La doble víctima 99. Venganza
72%

99. Venganza

Venganza

Paula aparcó frente al chalet en el que vivía Raquel Peña, en la avenida Pérez Galdós, junto a un conocido colegio concertado.

Era una vivienda unifamiliar de fachada clara, y en el acceso se erigía un portón rectangular de hierro forjado.

Al echar a andar hacia allí, Paula asomó la cabeza por encima del muro de piedra que rodeaba la propiedad y vio que en uno de los laterales de la vivienda se extendía un amplio jardín.

Apoyado en una caseta de aperos pegada al muro y con un cigarrillo colgándole de los labios, un hombre que rondaría la cincuentena jugaba con un dóberman.

Era alto, rubio y orondo, y Paula calculó que superaría los cien kilos.

La letrada se acercó al portón, llamó al timbre y aguardó.

Unos segundos después, el hombre apareció al otro lado con semblante sombrío.

—Buenas tardes. Soy Paula Soler, la abogada.

—Sí, la hemos visto por televisión. Buenas tardes. Soy Adolfo, el padre de Raquel —dijo mientras le abría—. Gracias por venir. Sígame, por favor.

Paula recorrió con él un camino empedrado que conducía a la puerta principal del chalet. Cuando llegaron allí, el hombre se detuvo y se volvió hacia ella con expresión seria.

—Verá, ni mi mujer ni yo estamos de acuerdo con esto. Siempre hemos querido que se mantuviera al margen, pero la niña está angustiada y dice que se siente mal por no haber colaborado, así que vamos a permitir que hable con usted. Aunque yo estaré delante, ¿de acuerdo?

Ella no se opuso y él la guio hasta un gran salón, donde le pidió que esperara. Regresó un par de minutos después sin el cigarrillo en la boca y acompañado por una adolescente rubia y de cuerpo robusto que la saludó con un hilo de voz.

Tomaron asiento en torno a una mesa ovalada de cristal, y Paula rompió el silencio dándoles las gracias por recibirla.

Tras un momento de vacilación, Raquel comenzó a hablar y le reconoció que, cuando encontraron el cadáver de Nacho, al principio creyó en la inocencia de su amiga, pero que poco a poco, con cada nueva información que se difundía, empezó a dudar.

Le parecía imposible que Alba hubiera hecho algo así, pero su comportamiento y las pruebas…

—Lo comprendo. Y también entiendo que no te reunieras conmigo, Raquel. Es lógico —le dijo Paula, y buscó ganarse su complicidad con una sonrisa—. Lo que no consigo entender es qué ha cambiado.

Bajo el cristal, la abogada advirtió que la joven cruzaba las piernas a la altura de los tobillos y apretaba los pies contra sí.

—Calma, hija, díselo y ya está —intervino su padre.

—Estos días he seguido el juicio —confesó Raquel—. Por las noticias. Y también a algunos youtubers que hablan de ello.

Paula asintió. Sabía que algunos influencers , con conocimientos jurídicos o sin ellos, se estaban aventurando a hacer crónicas de lo que acontecía en cada sesión y, de paso, a elaborar todo tipo de elucubraciones y teorías locas para atraer a más seguidores.

—He oído lo que usted defiende, y yo… Bueno, creo que algunos testigos han dicho que no saben por qué Nacho empezó a tratar de esa forma a Alba, ¿no es así?

Paula se limitó a guardar silencio y esperó a que continuara.

—Yo… yo también he sufrido bullying , ¿sabe?, pero lo que le pasó a Alba… eso era diferente. En plan… Nacho no lo hacía para pavonearse ante el resto. Era… era tipo…

La abogada se inclinó hacia ella y la escudriñó.

—Raquel, eso también era bullying . No lo justifiques —la contravino con cierta aspereza.

No entendía nada. ¿A dónde quería ir a parar esa chica?

—Ya, ya, no quiero decir eso. Pero… —La joven respiró hondo, como si buscara la determinación necesaria para sacar a relucir lo relevante—.

Yo… Yo no iba a su clase, ¿sabe? Y no estoy segura de si lo que voy a contarle es verdad, pero…

—Hizo otra pausa y se pasó la lengua por los labios—.

Verá, unos días después de la muerte de Nacho, uno de mis compañeros dijo algo.

Fue en el patio. Yo no estaba con él, pero lo escuché.

Dijo que, según Andrés, todo había empezado por una venganza, y que la cosa se había ido de las manos…

Paula arrugó la frente.

—¿Una venganza?

—Dijo algo sobre que Nacho se había quedado sin regalos de Navidad, y de una fiesta que no le dejaron hacer por su cumpleaños. Algo así…

Paula trató de procesar la información. Seguía sin entender nada.

Pero Raquel continuó hablando y, poco a poco, algunas piezas empezaron a encajar en su mente.