La doncella del veneno CAPÍTULO 30 KASDEYA #2
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CAPÍTULO 30 KASDEYA #2

Se aleja de la chimenea y camina hacia donde me encuentro. Deja la copa de vino que tenía en la mano junto a mí, en el escritorio. Se apoya contra los reposabrazos de mi silla y deja su rostro muy cerca del mío.

—Supongo que usted también ha aceptado su proposición.

Tal vez Astra tenga razón y este sea el momento, la oportunidad que estaba esperando.

Si le digo la verdad, si le digo que salí corriendo, ¿lo complacerá?

¿Interpretará eso como una respuesta afirmativa a su propuesta?

¿Me tomará aquí mismo? Puedo sentir la rabia irradiando de él en oleadas, y sé bien lo que un sentimiento como ese lleva a hacer a un hombre.

Dile a un hombre envidioso que no puede tener algo y entonces lo robará.

Niego, muy lentamente, y su rostro lo traiciona tan solo un segundo. Se recompone deprisa, deja salir el aire muy lentamente por la nariz y se reincorpora.

—Va a decirle que sí, se casará con mi hijo.

Abro los ojos con sorpresa y no puedo evitar que las palabras salgan de mi boca mucho más rápido de lo que proceso la información.

—Perdone majestad, pero pensaba que usted…

—Sé lo que le ronda la cabeza, muchacha.

—Las comisuras de su boca se curvan en una sonrisa con forma de guadaña y nunca mejor dicho, porque parece la mirada de alguien que promete muerte, dolor, sufrimiento—.

Como le decía, estaba dispuesto a seguir negándome hasta esta mañana.

¿Cree que su comportamiento se debía solo a lo que ha ocurrido?

No… —Chasquea la lengua—. Ha sido por usted.

¿Se ha dado cuenta de la preocupación en su cara?

¿La forma en la que la miraba? Era casi como verlo agonizar.

Así que entonces me he dado cuenta, la mejor forma de darle una lección a mi hijo, de hacerle pagar por sus ofensas, es jugando con la mujer que desea.

Con cada palabra que sale de su boca, mi sangre se va helando en mis venas. Un sudor frío baja de puntillas por mi espina dorsal. Lo que está diciendo, si es lo que creo que está sugiriendo…

—Se casará con él, Kasdeya, pero me dejará jugar con usted cuando quiera.

—Sacude la cabeza con la sonrisa aún en los labios—.

No sé cómo no lo había pensado antes. Fui muy imprudente y estúpido al pensar siquiera en hacerla mi concubina.

Su padre se hubiese sentido ofendido, sin duda.

Y encima ahora que conozco vuestro parentesco con el rey de Lendorr…

—¿Cómo…?

—He estado comunicándome por carta con su padre, Kasdeya. ¿Por qué no me había dicho que es pariente del rey? Casi cometo una estupidez por su culpa.

No sé qué me sorprende más, si todo lo que ha dicho antes de esto o que mi supuesto padre se haya comunicado con el rey. Quien sea que está detrás de todo esto, sigue respaldándome desde las sombras.

—¿Y si me niego?

No habla la prudencia, habla esa pequeña parte de mí asustada y que no desea hacerle daño al príncipe. Lo que me está proponiendo el rey es repulsivo, inmoral.

—Acabaré con toda la gente que le importa. —Finge que tener que hacer eso lo entristece—. Empezando por esa doncella de pelo rubio. Menudo susto se llevó la pobre durante el juego. Le aseguro que puedo ser más cruel.

Si me quedaba alguna duda de que tengo que acabar con esto lo antes posible, sus palabras la disipan.

Por suerte, un golpe en la puerta me da la oportunidad que estaba esperando.

En cuanto se gira, busco la herida de mi brazo y aprieto con los dedos hasta que brota una gota.

Me muerdo el interior de la mejilla para ahogar un gemido.

—¿Rey Andras? No esperaba volver a verlo hoy.

Levanto la mirada de lo que estaba haciendo.

