricia la cadera por encima de la ropa.
¿Estará pensando en lo que ocurrió?
Durante un minuto el resto del mundo desaparece, nada tiene sentido, solo sus ojos puestos en mí. La magia se rompe cuando mis pies tocan de nuevo el suelo.
—Soy el único que ha sobrevivido y puede contar que he probado estos labios. —Baja la vista a ellos—. ¿Quieres saber cuál es tu sabor? —Se acerca a mi oído y roza mi lóbulo al hablar—. Dulce, increíblemente dulce. Como moras silvestres estallando en mi boca. Y el resto de ti sabe igual de dulce.
Hago ademán de apartarme, pero su mano en mi cadera solo me aprieta más fuerte. Puedo sentir el calor de sus yemas clavándose en mi piel.
—Estás cruzando muchos límites, rey Andras.
—No tantos como tú, doncella del veneno. —Abro la boca y la vuelvo a cerrar. Me suelta al fin y hace un pequeño asentimiento con la cabeza—. Gracias por el baile, Kasdeya. No te pases con el vino, sería una tragedia que acabaras besando a alguien por error, ¿verdad?
Como si Keir pudiese sentir la creciente tensión, aparece junto a mí. Rodea mi cintura con el brazo y me aparta. Le miro y cuando vuelvo a centrar mi atención en el rey maldito, este ha desaparecido, dejándome más aturdida que antes.
—¿Qué ha ocurrido?
Justo en ese momento uno de los sirvientes se detiene frente a nosotros y Keir me pasa una de las copas. Me la bebo mucho más rápido de lo que debería, posiblemente como una forma de rebelarme ante Andras. No sé si me observa, espero que sí.
—Nada, le he deseado un buen viaje de vuelta a su tierra, nada más.
Por cómo frunce las cejas, no parece muy convencido.
—Ojalá no tengamos que volver a verlo.
Miro al frente por encima de mi copa vacía.
—Ojalá.
Pero algo me dice que ni siquiera el paso de Pyrothos o el mar Isernia será suficiente para mantener alejado al rey maldito de mi cabeza.