CAPÍTULO 6 KASDEYA
Al entrar, me sorprende encontrar tanto público.
Una chica menuda y escuálida junto a un hombre de proporciones exageradamente grandes esperan en el centro de la habitación, bajo la atenta mirada de Shaula, que no parece ser capaz de ocultar su satisfacción al verme, fiel y servicial.
Un perro bien adiestrado. O eso quiere pensar ella.
Cierro la puerta a mis espaldas y espero a ver quién de ellos será quien se explique primero.
Puedo garantizar que ninguno de los dos nuevos integrantes me es remotamente familiar.
—Kasdeya, te presento a tu compañía durante este viaje y tus cómplices en tan ardua tarea.
Clavo mis ojos rápidamente en ella, esperando que mi descontento sea más que aparente. No trabajo en equipo: no me gusta que nadie sepa de mis planes y confío en que el trabajo bien hecho es aquel que hace uno mismo. Cuando hay más personas implicadas, es más fácil que las cosas salgan mal.
—Astra será tu doncella, se encargará de ayudarte en la recámara, te acompañará durante los paseos y las fiestas que se celebren en el palacio.
Puedes confiar en ella plenamente: cualquier cosa que necesites, solo tienes que decírselo —prosigue Shaula cuando ve que ninguno va a dignarse a hablar.
Examino a la muchacha, que parece cada vez más pequeña.
Es evidente que conoce los riesgos y está muerta de miedo—.
Y este es Pasha. Será tu guardia, se encargará de velar por tu seguridad en todo momento.
Compartimos una mirada y puedo sentir emanando de él un espíritu guerrero muy fuerte.
Puede que sus manos ahora estén limpias, pero sé bien que han estado cubiertas de sangre.
Tiene la mirada de alguien que ha hecho todo lo que ha estado en su mano para sobrevivir.
Matar posiblemente sea solo una de las muchas atrocidades que ha tenido que cometer.
—Sabes que me gusta trabajar sola.
—En esta ocasión no podrá ser. Necesitas compañía, personas que respalden tu fachada.
—¿Y quién me garantiza que son leales y no me venderán a la primera de cambio?
Me da igual que estén presentes. No pienso guardarme mis opiniones. Pasha no parece muy feliz de oírlas, ya que profiere un pequeño gruñido parecido al de un animal. Le lanzo una mirada felina, retándolo a que hable.
—Son leales —es lo único que añade Shaula—, así que no tienes nada de lo que preocuparte. Si estás aquí, supongo que ya has resuelto todo lo que pudieses tener pendiente, ¿no es así?
Mordiéndome el interior de la mejilla, asiento.
La imagen de Bryn en su cama acude a mi mente como un fogonazo de luz.
Dura tan solo unos segundos, lo suficiente para recordarme que hay alguien que espera mi regreso.
Si lo que Shaula dice es cierto y el rey de Argevin es incapaz de frenar los avances del rey maldito y su enfermedad, he de hacer esto para que la gente a la que aprecio pueda tener una vida plena y feliz.
La sola idea de que la Nectumbra infecte a la pequeña me hiela la sangre. Pestañeo para librarme de dicha imagen.
—Será mejor que partáis ahora que las sombras os protegen. Mañana las puertas del palacio estarán atestadas de invitados desde bien temprano. Se espera que decenas de muchachas acudan a las celebraciones.
Nosotros tres compartimos una mirada que me hace ver que ninguno está contento con esto.
Tal vez ese punto en común nos ayude a entendernos mejor.
Pasha es el primero en salir del despacho, seguido de una Astra que aún no ha sido capaz de mirarme a los ojos.
Cuando estoy a punto de salir, Shaula me detiene.
—En dos semanas será la próxima luna nueva, ¿crees que tendré noticias tuyas para entonces?
—¿Dos semanas serán suficientes para captar la atención de un hombre que lo tiene todo?
—Te sorprendería la de hombres poderosos que han caído rendidos ante bellezas como la tuya.
Es lo más parecido a un cumplido de su parte.
Salgo de la habitación sin añadir nada más.
Vislumbro a mi nueva compañía al final del pasillo y, al ver que me aproximo, emprenden la marcha de nuevo.
Los sigo por pura inercia hasta que llegamos a una de las puertas traseras del Red Fear.
Allí nos espera un carruaje que, en un sitio como este, lleno de charcos de orina y excrementos, llama demasiado la atención.
No puedo evitar que las dudas me asalten, entre ellas la más importante, ¿quién está detrás de todo esto?
Debe ser alguien sumamente poderoso, viendo el gran despliegue de recursos que está destinando al complot.
Observo a uno de los pajes terminar de asegurar el equipaje y entonces la veo, enroscada sobre sí misma, alzando muy lentamente la cabeza, lista para lanzar un mordisco.
Justo cuando se dispone a atacar, la agarro de la cabeza, cerrándole la boca.
El muchacho abre mucho los ojos, claramente asustado y sorprendido por mi movimiento.
—Señorita, yo… no la había visto —dice con voz temblorosa—. Si quiere, puedo encargarme de ella.
