La doncella del veneno CAPÍTULO 13 KASDEYA #3
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CAPÍTULO 13 KASDEYA #3

—No es cuestión de confiar o no, se trata de sentido común ¡Esto es peligroso! ¡Eres… eres… un monstruo!

Me llevo la mano al pecho y pongo esa mirada que tantas veces me ha acercado a mi objetivo en cuanto a los hombres se refiere. No pueden evitar apiadarse de estos ojos.

No obstante, él no parece creerse mi papel de mujer delicada.

Me agarra por los hombros, ignorando por completo mis acusaciones, con una sonrisa canalla plantada en el rostro.

Me coloca justo frente a Astra, la cual se encuentra lo suficientemente alejada.

Mis manos también empiezan a temblar. El rey sigue detrás de mí y sus manos no se despegan de mi cuerpo.

De hecho, baja sus manos por mis brazos.

Se acerca a mi oído para que nadie escuche lo que sea que tiene que decir.

—Solo estoy siendo aquello que decís que soy, Kasdeya. Ahora, asegúrate de apuntar bien, si no quieres que tu vestido no sea lo único rojo que veamos en este espléndido día.

—¿Qué te hace pensar que voy a seguir tus órdenes? —rumio tan bajo que solo él puede escucharme.

—Si no lo haces, seré yo quien dispare la flecha, y debo avisarte de que siento predilección por hacer sangrar a las damas.

Se aleja de mí, dejándome sola. Me doy la vuelta y miro directamente a la familia real.

En sus rostros veo miedo, y Andras Berengar lo sabe.

Sabe que tiene a todos ellos sujetos por el cuello y no es culpa de nadie más que del rey Deimos.

Ha invitado a algo peor que un monstruo a su casa, ha traído a la muerte.

Todas las dudas que tenía sobre si lo que estaba haciendo era correcto se disipan.

Keir tenía razón: invitar a Andras ha sido un gran error.

Llena de rabia por la inacción del resto, me encaro con Astra, quien se ha colocado la manzana de color verde sobre la cabeza.

Desde aquí no alcanzo a ver bien la expresión de su rostro, pero apostaría que es una llena de miedo.

Busco a Pasha en alguna parte y lo encuentro, vaya que si lo encuentro.

Tiene los puños apretados al igual que la mandíbula, está lanzando una mirada mortífera al rey Andras, pero este parece tenerlo contenido de alguna forma.

Me pregunto si se trata de alguna de esas habilidades que el resto desconoce.

—Tranquila, Astra. No te va a pasar nada. Confianza, ¿recuerdas?

Hago todo lo que he estado haciendo hasta ahora.

Dejo que mis manos sientan el peso del arco, coloco mis pies paralelos a Astra y con la apertura a la altura de mis hombros.

Alzo el brazo sin apoyar el antebrazo en el arma y estiro la cuerda con el lado contrario, asegurándome de dejar mi hombro en horizontal.

Tiro y tiro hasta sentir el anclaje. Cierro un ojo, apunto con el dominante y espero varios latidos de mi corazón.

Si doy en el blanco, salvo la vida de Astra y gano una velada con el príncipe…

Desplazo un poco el arco; la presencia del rey Andras me ha recordado mi prioridad: acercarme al rey.

No tiempo para jugar al cortejo con el príncipe.

Suelto la cuerda a la vez que todos los presentes contienen la respiración.

Escuchamos cómo la flecha rasga el aire y justo pasa rozando la manzana; sin embargo, pasa de largo y aterriza mucho más allá, en el suelo.

Exhalo llena de alivio al ver que todo ha salido bien.

Mi doncella echa a correr, su pelo rubio moviéndose en todas direcciones y acaba rodeándome con los brazos sin recordar el peligro al que se expone.

Supongo que yo le parezco insignificante ahora mismo.

Respondo a su gesto con incomodidad, no acostumbrada a cosas así.

Me separo lo antes posible. El rey y la reina aplauden, aunque ninguno de sus aplausos va dirigido hacia mí, sino a Kendra, quien es nombrada ganadora de esta prueba.

El príncipe, por el contrario, está demasiado ocupado mirando a Andras.

Y este, a su vez no deja de mirarme a mí, con una sonrisa de suficiencia cincelada en los labios.

—No creas ni por un segundo que no sé lo que has hecho. —Se acerca hasta susurrarme en la oreja—. Si tan poco apetecible te parecía el premio, solo tenías que decirlo.

Abro la boca para soltarle todo lo que pienso sobre él, pero da media vuelta y comienza a alejarse.

Una vez más, durante escasos segundos, vuelvo a ver las sombras a su alrededor.

Estas son de un color verde tan oscuro e intenso que se asemeja al negro.

Nadie más parece darse cuenta, por lo que deben ser imaginaciones mías, fruto de la situación más que abrumadora.

—Damas y caballeros, nos vemos mañana para la segunda prueba.

No soy capaz de reaccionar. Sigo demasiado perturbada por la presencia del rey maldito como para sentir alguna emoción que no sea rabia o miedo.

Mi mirada se cruza con la de Keir y este parece observarme como si también supiese lo que he hecho.

Soy yo quien aparta la mirada primero. Busco a Astra y a Pasha, pero estos ya han desaparecido, así que hago lo mismo y me esfumo.