CAPÍTULO 4 KASDEYA #2
Me dedica una mirada con la que nos comunicamos silenciosamente.
No parece que las cosas hayan ido bien. Estoy bastante segura de que hemos perdido a alguna de las chicas en la sesión de hoy.
A veces noto la envidia de las demás cuando me miran.
Más de una de ellas pensará que tener mi habilidad —por no decir maldición— es algo extraordinario; sin embargo, no son conscientes de todas las limitaciones.
A pesar de ello, puedo llegar a entender las malas miradas y los murmullos a mis espaldas.
Ellas no son tan valiosas para Shaula. Son asesinas, como yo, pero también se ven obligadas a prostituir sus cuerpos si quieren ganar algunas monedas.
Al parecer la única con el privilegio de guardarse parte de las recompensas de sus contratos soy yo.
Sospecho que es una pequeña concesión por parte de Shaula por miedo a que si no alimenta la pequeña esperanza de escapar algún día de aquí, acabaré con mi vida de alguna forma.
Puede que también sea por eso que mantiene a Bryn aquí.
Sabe que es una de las pocas cosas que me importan.
También lo único con lo que puede chantajearme.
Realmente ninguna de nosotras escapará del burdel; sin embargo, todas guardan la esperanza de ahorrar lo suficiente para escapar de este infierno.
Si ese día llega para alguna de ellas, puede que estén aún a tiempo de revertir todo el mal que le han hecho a sus cuerpos.
Yo no. Da igual que me marche, siempre llevaré el veneno circulando por mis venas. Siempre mataré.
Noelle no me confirma mis sospechas delante de Bryn. No es el momento de hablar de algo así.
—¿Y a ti cómo te ha ido?
—Solo estoy un poco mareada. —No quiere darle mayor importancia, así que coloca los brazos en jarra y mira de forma recriminatoria a la niña—.
Jovencita, ¿cómo es eso de que prefieres que sea Kas quien te lea esas historias que tanto te empeñas en escuchar antes de dormir? Me siento gravemente ofendida.
Ninguna de las dos se lo cree realmente. Noelle es de las personas más bondadosas que conozco, a veces me pregunto si hay algo que realmente la ofenda. Y lo más importante, ¿por qué me ha elegido a mí para ser su amiga? No creo que haya un ápice de bondad en mí.
—¿Y a ti? ¿Qué tal te fue anoche? —pregunta.
Compartimos una mirada significativa, ambas sabemos a lo que se refiere realmente. Vuelvo a bajarme el velo y me meto un pedazo de pan y queso en la boca.
—Todo lo bien que cabe esperar. No hubo complicaciones.
Asiente.
—Me alegra oír eso.
Se pasea por la cocina y rebusca algo en la despensa —esa que parece a punto de engullirla debido a su pequeño tamaño— antes de apoyarse frente a nosotras y darle un mordisco a una manzana.
La veo entrecerrar los ojos cuando el jugo de la fruta baña el corte que tiene en el labio.
Ese que tampoco estaba anoche antes de irme.
—¿Sabes algo de la reunión que está teniendo Shaula? —Señalo con la barbilla a Bryn—. Al parecer tiene que ser muy importante, porque ha cancelado sus lecciones.
Las lecciones que la dueña del Red Fear enseña a la pequeña para que no sea analfabeta no son por la bondad de su corazón.
Sospecho que planea usarla como a nosotras cuando sea unos cuantos años mayor teniendo en cuenta lo singular de su cabello rojo.
Un hombre siempre te dirá que lucimos mejor cuando estamos calladas, la verdad es que odian que seamos tontas.
Quieren que tengas la suficiente cultura para seguirles la conversación y alimentarles el ego por sus grandes logros.
Si supieran que su bailarina favorita puede tirarse una hora para leer una página…
Estoy segura de que Bryn es el siguiente gran proyecto de Shaula. Para entonces espero haber ahorrado lo suficiente para sacar a la niña de aquí. No pienso permitir que esas manos sucias y la crueldad del ser humano la toquen.
—No tengo ni idea. Vi llegar a un hombre encapuchado, pero nada más. Debe ser importante si llevan tanto rato conversando.
La mención del hombre encapuchado llama mi atención. ¿Será él? ¿Sabe exactamente quién soy y ha venido hasta aquí? Si es así, dudo de que sea para algo bueno. ¿Viene a delatarme frente a Shaula? ¿A airear lo poco profesional que fui? No estará nada contenta al saber que he sido descuidada.
—¿Esta noche tienes que actuar? —pregunta, sacándome de mi estado ensimismado.
—Creo que no, tendría que mirar el horario, ¿por qué?
—Tengo algo que hacer esta noche —responde haciendo especial hincapié en sus palabras—. ¿Crees que podrás ocuparte de Bryn?
La aludida levanta la cabeza de lo que sea que esté haciendo con sus dedos en el regazo y me mira con ojos muy grandes y cargados de algo parecido a la ilusión.