La serpiente, aun nerviosa e irascible en mis manos, empieza a enroscarse en torno a mi brazo. Acaricio su cabeza con el dedo esperando a que deje de sisear con tanta furia.
—No te preocupes, es mía. Yo me encargo.
Me doy media vuelta y choco con el pecho de Pasha.
Tengo que inclinar el cuello para poder mirarlo a la cara.
Ahora que estamos más cerca puedo ver una cicatriz que cruza su ceja; no obstante, sus ojos grises no parecen haber sufrido ningún daño.
Lleva el pelo casi a la altura de los hombros y lleva los mechones más próximos a su rostro recogidos.
El tono es un marrón rojizo bastante peculiar.
Tiene el mentón fuerte y ligeramente sombreado por una barba incipiente, aunque todo esto debería darme igual.
Su descontento es más que aparente por la forma en que me mira.
—Así que no solo debemos tener cuidado de que un roce tuyo nos mate, sino que ahora también tenemos que tener cuidado con tu mascota. —Deja salir un pequeño bufido casi burlón—. Esto es fantástico.
—Siempre puedes renunciar y marcharte —replico con una sonrisa arrogante, aunque él no pueda verla.
Escruta todo mi rostro con el ceño fruncido y aparta la mirada cuando el relinche de un caballo rompe el silencio de la madrugada.
Chasquea la lengua y pone rumbo a la parte delantera, dejándome sola.
Astra ya debe estar en el interior del carruaje.
Ocupo mi asiento frente a ella, con el animal exótico jugueteando con mi pelo.
Durante la primera media hora el silencio no me molesta, pero cuando se hace más que aparente que su incomodidad, su silencio y el hecho de que contiene la respiración cada vez que hago un movimiento van a ser una constante no solo durante el viaje, sino todo el tiempo que dure esta tarea, decido ponerle fin.
—Astra, ¿verdad?
Mueve la cabeza en un movimiento tan pequeño que casi me lo pierdo.
—Te preocupa lo que soy capaz de hacer, ¿no es así?
Se muerde el labio y mira a otro lado, evitando responder. Posiblemente por temor a mi reacción.
—Es normal, supongo que mi reputación me precede.
—La serpiente se enreda por completo en mi cuerpo, dejándome libres las manos.
Las extiendo frente a ella, con los guantes de seda hasta el codo—.
Mi sudor causa quemaduras graves, por eso siempre me cubro las manos con guantes.
Con el paso de los años he aprendido a controlar mi cuerpo de una forma casi antinatural.
Aun así, a veces mi organismo se rebela y actúa como el de cualquier otro humano, es por eso que no voy a decirte que estás completamente a salvo.
Mi saliva también es peligrosa, por eso me cubro la boca, aunque se necesitan más que unas gotas para que resulte letal.
—Suspiro—. Lo que quiero decirte es que tienes todos los motivos para estar preocupada; no obstante, si vamos a trabajar juntas en esto, no puedes actuar como hasta ahora.
¿Qué pensará la corte si te ve comportarte de esta forma en mi presencia?
Se supone que eres mi doncella, una de las personas que más tiempo pasa a mi lado, deberías estar cómoda conmigo.
—Lo siento.
—No te disculpes —respondo cortante—. No eres tú quien no es normal. Pero finge que yo lo soy cuando estemos ante los demás.
El cambio en su actitud no es inmediato, aunque sí lo siento cuando al cabo de un rato su cuerpo parece dejar de estar en constante tensión.
Se relaja un poco sobre el asiento, incluso lanza alguna mirada en mi dirección.
Desde nuestra ubicación y disponiendo de estos caballos, no deberíamos tardar demasiado en llegar.
El cansancio me hace dar una breve cabezada, que es interrumpida por un bache en el camino o una orden en voz alta, no lo tengo muy claro.
Paramos y en ese momento el grandullón de ojos grises aparece frente a la ventana del carruaje.
Tanto él como mi nueva doncella parecen hablar con simplemente la mirada.
Es obvio que son bastante íntimos. Me pregunto si es solo una amistad.
—No tardaremos mucho en llegar. Te sugiero que estés más presentable.
El tono con el que me habla el que desde ahora será mi guardia no podría enervarme más aunque lo intentara. Por un momento un pensamiento retorcido y vil cruza mi mente. Sería tan fácil escupirle a la cara…
Le tiende algo a Astra, y esta no tarda mucho en acabar con el misterio. Extiende un amplio abanico de cosméticos sobre el asiento del carruaje.
—De verdad que siento lo de antes, no sé qué me ha pasado —dice Astra, tomándome por sorpresa—. Suelo ser más profesional.
Juguetea con algunas de las brochas.
—Tu cuerpo ha sentido un peligro y actúa en consecuencia.
Me sorprende con una sonrisa pequeña.
—Supongo que estás acostumbrada a esto, pero ¿no es desagradable que todo el mundo parezca a punto de orinarse en los pantalones cuando estás cerca?
—Al principio, sí. Ahora lo encuentro retorcidamente placentero.