La doncella del veneno CAPÍTULO 22 EL CUERVO
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CAPÍTULO 22 EL CUERVO

Mantener a la chiquilla alejada de la muerte va a ser mucho más difícil de lo que estoy dispuesto a asumir.

Tal vez debería dejarla campar a sus anchas y que encuentre aquel destino que le esté escrito.

No obstante, soy un poco egoísta y no puedo evitar querer saber cómo va a continuar la historia de la mujer de ojos verdes.

Ahora estoy observando al príncipe, el cual estoy seguro de que ha visto una sombra deslizarse por los jardines.

Es imposible que no se haya dado cuenta después de pasar tanto rato observando por la ventana.

Tal vez ha reconocido a la perfección de quién se trata y su claro interés por ella lo ha llevado a pasarlo por alto.

No lo sé con certeza, así que solo puedo hacer suposiciones.

El joven sostiene varios papeles entre sus manos.

Cada hoja parece un informe detallado sobre alguien y al vislumbrar los retratos dibujados con carboncillo de las damas de la corte, he tenido claro que se trata de informes sobre las jóvenes damas que están aquí con la esperanza de conseguir un lugar al lado del príncipe.

Por desgracia, su interés lo ha capturado la mujer que no podrá tener.

No solo porque estoy seguro de que su padre la reclamará antes, sino porque tenerla cerca sería jugar con la muerte cada día.

Sé perfectamente de lo que es capaz la chica, he visto el efecto de su sangre en ese hombre muerto en el callejón, por no hablar de la destreza que tiene con una hoja afilada en la mano.

Todavía tengo el pico manchado con la sangre de ese pobre desgraciado.

Estar cerca de ella me ha provisto de cuerpos calientes de los que alimentarme y eso es casi un manjar para los de mi especie.

Supongo que me quedaré un poco más por aquí.

El príncipe se detiene en el dibujo de Kasdeya.

Pasa sus dedos por los ángulos de su rostro y suelto un graznido que es lo más similar a una carcajada que puede salir de mí.

Al parecer no estoy equivocado al suponer que el muchacho ha quedado fascinado por ella.

Ninguno de los dos nos hemos podido resistir, aunque por motivos diferentes.

Si el pobre supiese los planes que parece ocultar…

Los humanos no llevan demasiado bien la traición.

Justo cuando me dispongo a emprender el vuelo, la reina Evara entra en los aposentos de su hijo. Haciendo gala de la fea manía humana que por desgracia he adquirido, me poso en el alféizar de la ventana con la esperanza de escuchar algo de la conversación privada.

—¿Vienes a decirme lo mismo que padre? ¿Qué debería centrar mis esfuerzos en la princesa pirata?

—Me duele mucho más de lo que piensas estar de acuerdo con él.

Hasta un idiota se daría cuenta de que la reina no es capaz de tragar a su marido por más de dos minutos.

Su mirada cerúlea se posa en lo que su hijo sostiene entre las manos y, aunque al principio su expresión parece afable, esta se transforma poco a poco cuando reconoce a la protagonista del retrato.

El color verde de los celos no le sienta bien.

—Es bonita, ¿verdad? —pregunta ella.

—Su belleza es innegable.

—También es muy inteligente.

—¿Desde cuándo ser inteligente es malo? Pensaba que te gustaba.

—No necesitas una reina inteligente, necesitas una reina sumisa, servicial, devota a ti. La inteligencia es peligrosa.

—¿Acaso tú no eres una reina inteligente?

—Y pregúntale a tu padre cómo de bien le ha ido.

La conversación ha conseguido intrigarme, pero cuando el joven está a punto de responder, llaman a la puerta.

La reina da un paso atrás y el príncipe hace pasar a quien sea que se esconde detrás.

Aparece la figura de un guardia, solo puedo ver sus brillantes ojos.

Estos están llenos de vergüenza y hasta un poco de temor.

—Alteza, ha ocurrido algo que creemos que debe saber.

—Habla.

—Han atacado a uno de los guardias en el jardín. Vengo a custodiar a la reina de regreso a sus aposentos. Le ruego que no salga, no es seguro.

De nuevo, dejo salir un graznido que esta vez llama la atención de los ocupantes de la habitación, quienes miran hacia la ventana con horror.

Al parecer cuando el castillo está siendo asolado por la enfermedad, no es buen presagio ver a uno de los míos cerca de tu ventana.

No obstante, no puedo evitar que me parezca divertido.

Creo que han encontrado el pequeño regalo que la doncella venenosa ha dejado en los jardines.