118. Una investigación adicional
Una investigación adicional
Mientras Olivia regresaba junto a su marido y Andrés se disponía a salir de la sala, las dudas se apoderaron de Paula.
Tenía la posibilidad de seguir adelante con el juicio y esperar que todas aquellas revelaciones, sumadas a la futura intervención de Alba, condujeran al jurado a declararla no culpable.
Pero ¿y si no era suficiente? ¿Y si en la deliberación los miembros del jurado acababan considerando que aquel encapuchado al que se había referido Andrés no era más que una persona que simplemente pasaba por allí?
¿Y si entendían que la misteriosa fuente de ingresos de Nacho no era relevante para lo que se estaba juzgando?
¿Y si concluían que no había una sola prueba de que alguien distinto a la acusada hubiera empuñado el arma y, apoyándose en los indicios existentes contra Alba, determinaban que era la asesina?
Obviamente, a esos ciudadanos no les atraería la idea de que el crimen pudiera quedar sin castigo.
Además, en un juicio como aquel, en el que la presión mediática era asfixiante, lo sencillo era declarar culpable a Alba.
Por eso estaba valorando tomar otro camino, intentar algo que nunca había hecho, pero que la ley preveía.
Cuando en un juicio penal se producían revelaciones o retractaciones inesperadas que alteraban de manera sustancial el objeto del proceso, cabía la posibilidad de pedir que se abriera una investigación adicional, a fin de averiguar la verdad e impedir condenas injustas.
Si lo solicitaba y el magistrado accedía a ello, la policía podría indagar sobre los interrogantes que habían surgido y Alba ya no tendría que enfrentarse a un veredicto incierto.
Al menos, no por el momento. Pero aquella medida implicaba correr algunos riesgos.
Para empezar, el juicio se suspendería mientras duraran las pesquisas y Alba tendría que continuar en prisión.
Y en el caso de que la suspensión se alargara cinco días o más, sería obligatorio disolver el jurado.
Eso supondría que, si la investigación suplementaria no llegaba a buen puerto, Alba tendría que enfrentarse a un nuevo juicio con otro jurado, empezando de cero y quizá en peores condiciones que ahora.
Paula observó a la chica, que en ese instante miraba a sus padres con el rostro contraído por el sufrimiento y la incertidumbre.
Comprendió que no había tiempo para explicarle todo aquello.
Como abogada, estaba sola. Tenía que tomar una decisión.
Una decisión de la que, pasara lo que pasase, sería la única responsable en el futuro.
Sintió que la garganta se le cerraba.
—Señoría…, la defensa solicita una instrucción suplementaria.