CAPÍTULO 9 KASDEYA #2
—¿Y no le gustan los hombres? —pregunta una voz masculina.
El rostro de Milena me dice todo lo que necesito saber por la forma en que sus mejillas se colorean de rojo y sus ojos se agrandan.
Cierro los ojos durante un segundo y luego me doy la vuelta con mi mejor sonrisa—.
No es que fuera a condenarla si no es así, me gusta considerarme una persona con la mente abierta.
Simplemente me parecería un tanto curioso su presencia en palacio, señorita…
Frente a mí se encuentra nada más ni nada menos que el príncipe Keir, con una sonrisa amplia de dientes perfectos y una copa en la mano.
Su mirada es curiosa y, como dice mi compañera, de un marrón tan brillante que parecen dos pozos de chocolate fundido.
Siguen siendo más oscuros que los de su padre, que son de un distintivo color miel.
Aun así, los del joven príncipe reflejan la juventud y bondad de las que su padre carece.
—Vikena, soy Kasdeya Vikena. — Dejo que mi voz suene algo diferente, pronuncio algunas erres más fuerte, aunque de forma casual.
Que parezca algo que no he podido controlar.
Sin previo aviso, agarra mi mano enguantada y se la lleva a los labios para besarme los nudillos.
Contengo la respiración, viendo una sonrisa divertida dibujarse en su boca.
El gesto me lleva a recordar mi encuentro con el misterioso hombre del callejón y no encuentro sentido a algo así.
¿Podría ser el…? No, tonterías. Es imposible que el príncipe sea el hombre del callejón.
Él parece un caballero y la persona misteriosa que recuerdo no tenía ni un solo hueso noble en su cuerpo—.
Y sí, me gustan los hombres, aunque mi presencia en palacio no es más que para celebrar su cumpleaños y el futuro acuerdo con Valyndra, como bien ha expuesto el rey hace un momento.
Puedo sentir el nerviosismo irradiando en oleadas de los cuerpos de mis dos compañeras, seguramente creen que mis palabras tendrán consecuencias.
Mi mascota parece opinar lo mismo, ya que desde su escondite bajo mis faldas comienza a apretar con fuerza su cuerpo alrededor de mi pantorrilla.
Supongo que no todos los días una mujer se dirige así a su alteza real.
Sin embargo, el brillo travieso en la mirada del príncipe no me hace pensar que esté ofendido; al contrario, parece que el rechazo le causa aún mayor interés.
—Que desagradable noticia, entonces. —Inclina su copa con cierta chulería—. Me habría encantado tener el placer de hablar con usted y conocerla mejor.
Me fijo con disimulo en que el rey nos observa atentamente y, para mi sorpresa, su mirada parece la de un hombre celoso.
La sonrisa falsa de mi boca se vuelve sincera cuando me doy cuenta de que los defectos del rey se extienden más allá que el de ser infiel y cobarde: también es un envidioso.
Un padre que codicia las cosas que su hijo quiere.
—¿No conoce a las personas si estas no tienen el interés de casarse con usted? —prosigo con la conversación.
Algo me dice que a Keir no le gustan las cosas fáciles y nuestra conversación está llamando la atención de quien realmente quiero.
El jadeo de Milena es inconfundible, e incluso Astra parece dar un paso en mi dirección, como si quisiera detenerme ahora mismo. La chica de pelo rizado y la de ojos tristes observan la escena sin dar crédito.
—Ahora mismo no, da igual lo que diga mi padre, todo esto solo es una excusa para lograr un matrimonio favorable para el reino. Así que no estoy buscando conocidos ni amigas, señorita Kasdeya.
—Entonces supongo que esto es un adiós, alteza.
El príncipe sonríe de oreja a oreja mientras el resto de chicas a nuestro alrededor reprimen sus reacciones.
Deja ver solo un pequeño vistazo de esa dentadura perfecta y un hoyuelo en su mejilla que lo hace parecer más joven de lo que es.
Me lanza una última mirada, bastante significativa, antes de alejarse y recorrer la sala con su mejor sonrisa plantada en el rostro.
Mi rechazo solo le causará más interés y, si estoy en lo cierto respecto a su padre, eso es lo que necesito para que el rey actúe.
Será cuestión de tiempo que venga a mí para demostrarle algo a su hijo.
Tal vez que por mucho que el pueblo lo desprecie, sigue siendo el rey y sigue estando por encima de él.
Durante unos minutos observo cómo Keir se desplaza por la habitación, presentándose ante las damas e incluso entablando conversación con ellas.
Cualquiera que tenga ojos podría darse cuenta de lo forzadas que son y del poco entusiasmo que se refleja en su cara a pesar de que cada una de las chicas no puede evitar lanzarle expresiones coquetas y mirarlo con ojos enamorados.
Hago lo mismo, moviéndome por la sala, aunque mis intenciones son distintas.
Intento conocer cada entrada y salida de este salón, a la vez que dirijo miradas furtivas hacia el rey.
Lo pillo mirando a su hijo atentamente. Las copas de vino no dejan de vaciarse en cuanto tocan sus dedos y puedo ver el ligero rubor que le cubre las mejillas.
Pasha me lanza una mirada penetrante con esos ojos grises y fríos.
Me acerco a él, confiando en que nadie encontrará extraño que hable con mi guardia personal.
Mantiene una pose erguida y profesional, lo que me hace preguntarme si esto es a lo que se dedica cuando no está planeando traicionar al reino junto a una asesina y una chiquilla de una isla remota.
—El saludo del rey ha sido interesante, ¿no crees? —Asiente, sin abrir la boca, con los ojos puestos al frente—. ¿Te has dado cuenta de la reacción del príncipe?