95. Sanar
Sanar
A unos metros de allí, en el juzgado de guardia, Santiago conversaba con Inés Calderón, que fumaba apoyada en el alféizar de la ventana.
—Me acabarán acusando a mí, Inés —protestó el juez.
—Que no, que el humo sale, tranquilo —respondió ella con semblante ausente.
Se hizo un silencio mientras la fiscal sacudía la ceniza.
—Te veo preocupada.
La mujer levantó las palmas de las manos.
—No me gustan las sorpresas, ya lo sabes. Y no me refiero solo al anónimo y a que ese chico no haya podido venir. Las declaraciones de los amigos han sido extrañas. No sé, me ha dado la sensación de que hay algo más.
—No me jodas, Inés. Y todas las pruebas que hay, ¿qué?
—Ya lo sé, ya lo sé —murmuró meditabunda.
—¿Cómo has visto al jurado? ¿Crees que dudan?
La fiscal se tomó unos segundos para responder.
—Es difícil saberlo. La gente intenta poner cara de póquer, como en las películas. Pero no. En mi opinión, la consideran culpable. Al menos la mayoría. La chica transmite pena, sí, y como te decía, hay algún punto poco claro, pero…
Dejó la frase a medias y se llevó el pitillo a los labios.
—Tienes que ir fuerte contra los padres —le dijo Santiago—. No dejarte nada.
Ella expulsó el humo con lentitud.
—Lo sé, pero es complicado. Antes me he cruzado con ellos y están destrozados. El otro día vi una película que hizo la madre hace un par de años y parecía otra…
—Hasta que todo esto no termine, las heridas no empezarán a sanar.
—Si es que alguna vez lo hacen…
—Es una desgracia, sí, pero murió un chico y, aunque se comportara como un hijo de puta con la acusada, merece justicia.
No puede ser que ella quede libre. Por cierto, ¿te has planteado que quizá los padres no declaren?
—inquirió de pronto—. Al ser familia de ella, pueden negarse.
Conmigo, en la instrucción, ya lo hicieron.
—Declararán —afirmó la fiscal con rotundidad—. La abogada no va a guardarse nada, se le nota. Además, ella también ha pedido esa prueba.
Santiago sopesó sus palabras.
—¿La abogada ha dejado caer lo que se supone que ocurrió la noche del crimen, según su clienta?
—No, aún no. Está claro que va a esperar hasta el último segundo. Pero, viendo el informe pericial que presentó con el escrito de defensa, me puedo imaginar por dónde irán los tiros.
El juez asintió con la cabeza. Él también lo había leído.