Los ojos dorados del rey maldito se encuentran con los míos y bajan seguidamente hacia mi brazo.

Observo cómo frunce el ceño solo un segundo y después sus facciones se suavizan.

Mi cuerpo se pone rígido y estoy esperando a que haga algún comentario sobre la herida de mi brazo y de esa forma alerte al rey.

Para mi sorpresa, aparta su atención de mí y la dirige de nuevo al monarca.

No escucho lo que están hablando, demasiado concentrada en moverme con sigilo hacia la copa del rey y dejar caer unas gotas de mi sangre en el líquido de tono oscuro.

En cuanto creo que es suficiente, oculto de nuevo mi herida bajando la manga de mi vestido.

Justo a tiempo, pues tanto el rey Deimos como el rey maldito parecen ponerse cómodos dentro de la habitación.

—Esperaba que se quedara un poco más, en los próximos días tendrá lugar una gran celebración por el cumpleaños del príncipe.

—¿Cree que es adecuado que me quede a celebrarlo, dados los últimos acontecimientos? —Da un paso más en la habitación y alza las cejas con sorpresa fingida—. Oh, señorita Kasdeya, no sabía que también estaba aquí.

—Estábamos discutiendo unos asuntos sobre el príncipe, ¿no es así? —pregunta el rey.

Asiento.

—¿Cómo se encuentra? No he tenido ocasión de preguntar antes.

Se aproxima hasta que está de pie junto a mí y apoya una mano en el escritorio de forma casual.

Si algo de eso ofende al rey Deimos, no lo hace saber.

La mirada dorada y penetrante de Andras repara en mi brazo, ahora oculto, y arquea una ceja cuando ve la pequeña mancha que se está formando en la tela.

—Estoy bien, gracias por preguntar. Es usted muy amable.

—Amable es mi segundo nombre, querida. —Toma una respiración profunda y mira al rey—. Supongo que mi regreso a Valyndra puede esperar unos días más. Me quedaré a disfrutar de esa gran celebración de la que habla.

Entonces sucede algo inesperado y que para nada entraba dentro de mis cálculos. Andras agarra la copa, esa misma en la que escasos momentos antes he dejado caer gotas de mi sangre.

Mi sangre. Veneno. Muerte.

Me levanto corriendo de la silla, no lo suficientemente rápida para detenerlo. Observo con horror el movimiento de su garganta al tragar.

—¿Se encuentra bien?

Escucho la voz de Deimos a mis espaldas.

Andras apoya la copa de nuevo en la mesa. Vacía.

—Sí, sí, disculpe tengo que…

No les doy tiempo a reaccionar, salgo del despacho apresuradamente.

En cuanto Andras comience a sangrar por los orificios de su cuerpo, será cuestión de tiempo que el rey descubra que ha sido envenenado.

A lo mejor es lo suficientemente idiota para no reparar en el vino y pensar que viene de otra fuente.

No obstante, no puedo aferrarme a eso. Debería aceptar que todo esto me ha venido demasiado grande, no estoy hecha para los tejemanejes de palacio.

Shaula no me dejará regresar al Red Fear, tendré que huir de otra forma de aquí, buscarme la vida por mi cuenta.

Me apoyo en la pared después de haber avanzado un par de pasillos. No voy a dejar que el pánico me domine dos veces en el mismo día. Tengo que tener sangre fría y pensar. O eso es lo que pienso hasta que un aliento con olor a vino y cobre me roza el oído.

—Supongo que debería felicitarte, Kasdeya Vikena: vas a ser reina.

—Sin necesidad de verlo, sé que el rey maldito tiene una de sus sonrisas burlonas—.

Aunque, ¿no es demasiado pronto para intentar matar a tu futuro suegro?

Menos mal que estaba ahí para impedirlo, ¿verdad? Eres una chica muy, muy mala.

Al girarme para negar sus acusaciones, solo hay un espacio vacío.

¿Cómo demonios está vivo?

Y lo más importante, ¿cómo sabe que pretendía envenenar al rey?