—Claro. No te preocupes. —Termino el último bocado del plato y me cubro los labios para ocultar una pequeña sonrisa—. Nos las apañaremos, ¿a que sí, Bryn?
—¿Me dejarás beber chocolate mientras lees?
—Como si darte azúcar antes de dormir fuese lo más sensato —protesta Noelle.
Yo no digo nada, simplemente la miro con la promesa en los ojos.
Ella lo entiende y tapa su sonrisilla traviesa con la mano.
Justo en ese momento, una de las chicas aparece en la cocina.
También tiene un aspecto enfermizo, pero no es eso lo que más llama mi atención, sino la forma acelerada con la que respira.
Revisa la habitación y se relaja cuando me ve.
—Shaula te está buscando.
—¿A mí?
Pone los ojos en blanco, y yo también lo haría ante la estupidez de mi pregunta.
—Sí, a ti. —Dedica una escueta sonrisa a Bryn al pasar por su lado, pero esta muere rápidamente al percatarse del estado de Noelle.
Es el recordatorio de que no son ajenas a la barbarie, por mucho que lleven sus cuerpos a extremos inhumanos, ellos se las ingenian para ser más fuertes e impartir su crudeza—.
Y diría que no está de buen humor, así que no la hagas esperar demasiado.
Tengo en la punta de la lengua el preguntar cuándo está de buen humor Shaula.
Porque si existen días así, he debido de perdérmelos todos.
Pero no hago ninguna pregunta y me deslizo del taburete, marchándome en silencio y rumiando en mi cabeza las sospechas que ya tengo.
En el trayecto encuentro a otras de las chicas: todas ellas parecen un poco enfermas, algo que no es del todo inusual a estas horas de la mañana.
Las primeras horas después del ritual de envenenamiento suelen ser las peores, por eso se hace ahora y no por la tarde, cuando está a punto de abrir el Red Fear.
Algunas me miran con odio y otras simplemente me tienen miedo y prefieren ignorar mi existencia.
El despacho de Shaula está situado en una de las zonas más profundas del edificio, y hay que bajar varios tramos de escaleras y girar varios pasillos.
No obstante, he estado allí tantas veces que podría llegar con los ojos cerrados.
La puerta presenta algunos arañazos por el paso de los años, la madera está astillada en la zona de la cerradura y le hace falta una buena mano de pintura.
Toco dos veces con los nudillos y espero a que responda antes de entrar.
Cabría esperar que Shaula fuese una mujer entrada en años con un aspecto maduro; no obstante, aunque sí que tiene mucha más edad de la que aparenta, su aspecto físico es envidiable.
Tiene una melena negra en la que las canas no se atreven a aparecer, una mirada azul, fría y desprovista de emociones, y una piel tan blanca que a veces me pregunto si no es una de esas criaturas fantásticas sedientas de sangre de las que hablan los libros de Bryn.
Alza los ojos cuando entro y veo las pequeñas arrugas de expresión alrededor de su mirada.
—Cierra la puerta y siéntate, Kasdeya. Tengo que hablarte de algo importante.
Nada bueno viene después de frases como esa.
Cierro la puerta y me siento, obediente.
Entrelazo mis manos enguantadas sobre el regazo y espero a que diga lo que tenga que decir.
No empieza a hablar de inmediato, sino que alarga la espera un poco más.
Es una de las cosas que más odio de ella, y es que parece disfrutar torturándonos psicológicamente.
Sabe perfectamente lo que sus palabras han provocado en mí.
Pasa un largo momento hasta que la oigo coger aire.
—Ha llegado un nuevo cliente para ti.
—¿Tan pronto? —replico, alzando la mirada hacia la suya.
Arquea una ceja como si le sorprendiese mi reacción. O simplemente me creyese estúpida.
—Tu fama te precede: no has fallado nunca a un cliente. ¿Acaso te sorprende?
—No es lo habitual, normalmente tengo más tiempo entre un encargo y otro.
—Este es un encargo especial. —Junta las manos delante de su rostro, apoyando los codos sobre la mesa. Me mira como si quisiera incrustarse en mi piel, sus ojos son dos puñales—. Te llevará mucho más tiempo del que estás acostumbrada. No podrás volver en un tiempo.
—¿Qué?
Chasquea la lengua a la vez que abre uno de los cajones de su escritorio y suelta un pequeño montón de papeles.
Solo logro descifrar un par de palabras y ella lo sabe.
La lectura no es lo mío: todo lo que sé lo he aprendido por mi cuenta, así que mis avances no es que sean extraordinarios.
Lo que alguien puede leer en un par de minutos tal vez a mí me lleve una hora descifrarlo.
—Vas a tener que infiltrarte en palacio.
Frunzo el ceño a la vez que vuelvo a bajar la mirada a los papeles, viendo lo que parece ser una invitación.
—¿Por qué tendría que infiltrarme en palacio?
—Tu objetivo está allí.