La doble víctima 108. El ensayo final
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108. El ensayo final

El ensayo final

Santoña

Alba se puso en pie y siguió al funcionario de prisiones. Paula ya había llegado a El Dueso y la esperaba para ensayar por última vez lo que declararía al día siguiente ante el jurado.

El hombre que la custodiaba no se caracterizaba por su locuacidad, y la chica recorrió el largo pasillo a solas con sus pensamientos.

Era imposible definir lo que sentía. En menos de veinticuatro horas se jugaba los próximos años de su vida, hasta dos décadas.

Cada vez que esa idea cruzaba su mente el corazón se le desbocaba como si fuera a escapársele del pecho, espoleado por el miedo, pero también por la esperanza, por ese pequeño haz de luz que se adivinaba en lo alto de aquel foso por el que llevaba trepando tanto tiempo.

—¡Cuervo, ni en tus mejores sueños te librarás de nosotras!

—le gritó con una carcajada estentórea la reclusa con la que se había topado la tarde anterior en la zona de los teléfonos.

Ahora estaba apoyada en un lateral del pasillo, junto a las celdas, y su voz, rasgada y arenosa, le provocó un escalofrío.

—No le hagas ni caso —le dijo el funcionario de prisiones.

Alba lo miró y murmuró un agradecimiento sin dejar de caminar.

Al entrar en el locutorio, vio a Paula de pie al otro lado del cristal de seguridad, cargada con su maletín, y tomó aire. Quedaba poco para el momento que llevaba aguardando más de un año.